«Esa bala fue para AndalucÃa entera», dijo la familia de Manuel José GarcÃa Caparrós, cuando recibió del Congreso los documentos clasificados sobre el asesinato de su hermano, el 4 de diciembre de 1977. A la familia GarcÃa Caparrós le mintieron hace 48 años, cuando le dijeron que su hermano habÃa muerto en un accidente de trafico. Y ha estado peleando casi medio siglo para conocer toda la verdad: quién fue el policÃa que hizo el disparo mortal, quien ordenó la brutal carga policial y dónde está la bala que le quitó la vida. Una información protegida por la Ley de Secretos Oficiales de 1968, aprobada por el mismÃsimo dictador, que aún no ha sido derogada. Algo inaceptable. ¿Por qué tanto secretismo a estas alturas? Está en juego el derecho a la información, propio de una sociedad madura y democrática.
Las hermanas GarcÃa Caparrós llevan años reivindicando este derecho, pero no con ánimo de revancha ni de rencor, sino porque es una forma de hacer justicia y ayuda a completar el cÃrculo del duelo. EstarÃa bien que la familia del agente que disparó contra el joven de 18 años, enviara un pésame a las hermanas de Caparrós, serÃa una forma de reconciliarse.
El policÃa que apretó el gatillo fue el brazo ejecutor y culpable de fanatismo, pero el máximo responsable fue el ministro Rodolfo MartÃn Villa. Por cierto, han pasado 50 años desde la muerte del dictador y MartÃn Villa todavÃa no ha declarado ante la justicia por éste y otros crÃmenes. Recordemos que el 13 de agosto de 1976, también fue asesinado el joven almeriense Javier Verdejo, tiroteado por la Guardia Civil cuando pintaba en un muro: «Pan, trabajo y…,no le dio tiempo a poner «Libertad».
A la muerte de GarcÃa Caparrós contribuyó también el presidente de la Diputación de Málaga, Francisco Cabeza, un provocador que caldeó el ambiente, cuando se negó a colgar la bandera de Blas Infante en el balcón de la corporación provincial. Otro joven, Juan Manuel Trinidad Berlanga, escaló la fachada de la Diputación para poner la verde, blanca y verde, y con esta acción audaz, se convirtió en un sÃmbolo de la lucha por la autonomÃa andaluza.
Aquel 4 de diciembre de 1977, me encontraba en Madrid estudiando periodismo. En AndalucÃa no habÃa Facultades de Ciencias de la Información y me vi obligado a emigrar, como tantos andaluces. DirigÃa un periódico que se llamaba AndalucÃa 9, por aquello de la novena provincia andaluza, y nuestro primer titular fue: «AndalucÃa 9 nace de luto». Era nuestro homenaje al joven malagueño, tiroteado por un policÃa franquista, cuando participaba en una manifestacion multitudinaria con el lema: «AndalucÃa por su autonomÃa». Un joven andaluz que salió a la calle con ilusión para reivindicar el Estatuto de AutonomÃa y no volvió a casa.
En el año 77, la dictadura se resistÃa a caer y dio a sus sicarios licencia para matar. Por entonces, era peligroso manifestarse, la policÃa franquista, conocida como «los grises», y la extrema derecha regaron con sangre las calles de Madrid. El 23 de enero, asesinaron al granadino Arturo Ruiz, cuando reclamaba «AmnistÃa y Libertad» en otra manifestación. En este caso, el pistolero no era policÃa, aunque tenÃa la complicidad de la policÃa. Conocemos su nombre: José Ignacio Fernández Guaza, un sicario de la extrema derecha, que no ha mostrado arrepentimiento y vive un exilio dorado en Buenos Aires, protegido por la policia argentina.
Al dÃa siguiente, 24 de enero, la joven Mari Luz Nájera caÃa mortalmente herida, cuando participaba en otra manifestación para protestar precisamente contra el asesinato de Arturo. La joven estudiante recibió el brutal impacto de una pelota de goma, que le disparó de cerca y a bocajarro otro policia. Y esa misma tarde, la atroz matanza de cinco abogados y militantes del Partido Comunista en Atocha. De nuevo tiroteados por la extrema derecha.
Los años 76 y 77 fueron los más sangrientos de la Transición, con tres vÃctimas andaluzas. Primero, el almeriense Javier Verdejo; unos meses después, el granadino Arturo Ruiz, y en el el histórico 4 de Diciembre, el malagueño Manuel José GarcÃa Caparrós. Éste fue el alto precio que pagó AndalucÃa en la lucha contra la dictadura y por la autonomÃa.
