¿La revolución o será cobrada o no será?

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Mi activismo es autónomo, no afiliado a partidos políticos, no dependiente de financiación pública, nosotrxs establecemos las normas de funcionamiento bajo estructuras horizontales o tendentes a – desde luego son las estructuras más horizontales que conozco- nos basamos en las premisas de la democracia radical y hacemos uso de las metodologías que a mi modo de entender facilitan todos estos menesteres. Son pequeños “laboratorios” de prácticas comunitarias, totalmente necesarias para el futuro que nos espera.

Otra cosa es como me gano la vida, ahí si dependemos de fondos públicos, y esto me genera una especie de esquizofrenia, más y cuando me pagan por acometer proyectos sociales.

Este tema me preocupa porque cada vez más observo la confusión en la que nos hallamos unas y otros. ¿Es posible desarrollar procesos realmente críticos y aspirante a emancipadores financiados por las diferentes administraciones, sean cuales sean?

Personalmente considero que no (incluyendo la parte que me toca). Por un lado está el hecho -que cada vez considero más arraigado en el subconciente colectivo- de no morder la mano que te da de comer. Esto lo hemos presenciado a lo largo de estas décadas de gobierno del PSOE en el desmantelamiento de las secciones críticas de las asociaciones de vecinxs, o incluso en las derivas de las ONGs que se han transformado en mantenedoras de estructuras y no en perseguidoras de principios y objetivos transformadores.

¿Puede un taller de 5 días generar una revolución?, y ya si hablamos de uno de dos horas ¿Qué efectos reales tendrá?, más allá de procurar cierta información o estímulo a gentes que ya de antemano están predispuestas a temas transformadores ( y que ya me parece que tiene valor en sí)

Con estas preguntas no pretendo desacreditar, simplemente generar la reflexión acerca de lo que hacemos. ¿Nos estamos empeñando en darle más importancia de la que tienen a los proyectos que acometemos cobrando? ¿Por qué los camuflamos de revolución cuando a lo más que llega es a sensibilizar o informar? O visto de otra manera ¿por qué no describimos nuestras acciones como lo que son? Considero esencial clasificar nuestras acciones “cobradas” en función del alcance real que tienen, asumir las limitaciones, no usar “objetivos revolucionarios, emancipadores o transformadores en vano”, pienso que así seríamos más capaces de optimizar nuestras intervenciones.

Considero necesarias estas reflexiones, más y cuando estamos en el momento que estamos.

Pienso que desde los proyectos financiados hay que analizar los límites respecto a los recursos humanos necesarios y a los saberes que deben acompañarles, sobre todo si estamos hablando de proyectos a desarrollar con “la gente”, respecto a las posibilidades legislativas, respecto a las trabas que pone la burocracia preexistente.

Creo que el capitalismo y los estados capitalistas en todas sus manifestaciones se han apoderado de muchas dimensiones de la existencia humana y natural, pienso que la apropiación de los tiempos y los ritmos ha supuesto el triunfo definitivo. Parece que hemos perdido la capacidad de comprender que los procesos sociales necesitan su tiempo y pensamos que con breves intervenciones los cambios suceden, pero a la que le echamos un poco de sentido, y de capacidad crítica de evaluación vemos que las cosas no funcionan así.

Me resulta improbable la posibilidad de desarrollar acciones efectivamente transformadoras cuando las burocracias administrativas condicionan los ritmos de los procesos. Estos ritmos provocan que al menos el 50% del tiempo se empleen en la resolución de menesteres burocráticos y no en la planificación y resolución de las tareas necesaria para que los proyectos consigan el fin que van buscando, aparte de imponer unos plazos que por regla general no se corresponden con los naturales.  También reconozco que me preocupa especialmente la insistencia en hablar de transformación social desde entidades y/ o personas que no mueven un dedo sin financiación, construyendo relatos a partir de las prácticas de los proyectos autónomos, y en ocasiones ni eso, de manera que se describen propuestas que no se corresponden con la realidad de los procesos.

Puede ser verdad eso que dicen algunos compas de que en los tiempos que estamos es necesario poner en valor cualquier cosa que se haga medio decente, lo único que quizás es el momento de asumir el verdadero alcance de los proyectos que acometemos, de ser honestas, de reconocer lo mediocre como un hecho deseable en tanto realidad y de dejarnos de confeccionar trajes para el emperador que lo único que crean en la mayoría de los casos es una mayor confusión social.