El día que mataron a Arturo Ruiz

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Arturo Ruiz con su hermano Manuel. (Ilustración de José Vigueras).

Sucedió el 23 de enero de 1977. Arturo Ruiz, un joven andaluz de 19 años, fue asesinado por un pistolero de la extrema derecha, cuando se manifestaba en Madrid pidiendo amnistía y libertad. Por entonces, yo también estaba en la ciudad de Las Cibeles estudiando periodismo y participé en aquella manifestación, duramente reprimida por la policía franquista (conocida en la jerga estudiantil como los grises). Recuerdo que los sicarios de ultraderecha actuaban en complicidad con la policía y eran los encargados de hacer el trabajo sucio: dar palizas y matar.

Manuel Ruiz encontró al asesino de su hermano Arturo gracias a un periodista de El País, José María Irujo, que localizó al pistolero de extrema derecha en su casa de Buenos Aires. Manuel sintió impotencia y un profundo escalofrío cuando vio en el periódico la foto de José Ignacio Fernández Guaza, tumbado al Sol y viviendo plácidamente en su exilio dorado.

Cuando el periodista lo entrevistó, comprobó dos cosas: que este sicario sigue protegido por la Policía argentina y que nunca mostró arrepentimiento por haber matado a Arturo Ruiz. Fernández Guaza recordaba su crimen como si hubiera sido ayer y, con absoluta frialdad, intentó justificar ante el periodista el asesinato de Arturo: «me arrojó una piedra, entonces cogí la pistola y le pegué un tiro en el corazón». Jorge Cesarsky, líder de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), fue el que prestó su pistola a Fernández Guaza para que hiciera los disparos contra Arturo.

Para colmo de cinismo, el pistolero afirmó que le disparó al sentirse atacado con una piedra: «Yo disparé, pero hasta qué punto soy responsable». Guaza miente, dice José María Irujo: «pues disparó cobardemente, dos veces y por la espalda, cuando Arturo intentaba huir, y acertó con el segundo disparo, al tiempo que gritaba el lema fascista: ¡Viva Cristo Rey!» ¿Dice que fue atacado por un hombre indefenso que estaba huyendo? Qué infamia, propia de un criminal sin escrúpulos. Después de hacer la entrevista, Irujo exclamó sobrecogido: «Guaza se siente tan impune que es capaz de presumir».

Manuel Ruiz y su familia son un ejemplo de lucha contra la impunidad del franquismo, pues han reclamando justicia para su hermano Arturo, durante más de cuatro décadas. Con este objetivo, fundó el Colectivo por los Olvidados de la Transición y se unió a la querella colectiva, presentada por la jueza María Servini, para buscar en Argentina la justicia que le negaron en su propio país.

Sin embargo, la Cámara de Apelación de Buenos Aires alegó falta de pruebas y dio carpetazo a la querella de Servini. Con esta argucia, impidió que la jueza abriera un proceso judicial contra el exministro franquista Rodolfo Martín Villa por presuntos delitos de lesa humanidad. Y en España, la Audiencia Nacional ha archivado el recurso de súplica de la familia Ruiz. «Una vergüenza para el Estado de Derecho en España y en Argentina», denunció Manuel Ruiz, poco antes de fallecer.

La muerte de Arturo Ruiz se produjo un día antes de la matanza de Atocha, cuando cinco abogados del PCE y CC.OO. también fueron masacrados por terroristas de extrema derecha. Y ese mismo día, 24 de enero, la joven estudiante Mari Luz Nájera se manifestaba para protestar por el asesinato de Arturo Ruiz. El impacto de un bote de humo, lanzado a bocajarro por un policía antidisturbios, le quitó la vida. Y antes de acabar aquel año, el 4 de diciembre de 1977, otro policía franquista también asesino a Manuel García Caparrós, cuando se manifestaba en Málaga por la Autonomía plena para Andalucía.

Fue el año más duro de aquella Transición sangrienta que, con 188 asesinados por la policía del régimen y los grupos ultras, distaba mucho de ser modélica. Con todos estos crímenes, la extrema derecha pretendía crear una situación de caos y desorden, con el fin de que los generales tuvieran una justificación para dar otro golpe militar. La intentona golpista se produjo cuatro años más tarde, el 23 de febrero de 1981, pero fracasó.

Finalmente, la dictadura no dio paso a la democracia, sino a un sistema bipartidista de alternancia, también conocido como régimen del 78, que fue incapaz de hacer justicia a las víctimas del franquismo y de la transición, como el caso de Arturo Ruiz. Su hermano Manuel lo intentó, pero tropezó con el muro de la impunidad, llamado Ley de Amnistía de 1977, una ley de olvido o punto final, que impide investigar los crímenes de la dictadura y protege a los asesinos. A pesar de todo, Manuel Ruiz ha conseguido mantener viva la memoria de su hermano Arturo y sus compañeros del movimiento memorialista nos comprometemos a continuar con su lucha.