Salvar el litoral

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Probablemente el litoral andaluz sea uno de los bienes naturales más valiosos de los que disponemos. Se trata de 886 kilómetros de costas atlánticas que componen un paisaje inolvidable para cualquiera que lo conozca. No es casual la atracción que ejerce en las retinas de millones de residentes y de visitantes.

Pues bien, ese litoral no sería el mismo si no hubiera sufrido el proceso depredador al que se le ha sometido desde el urbanismo más disparatado. Presión sin descanso desde los 60, vulneraciones continuas de las leyes de costas, intereses hosteleros, mafias público-privadas corruptas y, sobre todo, las reglas de dinero y el negocio por encima de cualquier otra consideración. Todos conocemos pruebas fehacientes de esta situación de descontrol especulativo.

Tampoco nuestro litoral sería el mismo, sin el compromiso y la acción de las personas que integran las filas del ecologismo social en Andalucía. Es quizá uno de los movimientos sociales más interesantes y menos conocido en estos tiempos donde el exceso informativo provoca el vacío del conocimiento. Y eso que en los últimos días hemos podido conocer otro de sus –no pocos ni pequeños- éxitos socioambientales. La Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo ha confirmado la nulidad del acuerdo del Pleno del Ayuntamiento de Tarifa (Cádiz) de 29 de mayo de 2012 por el que se aprobó el Plan Parcial SL1 Valdevaqueros. Ecologistas: 1 – Especuladores: 0.

La omisión del procedimiento de evaluación ambiental y el informe desfavorable emitido por la Dirección General de Carreteras han sido admitidas como causas de nulidad del instrumento urbanístico impugnado y por ello debe ejecutarse la garantía hipotecaria constituida. En esta ocasión, los especuladores no han obtenido una resolución favorable en los Tribunales. Dice la sentencia que el Ayuntamiento incumplió su deber de comprobar el cumplimiento de los requisitos establecidos en las normas de aplicación. Y nos encontramos así ante la enésima ocasión donde el poder del ladrillo se pretendía imponer al sentido común. Y ahí estaban ellos, los “ecologistas”, ese colectivo social –tan en no pocas ocasiones criticado y desprestigiado socialmente- vigilante de cada tropelía ambiental. Canteras, plantas de residuos, vertidos, minas, vías pecuarias, flora y fauna, etc. son el día a día de ese grupo de expertos que desde su compromiso con el territorio dan todas las batallas en beneficio de los demás. De las generaciones presentes y de las futuras.

Los andaluces les debemos que nuestro aire no esté tan sucio, nuestras aguas menos negras, nuestros suelos menos erosionados y nuestro litoral menos agredido. El movimiento ecologista ha vuelto a escribir una página de éxito en la historia contemporánea de Andalucía. Y lo mejor de todo es que lo volverán a hacer.