RAMUCA. Redes que ponen la vida en el centro

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Este texto no deja de ser una interpretación subjetiva de lo que ha sucedido en torno a RAMUCA, agrupación de Redes de Apoyo Mutuo surgidas en Sevilla a raíz de la crisis del Coronavirus. No hablo en representación de, sino queriendo compartir vivencias, aprendizajes y retos desde mi punto de vista, compartido con otras compañeras, pero por imposibilidad coyuntural  no debatido y/o consensuado con las cientos de personas que de una manera u otra han participado en la red.

El 14 de marzo de 2020 el Gobierno decretó el estado de alarma en todo el reino de España. Ese mismo día cinco activistas nos reuníamos para ver de qué manera podíamos impulsar la creación de redes de apoyo mutuo. Estaba claro que aunque nos quisieran aisladas nos reconocemos inevitablemente  interdependientes y como tal actuamos. Los días previos ya habíamos hecho un llamamiento por las redes sociales para que activistas de otras partes del estado nos compartieran experiencias de apoyo mutuo que ya existieran o que estaban comenzando a fraguarse.

Siempre he pensado que una de las principales utilidades de los colectivos autónomos es la de ser reservorios de prácticas comunitarias. Y en esta situación se ha continuado demostrando. En apenas 24 horas teníamos lanzada una estructura virtual que permitió que numerosas personas- con acceso a la tecnología actual y conocimientos de cómo usarla- pudiéramos establecer diferentes canales de comunicación.

Si bien en la primera reunión éramos cinco personas, desde el primer momento en que se lanza RAMUCA comienza a operar la inteligencia colectiva: muchas mentes y cuerpos de buena fe que se pusieron al servicio del común para mejorar la propuesta, para incorporar herramientas útiles. Estos primeros momentos fueron realmente emocionantes. En menos de 48 horas éramos más de 500 las personas que a través de redes sociales o sistemas de comunicación instantáneas nos estábamos comunicando para prestarnos apoyo unas a otras. Se estableció un sistema bastante rudimentario para que pudiéramos ofrecer nuestro apoyo o demandar nuestras necesidades.

Mucho, muchísimo apoyo, pero ¿dónde estaban las necesidades?

Antes he comentado que nos integramos en RAMUCA persona  con “acceso a la tecnología actual y conocimientos de cómo usarla”, y aquí nos saltó a la cara el primero de los aprendizajes: la brecha digital es un hecho, y no solo respecto al acceso a los medios, sino a las herramientas que usamos. Estábamos generando un espacio buscaba el apoyo mutuo, pero que, sin embargo, estaba dejando fuera a las personas en situación más vulnerable.

Por lo tanto, desde el primer momento nos enfrentamos al reto de saltar de lo digital a lo analógico, en un momento en el que había muchas limitaciones del momento: no poder salir, no poder comunicarnos, no poder asamblearnos… Ante esta situación, y fruto de personas criadas en la militancia analógica, surgen dos ideas imprescindibles y que han sido básicas en toda esta experiencia: una, agruparnos por zonas territoriales más acotadas; y dos, elaborar carteles con los teléfonos de la gente ramuquera de cada territorio para pegarlos en los espacios que permanecían abiertos (tiendas, centros de salud, farmacias, etc.). También se estableció contacto con trabajadoras sociales, personal de centros de salud y con algunos medios de comunicación para dar a conocer a cualquier persona que necesitara apoyo que había vecinas organizándose para ello.

A partir de este momento las solicitudes de apoyo comenzaron a llegar. Se han realizado apoyo de muchos tipos: recados a personas mayores, apoyo escolar telemático, asesoría jurídica-laboral, apoyo emocional, etc. Lo que más ha ocupado la actividad de la red ha sido, sin lugar a dudas, todo lo relacionado con el acceso a recursos básicos, en especial alimentos y algún producto de higiene. Cientos de familias han acudido a RAMUCA por no disponer de los alimentos básicos.

Los servicios sociales municipales han estado saturados. Aproximadamente a la semana pusieron un teléfono no gratuito para que pudieran llamar al ayuntamiento y que estos los derivaran a los servicios sociales y estos a su vez a la Cruz Roja. Hemos atendido a familias que han estado semanas esperando la ayuda institucional. Otras a las que ni siquiera se las atendía. Hemos informado a cientos de personas que no sabían cuáles eran los cauces oficiales para solicitar estas ayudas externalizadas. No ha sido el ayuntamiento quien las ha gestionado sino que ha sido una organización externa como Cruz Roja. Un paso más hacia la privatización de otro servicio público. Además, tanto las trabajadoras de la Cruz Roja como de los servicios sociales municipales se enfrentaban a  órdenes confusas sobre la distribución de alimentos a personas en situación irregular. Resulta lamentable que en una situación como la que hemos vivido se hayan producido situaciones de desatención respecto a un derecho humano fundamental como es el de la alimentación.

Entre las múltiples tareas realizadas hemos ido elaborando informes para que todas las personas tuvieran acceso a la información. En el último ellos se puede leer que se han prestado casi 1.000 apoyos, de los cuales más de 500 han sido para hacer llegar alimentos a familias en situación desesperada. Se han gestionado más de 18000 euros mediante un sistema de donaciones ideado al efecto. El dinero se ingresaba directamente en los comercios, todos ellos de pequeño tamaño y proximidad.

Evidentemente,  no todos los territorios han funcionado igual. Ha quedado patente la segregación social y territorial existente en los barrios de Sevilla, y buena prueba de ello es como se ha producido un aumento de demanda de alimentos conforme más nos alejábamos del centro de la ciudad.

Colectivos con los que se ha trabajado

Durante la época del confinamiento hemos trabajado estrechamente con la Asociación de Solidaridad del taxi, que de manera totalmente altruista han distribuido alimentos hacia los barrios más pobres. Hermandades, Cáritas, sindicatos combativos, colectivos autónomos, asociaciones de vecinas y hasta un partido político han colaborado y se han coordinado con RAMUCA.

Lo anterior nos lleva al segundo gran aprendizaje: cuando lo que se pone en el centro es las necesidades básicas de la gente y no intereses electorialistas o de cualquier otro tipo, somos capaces de organizarnos y cooperar para resolverlas.

Y así, echando auténticas peonás, hemos pasado el confinamiento. En este sentido, y es algo que compartimos muchas, sentirnos útiles ha hecho que pasemos todo este disparate con un poco más de cordura.

En otra fase

Ahora la situación ha cambiado y estamos en otra fase, no solo de las que nos dicta el gobierno, sino de la propia actividad de RAMUCA.

La red no surge con intención asistencial, se llama de apoyo mutuo intencionadamente, aunque está claro que en una situación de emergencia hay que renunciar a los purismos. Aun así, en estos momentos, con una situación diferente, hemos decidido plantear algunos cambios, como la desaparición del grupo motor y del grupo de alimentos. Estos “órganos” han tenido sentido durante la época de confinamiento y ahora hay que abogar más por la coordinación total entre territorios.

Ahora nos enfrentamos a nuevos retos como los siguientes: cómo establecer una coordinación territorial en esta nueva circunstancia; cómo romper con la lógica asistencialista; cómo establecer estructuras organizativas horizontales entre personas que quieren seguir prestando su apoyo y personas con diferentes necesidades.

En estos días y semanas vamos a celebrar un encuentro para re-conocernos más allá de la pantallita de colores celebrarnos y agradecernos. A mediado de septiembre tenemos prevista una evaluación en la que poder extraer aprendizajes, poner en común inquietudes, posibles estrategias, etc.

Mientras tanto estamos en alianza con otros cinco colectivos de la ciudad: Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía, Oficina de Derechos Sociales, Macarena para todas y la plataforma Somos Migrantes para seguir interpelando al ayuntamiento de Sevilla y llamando a la movilización de personas y colectivos. Bajo el lema “Sevilla para todas” demandamos como mínimo lo siguiente:

  1. Reforzar los Servicios Sociales públicos de gestión municipal, no externalizados.
  2. Terminar con la burocracia administrativa que imposibilita las actuaciones sociales.
  3. Posibilitar un empadronamiento sencillo.
  4. Garantizar el acceso a la vivienda para toda la población.
  5. Ayuda de ingreso mínimo a nivel local para aquellas personas sin documentación que no pueden acceder a las otras a través del carnet de vecindad.
  6. Mediar para hacer realidad el derecho a la educación en tiempos de pandemias.
  7. Centros Cívicos públicos al servicio de la población.
  8. Presión a la Junta de Andalucía para que se aprueben y abonen los expedientes de RMISA pendientes y abrir un trámite extraordinario de urgencia eliminando todos los requisitos burocráticos absurdos y excluyentes.
  9. Presión al Gobierno Central para que el Ingreso Mínimo Vital llegue a toda la población que lo necesita.

Ya veremos cómo continúa todo esto. Por un lado nos quedamos con la solidaridad emergente ante situaciones de crisis, pero por otro lado nos enfrentamos a la desmovilización social, cuyas causas merecerían otro texto o más de uno. Mientras vemos lo que nos trae el futuro,  aquí estaremos muchas mirando de frente y poniendo todas nuestras energías al servicio del común.

Si quieres apoyar al llamamiento firma y difunde:

https://ramuca.net/firma/llamamiento/