Del neoliberalismo progresista a las economías transformadoras

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Cada vez es mayor el descontento con la globalización, es decir, con el capitalismo realmente existente. Sin embargo, la izquierda institucional no afronta la crítica al capitalismo y, por tanto, no ofrece propuestas alternativas que lo superen, que ofrezcan soluciones a los problemas económicos existentes. El discurso y propuestas se basan en lo cultural, no en lo económico. El discurso que sí se basa en lo económico atiende a posiciones de extrema derecha (Trump como ejemplo a imitar).

Las izquierdas institucionales, unas más que otras, se aproximan a lo que Nancy Fraser denomina «neoliberalismo progresista». «La particularidad del `neoliberalismo progresista’ es que combina políticas económicas regresivas y liberalizantes con políticas de reconocimiento aparentemente progresistas. Su política económica se centra en el “libre comercio” (lo que significa, en realidad, el libre movimiento del capital) y en la desregulación de las finanzas (que empodera a inversores, bancos centrales e instituciones financieras globales para dictar políticas de austeridad al estado por decreto y mediante el arma de la deuda). Mientras tanto, su vertiente de reconocimiento se centra en la comprensión liberal del multiculturalismo, el ecologismo y los derechos de mujeres y LGBTQ [lesbianas, gais, bisexuales, transgénero, queer]. Plenamente compatibles con la financiarización neoliberal, estas comprensiones son meritocráticas, esto es, no igualitarias. Orientando la discriminación, tratan de asegurar que unos cuantos individuos ‘con talento´ de ´grupos infrarrepresentados´ puedan llegar a la cima de la jerarquía corporativa ¡y lograr puestos por los que les paguen como a los hombres blancos heterosexuales de su misma clase! Lo que no se dice, en cambio, es que mientras esta minoría ‘rompe el techo de cristal’, todos los demás siguen atrapados en el sótano. Así, el neoliberalismo progresista articula una política económicamente regresiva con una política de reconocimiento aparentemente progresista. La vertiente del reconocimiento ha funcionado como coartada del lado económicamente regresivo. Ha facilitado que el neoliberalismo se presente como cosmopolita, emancipatorio, progresista y moralmente avanzado –en oposición a unas aparentemente provincianas, retrógradas e ignorantes clases obreras–.»

En estas circunstancias la izquierda debe aportar soluciones a los problemas materiales de la gente. Estamos en un momento en el que urge más que nunca la creación de un discurso económico alternativo. Igual, para ello, se debería potenciar lo que se cuece bajo las denominadas «economías transformadoras». Igual no es mucho, pero al menos es más que seguir llamando a socialdemócratas para hacer programas electorales y a neoliberales para ocupar los ministerios económicos. O seguir hablando de desarrollo local neoliberal, empleabilidad y emprendedores desde las concejalías de empleo y fomento económico de los ayuntamientos.

Un ejemplo, un pequeño acontecimiento, una minúscula gota en el mar de mercantilismo precarizador es lo que ha ocurrido en Puerto Real, Cádiz. En esa población de 40.000 habitantes abandonada por multinacionales y gobiernos, el complejo municipal de piscinas será gestionada por una cooperativa formada por personas que se vieron despedidas por la anterior empresa concesionaria.

CooperActiva, que así se llama la cooperativa, ha recibido la colaboración técnica de la Asociación de Técnicos del Aljarafe (vinculado al Club Natación Mairena), de la cooperativa Autonomía Sur y de Coop57, cooperativa de servicios financieros de la que es entidad socia. Con una estrategia de intercooperación han logrado obtener una concesión por 25 años de estas infraestructuras y servicios públicos. Como dice Manuel Bienvenido, del sindicato Autonomía Obrera de Cádiz, «cuando se cree de verdad, se puede, ejemplo de economía social y transformadora, donde los trabajadores y trabajadoras deben de ser y son la fuerza viva del proyecto, gestión integral municipal y ejemplo a seguir. Sin especulaciones, sin intermediarios, sin empresas con ánimo de lucro, sin empresarios que no gestionan y que no les preocupan lo más mínimo el servicio municipal. Cuando los colectivos de trabajadores pasan a ser los responsables de una gestión municipal, el servicio y la ciudadanía lo nota en calidad y mejoras.»