La Línea ¿independentista o invitada a independizarse?

En octubre de 1924 una multitudinaria manifestación abarrotaba la céntrica calle Clavel de La Línea de la Concepción. A la cabeza de la misma una pancarta rezaba “La Línea necesita ferro-carril”. El panfleto que convocaba al acto tenía un tono dramático, no del todo exagerado, llegando a afirmar que de la actuación del pueblo ese día dependería “el porvenir que determine para siempre su prosperidad”. Firmado por La Comisión, el texto advertía de que el trazado ferroviario que se proyectaba entre Málaga y Cádiz dejaba fuera la necesaria conexión con La Línea. Ya a finales del siglo XIX, la Algeciras-Gibraltar Railway Company, que desarrolló el tren Bobadilla-Algeciras, había proyectado un ramal de 9 kilómetros, para conectar esta ciudad fronteriza con la estación de San Roque, que fue paralizado por el Gobierno Español. Esta extensión del ferrocarril se retomaría mucho después, llegando a ejecutarse en la década de 1970, sin embargo, nunca se ha puesto en funcionamiento. Hoy día, el tren conecta el importante puerto de Algeciras con la centralizada red ferroviaria estatal, pasando por San Roque, pero ignorando La Línea.

Es difícil pensar que este aislamiento histórico sea casual, siendo la única ciudad andaluza de más de 50.000 habitantes que no tiene conexión ferroviaria. Esta ciudad media, que nace a la sombra de Gibraltar, siempre ha sido un espacio incómodo y sospechoso para las autoridades. Desde aquí se ha suministrado mano de obra barata y recursos para la roca a lo largo de siglo y medio. Tratándose casi una triple frontera, mulas, coches y barcas han desafiado históricamente las aduanas y las regulaciones estatales. No es extraño que las medidas que han buscado incomodar la colonia inglesa hayan acabado castigando invariablemente a la población linense. La política de infraestructuras, que ha tendido a recluir este continuo urbano como un gueto indeseable, es un buen ejemplo de esto.

El ferrocarril en los años veinte todavía era un símbolo indiscutible del desarrollo, posición que en gran parte ha perdido. Sin embargo, abstrayéndonos de los cambios tecnológicos de casi un siglo, el texto no carece de actualidad. Vuelve a afirmar La Comisión de 1924 que “La Línea se halla mil veces peor que muchos pueblos africanos, pues no nos liga al mundo sino una carretera, y hay miles de habitantes de esta ciudad que ignoran lo que es un ferrocarril”. Si en la actualidad, caminando por algunos de los nuevos desarrollos de Gibraltar, podríamos pensar que paseamos por el puerto de Chelsea, la estación de autobuses de La Línea no ofrece una experiencia muy lejana a la de las ciudades vecinas del sur del Mediterráneo. No creo que La Línea deba parecerse más a Londres que a cualquier otra ciudad. La Línea solo puede parecerse a sí misma, tan excepcional es este enclave fronterizo. Sin embargo, lo anterior puede dar una idea de la sensación de agravio que sienten sus habitantes.

No apoyaría que La Línea se independizara de Andalucía. Esto, más que por una cuestión sentimental, que la hay, porque el estatuto de ciudad autónoma se dirige a fomentar un modelo económico que no comparto. Se busca obtener beneficios fiscales que atraigan empresas financieras, inmobiliarias y similares, que permitiesen un crecimiento económico rentista y especulativo. En definitiva, dejar de ser la sombra de Gibraltar para convertirse en algo así como un reflejo del vecino. Sin embargo, es complicado criticar frontalmente este planteamiento conociendo las pocas opciones que se le han dejado a la ciudad. Habría que plantearse que, si La Línea quiere independizarse, es porque que desde hace más de un siglo han hecho de todo por independizarla.