Enamoradas del discurso, traicionadas por la práctica

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Para quien no lo sepa, Nicaragua es un país de Centroamérica que linda al sur con Costa Rica y al norte con Honduras. También para quien no lo sepa, en el 79 tuvo lugar una insurrección popular que dio lugar a un periodo revolucionario que finalizó en 1990. Todo este tiempo el país estuvo gobernado por el Frente Sandinista de Liberación Nacional, liderado por Daniel Ortega, quien volvió al poder en el 2006, según cuentan, pactando con la iglesia y con los políticos liberales a los que había derrocado en el 79. Desde entonces continúa gobernando junto a Rosario Murillo, la mujer con la que se casó en el 78.

Este año he tenido la oportunidad de visitar Nicaragua, buscando entender lo que ha pasado en este último año y medio.

No es mi intención ofrecer un relato de Nicaragua desde mi mirada extranjera, pero no puedo evitar entender o sentir paralelismos emocionales percibidos, escuchados y sentidos durante los numerosos relatos que han compartido con nosotras las personas, que generosamente, se ofrecieron a contarnos sus percepciones y sensaciones, aun sintiendo en numerosas ocasiones que estaban corriendo peligro.

Hemos entrevistado a muchas personas relacionadas de una u otra manera con la articulación feminista. Mujeres bravas que aun habiendo hecho todo lo que estaba en su mano aun nos hablaban de sentimiento de culpa, y de no haber hecho todo lo posible. Posiblemente ese sentimiento se deba a que no habían sido encarceladas o asesinadas como tantas y tantas otras personas. También hemos podido conversar con chavales recién excarcelados que con la mirada llena de miedo incluso nos pedían consejo sobre si presentarse o no a firmar a la cárcel temiendo volver a ser internados o algo peor…

Nos han hablado de inseguridades y de miedos, de secuestros y torturas, nos han hablado de asesinatos, y de tiros en la cabeza a cargo de franco tiradores que seleccionaban a las víctimas más desprotegidas, gente pobre y oscuras (de piel) como ellxs mismxs decían. “A los chelos no nos tocan”, me llegó a reconocer una mujer nica de clase más que acomodada que nos recibió en su casa. También nos hablaron de médicxs a los que prohibían atender a los chavalos heridos y de redes de solidaridad que subvertían esta orden del gobierno para intentar salvar a lxs heridxs salvables u ofrecer casas de seguridad a miles de personas en su camino al exilio.

Por otro lado me ha conmovido enormemente los relatos de las personas, que sin estar en el Frente Sandinista, al menos en la actualidad, se desenvolvían en las altas esferas, en las que al fin y al cabo se toman las decisiones que rigen la vida de la gente. Y me conmovieron por la sensación de que hablaban de la misma situación que nos habían hablado las personas que habían puesto sus cuerpos en el conflicto pero con la frialdad que otorga no vivir las muertes en primera persona.

Pero los relatos dolorosos no solo han sido de estos últimos tiempos. Personas que en otros tiempos pertenecieron al Frente nos hablaron de matanzas a lxs indixs misquitos y a lxs negrxs del Caribe a quienes arrebataron sus tierras que fueron repartidas junto con las de los terratenientes en una Reforma Agraria en la que repartieron el territorio con escuadra y cartabón. Me han hablado de persecuciones a los pensamientos disidentes, incluidxs anarquistas y comunistas primero y feministas y ecologistas años después. Me llamó especialmente la atención la historia de una mujer que había permanecido en el Frente hasta los últimos disturbios. Durante esta última etapa su hija mayor había sido encarcelada y quien había testificado en su contra era un vecino que actuaba de paramilitar… Al preguntarle que había cambiado en el Frente la mujer afirmó que nada, que habían sido así desde el principio, pero que ella no había querido verlo, y enunció la frase que da título a este artículo: “He estado todos estos años enamorada del discurso pero me siento totalmente traicionada por la práctica…

Y vuelvo a España, y me topo con gente que tampoco quiere ver, que sigue defendiendo al Frente, quizás por el anhelo de mundo nuevo que muchxs llevamos en nuestros corazones. Pero creo que realmente esto es un error; defender regímenes autoritarios que se han apoderado de los discursos que la gente quiere o más bien necesita oír no sirve de nada. Es importante que sepamos que no es un fracaso de nuestros ideales, es simplemente que esos ideales no han sido acompañados por las prácticas. Y no puedo evitar la comparación (salvando las distancias) con la cantidad de gente que vieron en Podemos una oportunidad de democracia directa y de horizontalidad en la toma de decisiones y se han llevado una grandísima decepción. En la materialización de esos discursos vanos llenos de significantes vacíos solo había más de lo mismo…

Así que yo al menos no me pienso rendir, la democracia directa aun no ha sucedido, la autogestión y la desverticalización del poder está muy lejos de haberse materializado. Todo esto necesita tiempo, tiempos que no responden a las lógicas electorales, y trabajo colectivo de muchas que realmente estemos dispuestas a ir generando reservorios de prácticas comunitarias. Así que mientras no quede demostrado que esto realmente no es posible me niego rotundamente a que “los charlatanes” nos arrebaten nuestros inéditos posibles.