Otro 3 de marzo sin responsabilidades

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“Yo pude ser el responsable político y también incluso el responsable penal de aquellas muertes”. Así ironizaba muy recientemente Rodolfo Martín Villa al referirse a los sucesos de Vitoria del 3 de marzo de 1976. Aquél día la Policía Armada tiroteó con fuego real a los obreros vitorianos reunidos en asamblea dentro de la iglesia de San Francisco de Asís. Cinco asesinados y más de ciento cincuenta heridos fueron el saldo de la actuación policial ordenada por el Gobierno de Arias Navarro. La muerte y el dolor de la clase trabajadora resultó ser el más reciente objeto de mofa para Martín Villa, quien ostentaba las más altas responsabilidades cuando ocurrieron los crímenes de Vitoria, Montejurra, Barcelona, Málaga, Madrid o Pamplona.

En tales actuaciones, tuvieron un papel protagonista Manuel Fraga, entonces ministro de Gobernación y Rodolfo Martín Villa, el ministro de Relaciones Sindicales y de Interior de la época. Así las cosas, tanto Fraga como Martín Villa mantuvieron un papel político de primer nivel tanto durante la Transición como en posterior la etapa democrática. Martín Villa, aún vivo, resultó condecorado por el rey Felipe VI en junio de 2017 e incluso recibió una medalla en el 40 aniversario de las elecciones del 77, en el homenaje a parlamentarios constituyentes celebrado en el Congreso de los Diputados.

Ese mismo Congreso fue el que evitó que compareciera ante la Cámara para hablar de los crímenes durante la dictadura franquista. A tal efecto, PSOE, PP y VOX unieron sus votos. Para eso sirve un gobierno de “progreso”.

Porque la “progresía oficial” también cumple sus funciones. Y así se cierran siempre filas para defender las cloacas del Estado. No podemos perder de vista que en septiembre de 2020 todos los expresidentes vivos del gobierno español (González y Zapatero del PSOE, y Aznar y Rajoy del PP) firmaron una carta de apoyo a Martín Villa. Los demócratas cerraban así filas en torno al otrora jerifalte franquista y posterior ministro de la democracia, diputado, presidente de Endesa o Sogecable, entre otros puestos de relevancia política y social.

Y a esos políticos, se unieron desde las filas sindicales Nicolás Redondo y Cándido Méndez (ex secretarios generales de UGT), así como Antonio Gutiérrez y José María Fidalgo (ex secretarios generales de CCOO).

La impunidad es la clara apuesta del régimen y de sus políticos. De aquellos que blindaron a los criminales franquistas en el único Estado de Europa Occidental –el español- donde el fascismo no fue derrotado militarmente.

Sin embargo, la dicotomía es absoluta: o Martín Villa o democracia. Con Martín Villa no hay democracia. Ni puede haberla.

Por eso, la gente de bien seguirá recordando cada 3 de marzo a las víctimas de Vitoria, exigirá un juicio para Martín Villa y se emocionará cuando suena Campanades a morts.