Aprendamos de los sabios

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La Agricultura es la profesión propia del sabio, la más adecuada al sencillo, y la ocupación más noble para todo hombre (y añado mujer) libre”. (Cicerón, Siglo I a.C.)

 

 

 

 

Hesíodo (mediados S.VII a.C.) fue pastor, agricultor y poeta. Nació en un pequeño pueblo Ascra, al Sur del Helicón. En la mitología griega, Helicón era el dios que personificaba el monte homónimo, de 1.748 m, entre el Parnaso y el Citerón, en Beocia, cerca del golfo de Corinto. Alejandro Magno dijo que Hesíodo fue “el poeta de los campesinos”. En “Los trabajos y los días”, señala: “Porque el que descuida sus quehaceres nunca llena su granero, antes bien, lo vacía. Quien retrasa su trabajo cada vez, desafía al desastre”. Y también nos aconseja “Presta atención al momento en que oírás el graznido de la grulla, que cada año chilla desde lo alto de las nubes. Su graznido es la señal de la siembra y anuncia la llegada del invierno lluvioso”.

Lucio Junio Moderato Columela nació en Cádiz el 4 d.C, y murió el 70 d.C., en Tarento Italia. Fue educado por su tío Marco Columela, un rico hacendado de la antigua Bética y al parecer uno de loa agricultores más inteligentes de aquella región. Con treinta años marchó a Roma. Adquirió fincas, desarrolló sus conocimientos agropecuarios y buscó siempre, más que el trato con los poderosos, la amistad con los hombres honestos y preocupados por el saber sin pedantería. Nos dejó un inmenso legado: “Los doce libros de la Agricultura” El primer tomo dedicado a la Agricultura, el segundo a la Ganadería. De éste último extraigo: “Cuando los lechones salen de la zahurda se confunden entre ellos, por eso, la principal obligación del porquero es encerrar cada cochino con sus crías”. “El pastor de ovejas ha de ser muy cauto y vigilante. Tiene que mostrarse más conductor que dueño; y para reunirlas y recoger las ovejas las amenazará con la voz y el cayado, pero jamás les ha de tirar piedras”. El sabio Columela aconseja: “Las gallinas que se destinan a poner deben ser de buen color, cuadradas, de pecho ancho, con las cabezas grandes, las crestas derechas y encarnadas, y los lóbulos auditivos blancos. Las uñas deben ser desiguales, las mejores las que tienen cinco dedos y que no les salgan espolones de través, pues son reacias a dejarse pisar por el gallo y no lo recibe, no son fecundas y si llega a empollar, rompe los huevos con los espolones”.

Más adelante en el tiempo nos encontramos con la obra enciclopédica de Abu Zacaría, o Ibn al Awam, que en el siglo XII vivió en el Aljarafe sevillano y escribió su “Kitab Al-Filaha” o Libro de Agricultura, que quedó olvidado en los anaqueles de la historia hasta que en el siglo XVIII fue hallado en la Biblioteca de El Escorial. Se tradujo al español y se imprimió en Madrid en 1802 y en Sevilla en 1878. Se tradujo al francés y se publicó en París, en 1865. El libro de Agricultura de Ibn al Awan es un referente en materia de agricultura en Europa y en la cultura mediterránea. Al Awam destaca en su obra el tratado de Agricultura Nabatea. En el prólogo a la obra nos dice el autor: “Con el auxilio de la Agricultura asegurará el preciso alimento para sí, sus hijos y su familia. En ella encontrará lo que necesite, y hallará cuanto apeteciere su voluntad. Debe considerarse la Agricultura como uno de los principales auxilios para lo que mira a las utilidades de la vida presente, y también para procurarnos las felicidades de la otra con el auxilio del Altísimo, por cuyo favor, mediante las sementeras y plantíos, se multiplican los alimentos”.

Sobre el plantío del olivo, señala al Awam: “El olivo es un árbol de bendición. La tierra buena para olivos es la delgada, y así se crían excelentes en el territorio de Ástigi (Ecija). También la blanquiza es buena, para plantar olivos, especialmente si es blanda y húmeda… Yo he puesto plantones de olivo en el Aljarafe en sitios de mucha tierra arenisca, en que había mucha humedad por el agua de las lluvias, con otra tierra buena que allí se llevó, y prosperaron ventajosamente”.

¡Cuánta sabiduría en los tratados antiguos que nos ha sido transmitida de generación en generación! Nuestros tatarabuelos sabían por los suyos, como desarrollar la agricultura y la ganadería para producir buenos y sanos alimentos. Durante la pandemia de la Covid-19, hemos visto la importancia que han tenido y tienen los productores de alimentos. Y si éstos producen en ecológico y cerca del consumidor, mejor que mejor. Ahora se discute la aplicación de la nueva PAC. Un tema crucial es el apoyo a la ganadería extensiva que se cría y alimenta en zonas de pastos, como las dehesas, ricos ecosistemas a proteger. La trashumancia que practican los ganaderos en extensivo limpia los montes y las sierras y supone una tarea preventiva contra el fuego. Los incendios de sexta generación y el aumento de los pirocúmulos que actúan como lluvia de fuego, nos indican a las claras que el Cambio Climático ya está aquí. Nos ha sobrecogido el desastre ecológico en Sierra Bermeja y en el Valle del Genal, con escenas dantescas, pinsapos, pinos, matorrales y animales calcinados, y con el desalojo de cientos de familias de los pueblos afectados. El origen del fuego apunta a terroristas ambientales; sí, así habría que calificarlos, yo al menos lo apunto. ‘¡Quien es capaz de semejante acción, no merece vivir en la sociedad y en el medio natural que destruye! Más reciente, nos sobrecogen las imágenes del despertar de ese Polifemo de lava y rocas incandescentes que surge del averno y arroja sus entrañas de muerte y desolación por las laderas del volcán de CierroViejo, en la isla bonita de la Palma, en el archipiélago canario. Miles de personas afectadas han tenido que abandonar sus casas, donde nacieron y en las que ha quedado sepultadas por la lava la historia y la memoria familiares, como ocurrió hace dos mil años (79 d.C.) en Pompeya., aunque aquí en La Palma, afortunadamente, no ha habido que lamentar víctimas. ¡Aprendamos de las enseñanzas de los clásicos y corrijamos y castiguemos las torpezas y barbaridades de algunos contemporáneos!