¿Qué está pasando en Cuba?

Lo intentaron con la Venezuela de Maduro y ahora vuelven a intentarlo con la Cuba de Díaz-Canel. Una vez desaparecidos de la escena política Fidel y Raúl Castro, los líderes carismáticos de la revolución cubana, Estados Unidos ha puesto en marcha una nueva campaña para desestabilizar la isla caribeña, que sigue sufriendo una política de guerra fría por parte del coloso del norte. Y es que la Casa Blanca no ha conseguido doblegar al pueblo cubano, que ha sido capaz de resistir 62 años de infame bloqueo económico. El bloqueo ha hecho daño, por supuesto, pero ha podido más la dignidad de este pueblo admirable.

La central de inteligencia norteamericana, más conocida como CÍA, llevaba tiempo preparando esta campaña de acoso y derribo contra el Partido Comunista de Cuba, con apoyo de un importante aparato mediático al servicio de sus intereses. Saben que la economía de la isla depende en gran medida del turismo, un sector que ha entrado en crisis a causa del coronavirus, y han visto en la pandemia una oportunidad para acabar con la revolución. Están utilizando el hambre y la penuria que provoca el bloqueo estadounidense para alimentar las protestas en la calle.

Y han logrado cierto impacto mediático, con las manifestaciones del pasado 11 julio en distintas ciudades cubanas. Pero han sido torpes, pues han movilizado también a la extrema derecha de Miami y hemos visto al frente de las protestas a Rocío Monasterio, la lideresa xenófoba de Vox, hija de un latifundista cubano que, durante la dictadura de Fulgencio Batista, explotó a sus trabajadores, en régimen de semiesclavitud.

A los andaluces no nos engañan, pues nuestros vínculos históricos y culturales con el pueblo hermano de Cuba son mucho más fuertes que cualquier campaña de intoxicación mediática. Ya lo decía Carlos Cano: “La Habana es Cádiz con más negritos, y Cádiz es La Habana con más salero”. Está claro que Estados Unidos intenta impedir, como sea, el éxito que empezaba a tener el gobierno cubano, con las reformas económicas que está impulsando en la isla, desde hace algunos años. Como tantos andaluces, yo también he estado en Cuba y he sido testigo de estos cambios.

Los cuentapropistas

Cuba ha dejado de ser la primera productora mundial de azúcar, para convertirse en una potencia turística. El gobierno cubano ha apostado fuerte por el turismo, como motor de desarrollo, y está promoviendo una economía mixta, con participación de la empresa privada, sobre todo en el sector hotelero. Cuenta para ello con el apoyo de China, su principal socio comercial. El objetivo es obtener divisas para poder financiar la sanidad pública y gratuita o el sistema educativo, con programas como Educación para Todos, Educa a tu hijo y Yo sí puedo, declarados por la UNESCO como un ejemplo para el mundo, a pesar del bloqueo. Según el organismo de la ONU: “Cuba ocupa el primer lugar de los países con ingresos bajos que más gastan en educación”.

El sistema educativo cubano es una de las grandes conquistas sociales de la revolución, a pesar del bloqueo. Considerado por la UNESCO como un ejemplo para el mundo.

También hace un gran esfuerzo por mantener la llamada canasta básica, que reciben todas las familias cubanas, sin excepción. Con ella, intenta garantizar los productos de primera necesidad, como arroz, frijoles, azúcar o leche, pero no es suficiente, pues la canasta es precaria y no llega a final de mes. Por eso, ha puesto en marcha una de las medidas más populares de los últimos años, permitir que los cubanos puedan abrir sus propios negocios, como estímulo a la producción. Son los llamados cuentapropistas (equivalentes a nuestros autónomos), un paso más en la implantación de la economía mixta, como forma de resistir ante la política de acoso y derribo que llega desde Washington.

Al menos 500.000 cubanos han dejado de ser funcionarios del Estado para convertirse en cuentapropistas, que también se han apuntado al boon turístico de Cuba. Se han puesto de moda los paladares o restaurantes de comida criolla y cada vez hay más casas habaneras, transformadas en hostales con encanto, que ofrecen a los turistas un alojamiento alternativo a los grandes hoteles y a buen precio. El Estado mantiene el control sobre los sectores estratégicos de la economía, como el agua, la energía o el petróleo, que sigue llegando de la Venezuela bolivariana, pero los cubanos también pueden abrir sus pequeños negocios. Y en un intento de eludir el bloqueo económico impuesto por Estados Unidos, el gobierno cubano acaba de poner en marcha las monedas digitales, también conocidas como bitcoin. De esta forma, evita las sanciones norteamericanas y promueve la entrada y salida de dinero en el país.

La capital del son, el ron y la revolución

No podemos decir que conocemos Cuba sin ir a Santiago, a casi 900 kilómetros de la capital. La mayor parte de los turistas se quedan en La Habana y Varadero. Como mucho, hacen una excursión a Pinar del Río, en la zona tabaquera del Valle de Viñales, para ver los mogotes y conocer el proceso de elaboración de los famosos puros habanos. Sin embargo, merece la pena viajar al oriente cubano para visitar la segunda ciudad de la isla caribeña, que es muy alargada. En tren tardamos 16 horas y en guagua 12, por lo que es recomendable viajar en avión. En sólo hora y media, Cubana de Aviación nos lleva hasta la otra punta de la isla, a la mundialmente conocida como capital del son, del ron y de la revolución. Los santiagueros recuerdan la visita que Federico García Lorca hizo en 1930 a su ciudad y el poema Son de negros en Cuba, que el poeta les dedicó: “Cuando llegue la luna llena, iré a Santiago…”.

Y si de algo se sienten orgullosos los santiagueros es de que su ciudad fue la cuna de la revolución, que acabó con la dictadura de Batista. Todo empezó el 26 de julio de 1953, cuando un centenar de rebeldes, dirigidos por Fidel Castro, aprovecharon el bullicio del Carnaval para asaltar el cuartel Moncada. El asalto fracasó, pero encendió la mecha de la insurrección popular. Fidel fue detenido y, durante el juicio, exclamó en su defensa: ¡La historia me absolverá! Actualmente, el recinto cuartelario, que conserva en su fachada los impactos de bala, alberga la Ciudad Escolar 26 de Julio y un museo que recuerda cómo fue el histórico asalto, origen de la revolución cubana. En el cementerio de Santa Ifigenia, muy visitado por los turistas, están enterrados José Martí, Fidel y los héroes del Moncada.

Y la agencia Cubatour nos ofrece una ruta senderista a Sierra Maestra para visitar la Comandancia de La Plata, donde Fidel organizó la guerra de guerrillas en los años 1957-58, que puso en jaque a la dictadura de Batista. Por cierto, ya han pasado 62 años desde que el comandante barbudo hizo su entrada triunfal en La Habana, el 8 de enero de 1959, después de pasar dos años en estas montañas. Testigo vivo de aquella época es Filiberto Núñez, un anciano octogenario que siendo muy joven combatió con Fidel en la sierra y me enseña su carné del Ejército Rebelde. Ahora recibe una pensión de excombatiente y consigue algunos pesos más como músico en el restaurante Sabor Cubano de Santiago.

La subida a Sierra Maestra es una ruta para amantes del senderismo histórico. Eso si, hay que darse el madrugón. Un todo-terreno con chófer nos recoge en el hotel a las 5:30 de la madrugada para llegar, tres horas más tarde, al Alto del Naranjo. Y desde allí, dos horas más de marcha senderista a pie, por un bello bosque tropical, hasta el campamento de los barbudos. Vamos acompañados por un guía guajiro, que nos enseña el museo de la guerrilla, un pequeño hospital de campaña y la cabaña de Radio Rebelde, desde la que Ernesto Guevara, conocido como el Che, enviaba mensajes revolucionarios a toda la isla, a través de sus célebres locuciones radiofónicas. El comandante Guevara ganó la batalla de Villa Clara, que fue decisiva para el triunfo de la revolución cubana.

Años después, marchó a Bolivia para extender la revolución a América Latina. La guerrilla del Che en el país andino duró hasta 1967, cuando el ejército boliviano capturó al comandante Guevara y lo fusiló por orden de la CIA. Murió el hombre, pero nació el mito. Sus restos y los de sus compañeros fueron trasladados de Bolivia a Cuba y descansan hoy en el mausoleo de Villa Clara. En el panteón destaca una escultura del guerrillero sobre un pedestal, en el que podemos leer: ¡Hasta la victoria, siempre! Los troveros cubanos no dejan de cantar, desde Santiago a La Habana, la canción dedicada al Che, convertido en símbolo mundial: “Aquí se queda la clara, la entrañable transparencia, de tu querida presencia, comandante Che Guevara”.

El autor en Sierra Maestra, donde empezó la conocida como revolución de los barbudos.

En el corazón de la Habana Vieja

De nuevo en La Habana, hay que practicar una serie de ritos urbanos imprescindibles, antes de abandonar la isla. No podemos irnos de la capital caribeña sin tomar un mojito en la Bodeguita del medio, situada en el corazón de la Habana Vieja, y sin degustar un daikiri en El Floridita, el cóctel preferido por Ernest Hemingwey. Una escultura de bronce, apoyada en la barra del Floridita, nos recuerda al escritor estadounidense, que escribió en la isla obras como El viejo y el mar, por las que recibió el Premio Nobel de Literatura en 1954. Además de Hemingway, Cuba ha dado al mundo grandes genios de la Literatura, como Nicolás Guillén, Alejo Carpentier o Dulce María Loynaz. Sin olvidar al escritor británico Graham Greene y su célebre novela Nuestro hombre en La Habana, un clásico del género de espionaje.  Y por supuesto, es visita obligada el Gran Teatro de La Habana, que en su vestíbulo tiene un busto del poeta andaluz Federico García Lorca, muy querido por los cubanos. Desde 1950, es la sede del Ballet Nacional de Cuba, orgullo del país caribeño.

Cuba iba bien, hasta que llegó la pandemia. Los científicos cubanos dieron un ejemplo al mundo, desarrollando la vacuna Soberana, pero el bloqueo les impide conseguir jeringuillas para salvar vidas. Y para colmo, el coronavirus ha golpeado duramente al sector turístico, su principal fuente de divisas. Es lo que ha aprovechado la CÍA para desestabilizar, una vez más, a su incómodo vecino del sur. Todos pensábamos que el nuevo presidente Jon Biden sería como Obama, que hizo un acercamiento a La Habana. Esperábamos que Biden fuera sensible a la última votación de la ONU, en la que 184 países votaron contra el bloqueo, 3 se abstuvieron y sólo 2 votaron a favor. Pero de momento, se está comportando como sucesor de Donald Trump. Biden también ignora el llamamiento de la ONU para poner fin a un bloqueo que lleva más de 60 años castigando sin piedad a los once millones de personas que viven en la isla, lo que supone una violación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Eso sí, el pueblo de Cuba está dando al mundo un ejemplo de dignidad, solidaridad y resistencia.