Por mis muertas

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Hace unos tres años comencé un Máster sobre feminismos en Institut Interuniversitari d’Estudis de Dones i Gènere (iiEDG) titulado Máster en Estudios de Mujeres, Género y Ciudadanía. Donde participan universidadades como la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) o la Universidad de Barcelona (UB), entre otras. Poco a poco, fui sintiendo una incomodidad, o más bien una sensación de lejanía, con muchas teóricas feministas que leíamos. No era que no hablaran cosas interesantes, sino que sentía que ni mi historia de vida ni la de mujeres de mi entorno quedaban reflejadas en esos textos. ¿Qué tenía que ver “La mística de la feminidad” que hablaba de mujeres aburridas en sus casas de cristal con mi madre que no para quieta y lleva bregao lo que no hay en los escritos?

El mayor detonante de esta sensación fue cuando en una asignatura llamada “Historia de las Mujeres” me pidieron que hiciera un trabajo sobre mi madre y mis abuelas. Cuando comencé a dialogar con las mujeres que me habían criado, me di cuenta que para mí era necesario nombrar el territorio andaluz y su idiosincrasia. Pues, sin él, las historias de vida de estas mujeres de mi familia se quedaban como desarbolás, como sin raíces y sin memoria. Y fue así como tirando y tirando del hilo de las narrativas de mi madre y mi abuela, descubrí el proyecto de Mar Gallego “Como vaya yo y lo encuentre”, que me impulsó a confiar en mis sentires. A este trabajo lo titulé “Las Mujeres de Lorca” y fue el principio de un camino hacia mis entrañas.

Después de investigar sobre las mujeres de mi familia y sentir que Andalucía vertebra unas experiencias concretas que eran urgentes nombrar, decidí hacer mi TFM sobre feminismo(S) andaluz (ES). Un trabajo arduo que me interpelaba a mí directamente ya que me acogía a una forma de hacer saber dónde yo era cuestionada como investigadora. Para ello, el proyecto fue planteado como una “Investigación Activista Feminista” donde se pretendía romper con la mirada objetiva que todo lo sabe y se usaba el concepto de sujeto situado. Esto básicamente quiere decir que mi mirada hace que la investigación sea realizada y relatada desde un lugar concreto. Vamos, que no es lo mismo que mire yo a mi madre o a mis vecinas a que venga un tío de Inglaterra a nombrar lo que sentimos. Y esta investigación pretendía precisamente eso, hablar desde un lugar y de una posición parcial que ansía entrar en diálogo con otras subjetividades para generar red desde el pensamiento crítico.

Mi pregunta era ¿por qué cada vez somos más las que necesitamos nombrar Andalucía para articular nuestras reivindicaciones? Por eso mi TFM  nace  de mi cuerpo propio, de mi sentir situado, de miS fluidoS, de mi vulnerabilidad y mis miedos. De mi necesidad de encontrarme con otras posiciones, de encontrar esa parcialidad que hace la vida más rica y cuestionar ese feminismo que se cree objetivo pero que niega las experiencias de LXS OTRXS.  Todo esto sin caer en la creencia de que el feminismo andaluz es un feminismo decolonial, como mucho intentando ser aliada, casi ná. Para ello invité a una serie de subjetividades para que participaran con sus voces en este proyecto. Como producto final salió un texto de investigación (mi TFM guardado en mi disco duro esperando a ser publicado y leído, cuando me arme de valor para ello) y una femzine donde se recogen los aportes de las personas que con sus sentires me ayudaron a sacar adelante este trabajo titulado “Salorejho Majhao. Feminimo(S) Andaluz(ES) Colectivo(S)”.

Pero nombrar el mundo desde la crítica y señalar los sesgos que el propio feminismo posee genera incomodidad y recelo. Y así pasó al llegar a la defensa de mi TFM, hace ya más de cinco meses. Una de las tribunales que iba a evaluar mi trabajo, la Dra. T.T.M. (hablaré de ella así, aconsejada por mi queride amigue mayorquine, pa no exponerme más de la cuenta) desde su posición de académica burguesa sintió que su trono se tambaleaba al poner sobre la mesa la invisibilización que el feminismo hegemónico blanco burgués genera hacia otras formas de hacer saber y la violencia que esto conlleva.

Así, desde esa rabia de saberse cuestionada, atacó de la forma más soez y rastrera no solo a mi trabajo, sino a mi ser,  a les participantes y a mis ancestras. Se rió de mis muertas en mi cara. Porque mientras yo hablaba de la necesidad de nombrarnos desde Andalucía para poner en valor a nuestro linaje de mujeres, ella se reía. Literalmente, se reía burlonamente mientras la foto de mi abuela, ya muerta, era proyectada detrás de mí en una diapositiva. Menospreció los relatos de las mujeres que participaron en mi TFM por nombrar su forma de entender el feminismo desde una posición activa. Se rió, literalmente, cuando hablé de las mujeres que las personas que participaban en mi TFM habían nombrado como referentes feministas: Lola Flores, La Paquera, Fernanda y Bernarda de Utrera, Lole Montoya, nuestras madres y nuestras abuelas.  Se burló de ellas, o sea, se rió de mí y de mis muertas. Y eso pa una andaluza es tocarle mucho el coño. Me amenazó con suspenderme, porque esas mujeres carecían de rigor académico, y según ella en palabras literales: “No podían ser referentes de nada”. Negó y llegó  cuestionar a las mujeres gitanas andaluzas que con voz activa participaron en mi investigación, diciendo que no era necesario hablar de feminismo gitano ni de feminismo andaluz. Y llegó a infantilizarme de tal manera, que negó mi experiencia como investigadora, diciendo que yo no había leído mi marco teórico y que todo lo que yo había relatado en mi narrativa era fruto de mi desvarío de mujer joven. Me llegó a preguntar por qué quería yo hacer ciencia, con ese desdén que me es tan conocido que desprenden los señoritos aquí en Andalucía. Ese “¿Por qué quieres hacer ciencia?” que en realidad quiere decir: “Cállate que tú no sabes”.

En ese momento, la ansiedad me llegó desde las entrañas tambaleando lo más profundo de mis raíces. Una pena mu honda que me era conocida inundó mi cuerpo porque se repetía por los siglos de los siglos. Un sentir que me era cotidiano: la cacique señorial burguesa riéndose de una mujer de pueblo humilde, de barrio y empobrecida por este mundo capitalista. La andaluzofobia histórica impactando fuertemente contra mis carnes, como siempre. La ansiedad y la desesperación me llegaron al saberme humillada y al sentir que el silencio era mi lugar, la sumisión mi sino y la negación mi carga. Porque ella tenía el poder y yo tenía que callarme. Como siempre, la andaluza solo sirve para el baile, pero no sirve para hablar de su baile ni de ella misma. El nudo en el estómago llegó con la foto de mi madre y de mi abuela (ya muerta) proyectada tras de mí, recordando de dónde vengo, de una Andalucía que ha tenío que callarse por miedo a las represalias. Vengo de unas antepasás que han tenío que servir al cacique con la cabeza agachá. Provengo de una historia arrancada de su memoria y que cuesta que se haga recuerdo. En ese instante, me vino el dolor al sentir ese linaje y ver como en otro entorno, en un supuesto lugar de liberación feminista, el caciquismo burgués usaba las estrategias históricas de doblegación hacia las andaluzas. Y allí morí por un momento, por saberme humillada bajo las mismas dinámicas y los mismos discursos que los que humillaron a mis muertas.

Sin embargo, aquí estoy creando. Las raíces del olivo son demasiado profundas para ser arrancadas. Querida Dra. T.T.M. (y todo tu séquito que te protegió negando tu violencia epistémica y tu actitud discriminatoria hacia mi persona, mis compañeras de lucha y nuestras muertas), el silencio se ha roto. Quizá en ese momento creíste que tu odio hacia las mujeres que alzan la voz contra el despotismo del feminismo académico burgués iba a poder conmigo, que iba a poder con nosotras. Pero la medalla de la Virgen del Carmen que llevaba mi abuela el día de su muerte, y que ahora cuelga de mi cuello, me recuerda que, a pesar de todo, pese a tus intentos de callarme, ese día comenzó en cierta forma mi venganza. Una venganza que nace desde el amor más profundo a las mujeres que mecieron mi cuna. Y quién sabe, si ese día que tú intentaste humillarme con las mismas estrategias con las que los señoritos humillaban a mis muertas, mi abuela vino a susurrarme al oído todo lo que luego pude contestarte. Aunque luego llorase lo que un río no puede contener, ese día pude contestarte: “Tú nos estudias como objetos, nosotras venimos a nombrarnos como personas”. A pesar de tu intento de callarme sustentado por el silencio de la academia, aquí estoy con esta femzine sobre Feminismo(S) Andaluz(ES). Porque existimos y porque otros lugares de hacer saber son posibles fuera de las dinámicas violentas que ejerce cierto sector de la academia. A pesar de tu intento de silenciar nuestras voces que hacen tambalear tu trono (creado con las miserias de les otres), aquí estamos y estaremos nombrándonos desde nuestro sentir. A pesar de que toda la burocracia académica haya intentado protegerte, aquí estamos nosotras con los brazos bien abiertos y con el pecho pleno para nombrarnos. Aquí estamos después de tanto llanto para decirte que el feminismo andaluz desde su diversidad, sus saberes y sus contradicciones ha venido para quedarse. Por mis muertas.