Jueces estrella para una justicia estrellada

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Elpidio Silva, Mercedes Alaya, Baltasar Garzón, Javier Gómez Bermúdez, Fernando Grande Marlaska, Francisco Serrano, Emilio Calatayud o Manuel Marchena son rostros familiares para cualquier persona atenta a las noticias. Tan es así que habitualmente protagonizan la actualidad y copan con su presencia los medios de comunicación. Son objetivo cotidiano de focos y flashes. El fenómeno mediático del juez estrella llegó hace años y parece que para quedarse.

En la ecuación que explica este fenómeno no podemos dejar de mencionar algunas características peculiares de nuestro sistema de justicia que operan como contexto donde este fenómeno surge y tiene lugar:

1.- La falta de inversión en justicia de los poderes públicos

A ningún poder le interesa que exista una justicia verdaderamente independiente, eficaz y con medios. La justicia está llamada a equilibrar los abusos del poder. Y eso, resulta obvio, no interesa a quienes de verdad detenta tal poder: gran capital, banca privada, políticos de altos vuelos, etc.

Los profesionales jurídicos vivimos situaciones lamentables y habituales en nuestro día a día: dilaciones indebidas sistemáticas, esperas insufribles, cajas de papel amontonadas por los pasillos, introducción de ordenadores y otros medios técnicos de manera lenta e ineficaz, apagones de luz, edificios e instalaciones claramente inapropiadas o en estado de ruina, caída de los sistemas informáticos, grabaciones de diligencias judiciales a menudo defectuosas, ausencia de sistemas de notificación y mensajería instantánea (sí como lo oyen: no existe wasap ni nada que se le parezca ni siquiera en las unidades que se dedican a notificar) o inexistencia de bases de datos públicas donde consten todas las normas actualizadas y las sentencias de todos los órganos.

Mientras que otros servicios públicos –sobre todos los especializados en la recaudación- han experimentado un desarrollo sustancial (Agencia Tributaria o Seguridad Social, sin ir más lejos), la justicia ha sido la gran olvidada de la democracia. La ley del silencio pactada por los partidos políticos es la que de verdad rige en nuestro sistema. Y así para evitar que se hable de nada de esto, se sustituye el debate jurídico por las aportaciones individuales de cada uno de los operadores jurídicos que parecen más necesitados de protagonismo: los jueces estrella. Resulta muy curioso como este fenómeno no se ha dado, sin embargo, con tanta intensidad en otros sujetos: fiscales, peritos, forenses, funcionarios o notarios.

y 2.- La estructura judicial obsoleta

Seguimos arrastrando un modelo judicial, que requiere de algunos inaplazables debates: la instrucción por los fiscales, la politización del Consejo General del Poder Judicial, los Colegios Profesionales como entes de adscripción obligatoria, el cada vez más habitual abandono de plazas por jueces y fiscales a fin de integrarse en grandes bufetes privados, los juicios mediáticos, la anomalía que supone un Tribunal especial y excepcional como es la Audiencia Nacional -heredera del Tribunal de Orden Público de la dictadura franquista- el sistema de acceso y formación de jueces y fiscales, etc. Se acumulan los asuntos “calientes” que requieren de inaplazables reformas. Y no parece que haya nadie atento a estas cuestiones con la capacidad suficiente de abordarlas.

Pues bien, en este medio hemos asistido al surgimiento de los inefables “jueces estrella”. Aunque cada cual presenta sus propias características (de ahí su estrellato) todos suelen compartir ciertas notas comunes:

  1. Presencia mediática. Cuestión relevante es ser conocido y reconocido. Alguna que otra extravagancia, algún que otro exabrupto o iniciativas cuyo efecto mediático supera con mucho el efecto jurídico (https://www.youtube.com/watch?v=w3q-akpH0BM)
  2. Ausencia de referencialidad jurídica. Como en tantas otras disciplinas, ninguno de los jueces estrella destaca por la calidad en su labor. Carecemos de artículos científicos a los que dediquen su esfuerzo, intervenciones en encuentros de contenido jurídico o innovaciones sobresalientes que hagan avanzar la ciencia jurídica. A esto no dedican uno solo de sus esfuerzos. El estudio, la reflexión analítica y el desarrollo científico no acompañan a las estrellas de la judicatura. Incluso, el presumido compromiso con ciertas causas nobles como la defensa de los derechos humanos no casa bien con la realidad (http://gara.naiz.eus/paperezkoa/20100411/193252/es/La-paradoja-Garzon)
  3. Salto a otros escenarios, habitualmente al terreno político. Prácticamente todos los partidos tienen a su juez estrella. Porque no solo de generales viven los partidos. También los jueces estrellas encuentran escaños, puestos de ministro o reserva de puestos, para eso sí, ocupar las cúpulas partidistas. Pese a los sonados fracasos (los casos de Elpidio Silva o Baltasar Garzón resultan paradigmáticos), se sigue insistiendo en esta vía.

La conjunción de estos factores nos depara una justicia que pierde credibilidad ante los ciudadanos a la vez que potencia el efectismo de los jueces “estrella”. Parece claro que la relación inversamente proporcional de ambas variables está directamente relacionada. Y no parece que en un futuro próximo la tendencia se vaya a invertir.