Las inversiones de Mercadona, o sus perversiones invertidas

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Quizá sea fruto de la casualidad, pero, la misma Universidad de Valencia que lo nombró hace meses (el pasado 2 de octubre) doctor “honoris causa”, ha hecho público un estudio -donde también participa la Universidad Pablo de Olavide- que analiza la aportación de Mercadona a la economía andaluza. Se construye un discurso a su medida que una loa a un modelo empresarial de “éxito” social.

Conviene detenerse a analizar algunas de las conclusiones, que han sido difundidas en Andalucía a través de los periódicos del grupo Joly. En primer lugar, conviene destacar la opacidad. No se explican cuáles son las relaciones entre investigadores e investigado. Y no sería la primera vez que los ensalzamientos universitarios de pro-hombres del mundo empresarial terminan en fiasco. Mario Conde o Rodrigo Rato son buenas pruebas de ello. De ello, es esclarecedor, que el Sr. Roig se inscriba en la misma línea de pensamiento ideológico liberal que aquellos. Tan es así que donó importantes sumas económicas a la fundación FAES o que ha sido noticia por manifestarse a que “cuánto menor sector público, mejor” o que lo que hay que hacer es “trabajar como chinos”. Y además de esto, ha sido uno de los más firmes defensores de la Reforma Laboral del 2012. Méritos no le faltan como adalid del neoliberalismo.

En segundo lugar, podemos analizar las cifras que avalan el análisis presentado. Nos dicen que Mercadona va a invertir 134 millones para abrir nuevas tiendas y 28 para mejorar y ampliar, las que ya tiene. Nos presentan una lluvia de millones al más puro estilo del Plan Marshall. Eso sí, omiten la cifra de los beneficios que obtiene Mercadona con estas inversiones, los impuestos de los que se les exonera o las ventajas fiscales de las que se va a beneficiar. Sería más completo y científico explicarlo todo y no parte, máxime cuando son datos esenciales para comprender verdaderamente si es cierto –o no- el tan laureado “esfuerzo inversor”.

En dicha línea, proclaman que la actividad de Mercadona aporta el 2,1 % del PIB andaluz  y 87664 ocupados, esto es el 3,1% del empleo de la “región”. Esto es, nos encontramos ante un pilar socioeconómico andaluz. Ahora bien, ¿cuánto empleo ha destruido Mercadona?, ¿de la desaparición de cuántas PYMES es responsable?, ¿cuántos autónomos ha enviado a la ruina? ¿cuántos puestos de los Mercados de Abastos tienen que echar el cierre “gracias” a su instalación?, ¿qué piensan los pequeños comerciantes de este negocio? Más bien, parece que Mercadona no crea nada, sino que se limita a apropiarse de la riqueza del territorio, sin piedad alguna para con quienes son económicamente más débiles.

Y también sería relevante profundizar en las condiciones laborales que ofrece como empleador. Ahora dicen que vienen a crear 147 puestos fijos para alcanzar 18430 empleos en Andalucía. Pero, ¿qué hay detrás de esto? Las respuestas las encontramos en las reiteradísimas denuncias laborales y sindicales referidas a la empresa: acoso, dificultades para poder estar de baja médica, flexibilidad horaria abusiva, establecimientos de compromisos de venta leoninos, obligaciones de satisfacción del “jefe”, aplicación constante del cronómetro a la ejecución de tareas, etc…

Sería un éxito investigador y ayudaría a comprender el fenómeno “Mercadona” el que las tan estudiosas Universidades que lo examinan publicasen los formularios de evaluación que emplean para con sus empleados. Resultaría, de seguro, esclarecedor.  Y tampoco estaría mal cartografiar los desplazamientos forzosos de plantilla a las tiendas de la costa durante el verano o publicar que la paga extra de beneficios –y que importa una cuantía porcentualmente muy relevante del salario anual- está siempre condicionada a que se alcancen “topes” de venta, tanto de cadena, como de zona, como de tienda, como de departamento como individuales. Explicar todo esto con detalle esto sí que aportaría mucha luz a la sociedad.

Profundizando en el caso Mercadona, podemos observar una nueva cara de la precariedad. Algo más retorcida, pero precariedad al fin y al cabo. Quizá sea algo menos aparente pero viene a profundizar en sus efectos con métodos aún más perversos que los que evidencia el análisis superficial de las estadísticas. Esto no es nada innovador, aunque se nos presente exactamente al contrario.

Y para concluir con datos, señalamos algunos especialmente relevantes. Nuestro Estado dispone de la siguiente plantilla para controlar el cumplimiento de la normativa laboral: 945 inspectores y 844 subinspectores. En un modelo caracterizado por la suscripción del 90% contratos por tiempo limitado y donde 3 de cada 10 de esos contratos duran menos de siete días, con los medios humanos descritos difícilmente podrá nuestro sector público controlar la situación más allá de atender a los casos más flagrantes y menos  desarrollados.

Porque hemos de concluir que no solo el récord europeo de temporalidad en la contratación que lideramos -el 22,4%- precariza. Las prácticas patronales de cadenas como Mercadona agudizan este fenómeno y no aterrizan en Andalucía para innovar y crear riqueza, sino para explotar y apropiarse de la misma. Esos términos son más adecuados si observamos todas las caras del fenómeno y no solo las luces de las sonrientes fachadas de los establecimientos comerciales.