Salud mental y exclusión social

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Con toda seguridad puedo afirmar que uno de los problemas que he conocido y que más me ha impactado a lo largo de los años, ha sido la situación de los enfermos mentales, tanto en Andalucía como en el resto de España. Cierto que tiene una dimensión universal en continuo crecimiento como afirman diversos estudios de la OMS (La Organización Mundial de la Salud). Llevo lustros reclamando recursos para este colectivo desde todas las tribunas posibles: Parlamento, medios de comunicación, publicaciones, conferencias… Es verdad que ha habido avances  pero en tiempos de crisis (económica y de valores) no está mal insistir en el derecho a la salud como una prioridad de cualquier acción política.

Aunque es arriesgado hablar de estadísticas, me parece oportuno señalar algunos datos para comprender las dimensiones del tema. Según la Sociedad Española de Psiquiatría, la prevalencia de las enfermedades mentales se sitúa entre el 20 y el 25% de los españoles, lo que se traduce en más de once millones de afectados por trastornos mentales. La OMS se refiere a los mencionados trastornos como la primera causa de discapacidad en el mundo. Los tipos más frecuentes son: esquizofrenias, bipolaridad, fobias, y obsesiones. En España hay aproximadamente más de cuatrocientas mil personas que padecen algún tipo de esquizofrenia.

Conviene, no obstante, hacer algunas consideraciones para evitar confusiones. Afirmo con rotundidad que la enfermedad mental puede curarse, o al menos, controlarse para llevar una vida normal. Una combinación adecuada de fármacos y terapia conduce a una liberación personal intensa. No hablo por hablar, he conocido a muchas personas “normalizadas” tras haber sufrido la crueldad de esta enfermedad en sus múltiples manifestaciones. También quiero destacar el esfuerzo de los pacientes por recuperarse. Es encomiable el día a día de muchos de ellos, personas que hacen lo imposible por derrotar a un mal muy difícil de reconocer cuando alguien lo padece. Es bueno y justo destacar la labor de los terapeutas, que buscan alternativas humanas que no siempre están contempladas en los programas y proyectos de las administraciones públicas, en Andalucía el Doctor Leopoldo de Molina ha sido un referente. No olvido a los educadores, personal de enfermería y asociaciones de ayuda a estos enfermos.

El año 1984 se inicia la llamada Reforma Psiquiátrica que apostaba por un modelo comunitario frente a los terribles manicomios. Ha tenido resultados positivos, pero sin olvidar que muchos de los recursos previstos no se pusieron en marcha por dogmatismo de las administraciones o por falta de presupuestos. Esas son las razones de las carencias que tiene el sistema sanitario en un momento de crecimiento de la enfermedad mental. Se crean así grupos de personas a los que no llegan las prestaciones del sistema: seres humanos que viven en las calles sin atención psiquiátrica cuando muchos de ellos la necesitan, son los “sin techo “ o “sin hogar”; personas que viven solas y nadie las atiende en su desvarío; presos…

Estos excluidos tienen los mismos derechos que los demás, pero las administraciones se los niegan, con lo cual su sufrimiento continúa.