Bahía de Cádiz: sin unión no hay futuro

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Las cadenas productivas territoriales localizadas en la Bahía de Cádiz, en términos generales, son actividades compuestas por empresas de muy diversa dimensión. En la industria naval, en la aeronáutica o en el turismo, existen pequeñas, medianas y grandes empresas. Ahora bien, en dichas actividades son las grandes empresas las que tienen el control de la cadena, el poder económico alrededor de la producción de un bien o la prestación de un servicio. Y en casi todas, estas grandes empresas están controladas por capital foráneo, o cuyo control no depende de las fuerzas socioeconómicas locales (como es el caso de Navantia).

La subcontratación productiva y la reconstrucción en forma de red de la producción llevan consigo el crecimiento del empleo precario. Así, durante las últimas décadas, ha aumentado la proporción del número de puestos de trabajo de la industria auxiliar respecto a los directos internos; cada vez más gente trabaja en talleres subcontratados y menos en las grandes factorías de la Bahía. Por ello ha aumentado el denominado mercado de trabajo secundario: el empleo eventual, el autoempleo, el trabajo asalariado más precario. A medida que se desciende en la trama productiva, aumentan los desequilibrios y los contratos de menor calidad. Las relaciones laborales en el “centro” de la red, por ejemplo Navantia, son de mejor calidad y mayor estabilidad que las condiciones de trabajo de las empresas de la “periferia”. Por tanto, en el conjunto del sector se asiste en las tres o cuatro últimas décadas a un proceso según el cual se reduce la proporción de empleos concentrados en las grandes firmas respecto a los existentes en la órbita de las mismas. Aumenta el número de pequeñas empresas y surge la denominada fábrica “difusa posfordista”.

Subcontratando

Con la subcontratación, externalización o descentralización productiva se ha perseguido dotar a los astilleros y grandes fábricas de unas plantillas lo más flexibles posible, es decir, aumentar la temporalidad del empleo. Navantia lleva mucho tiempo poniendo en marcha este tipo de estrategias. No obstante, fue a partir de 1996, con el aumento de la demanda en el sector naval a nivel internacional cuando se aceleró el proceso. En gran medida, la empresa buscaba una estructura organizativa flexible que se adaptara a las fluctuaciones de la demanda. Además, al descentralizar el máximo número de funciones y tareas, la firma podía especializarse en las actividades más rentables. Hace unos años un sindicalista de Navantia me lo explicaba así: “Sacan todo lo que pueden. Yo creo que aspiran a quedarse sólo con las tareas de coordinación. Sobre todo, la última fase, que es la entrega al armador, la fase más complicada y profesional (…) queda en manos de la plantilla propia. También el diseño original y el control de aprovisionamiento y el control de producción”.

Navantia ejerce el poder con mano de hierro dentro de la trama productiva compuesta por multitud de empresas auxiliares de diverso tamaño. Sobre la unidad hegemónica pivotan un gran número de empresas suministradoras que deben asumir unas relaciones de subordinación. A través de ellas se determinan toda una serie de especificaciones técnicas y otras indicaciones complementarias con las cuales la empresa “cabeza” les indica a las empresas “mano” sus demandas, remarcando quién posee la capacidad de imponer condiciones y, por tanto, la unidad productiva que se coloca al frente de la “cadena productiva territorial”.

Segmentando

El diferencial de condiciones laborales aumenta a medida que se desciende en la trama productiva creada alrededor de la construcción de un barco, un avión o cualquier otro producto. Las relaciones laborales en el centro de la red son de mejor calidad y mayor estabilidad que las condiciones de las empresas de la periferia. A medida que se desciende en la trama productiva, aumentan los desequilibrios y los contratos de menor calidad. De este modo se ha logrado la competitividad: mediante el abaratando los precios del coste de la mano de obra y el incumpliendo los convenios pactados.

El mercado de trabajo “segmentado” para el caso del sector naval puede caracterizarse del siguiente modo a grandes rasgos.

En primer lugar el “núcleo estable” compuesto por personas empleadas con contratos estables pertenecientes a las grandes unidades de negocio de Navantia. Mantienen una elevada estabilidad matizada por la flexibilidad interna (funcional, numérica o salarial). Las condiciones laborales, por tanto, se caracterizan por la escasa rotación, la utilización de la negociación colectiva para establecer las condiciones laborales, un nivel salarial alto-medio y una elevada estabilidad.

En segundo lugar estaría al que podríamos denominar “grupo periférico”. Son las personas empleadas en las principales empresas suministradoras de “Navantia”. El mayor o menor nivel de calidad de la relación laboral depende de la “carga” de trabajo de la subcontrata. Respecto al grupo anterior, tienen normalmente un mayor nivel de rotación y menores niveles salariales y de estabilidad.

Un tercer grupo sería la “corona externa”. Se encuentra en este segmento tanto el pequeño número de profesionales cualificados que se autoemplean, como el creciente volumen de personal eventual dedicado a tareas más descualificadas y subcontratadas que sólo pueden acceder a contratos de trabajo de escasa calidad y que de forma periódica ingresan en las listas de desempleo. En este segmento se encontrarían todas aquellas personas empleadas de aquellas pequeñas empresas que trabajan para las subcontratistas principales de la central o los autoempleados situados en los últimos “escalones” de la “trama productiva”. Estas personas tienen un alto nivel de rotación, una negociación individualizada de las condiciones de trabajo, bajo nivel salarial y gran inestabilidad o eventualidad en la contratación.

Unión o humillación

Las protestas de este verano en el sector del metal de la Bahía de Cádiz tienen una extrema relevancia. La subcontratación ha sido una estrategia del capital para bajar costes, precarizar el empleo y aumentar sus beneficios: precarizar vidas para generar capital. No sólo en los astilleros gaditanos, es una estrategia generalizada en todas las ramas industriales e incluso en actividades primarias y terciarias.

A día de hoy, cada vez más personas que trabajan en las empresas subcontratadas están diciendo basta. La respuesta de las que lo hacen en las empresas subcontratadoras, Navantia, puede ser de dos tipos principalmente: uno, apoyar a los trabajadores de fuera; dos, apoyar las estrategias de la empresa matriz. Lo primero posibilitará un futuro de unión y lucha por las mejoras laborales del conjunto. Lo segundo será privilegio para hoy, de cada vez menos gente, y precariedad y desempleo generalizado para mañana.

El campo andaluz, la economía «cortijera» es una experiencia de la que aprender. Al final a los manijeros también los humillan. Doblemente.