Prólogo de «Una aproximación al capitalismo andaluz»

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Cada vez es más evidente que vivimos en un mundo que atraviesa una profunda crisis, en el que, según la frase tantas veces citada, lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer. Un mundo en el que el marco de referencia establecido por la ideología dominante no solo no nos sirve para orientarnos, sino que nos aleja de la realidad, nos confunde en medio de un “orden” que se tambalea y genera problemas que no es capaz de resolver.

Esta es una crisis que va mucho más allá de lo económico y que hunde sus raíces en la manera de entender la vida y de vivir propia de la civilización occidental o industrial. Una civilización construida desde la mirada y los intereses del hombre, blanco, del norte, perteneciente a una élite económica y de poder, que en lo ideológico se sostiene sobre los presupuestos o relatos de la modernidad, el progreso, el crecimiento o la tecnolatría; relatos que encubren las principales formas de explotación y dominación dentro de este “orden” patriarcal, capitalista y colonial. Referido este último término no al régimen jurídico-político de las administraciones coloniales, que ha dejado de existir, sino a un patrón de relaciones jerárquicas de dominación -económica, política y cultural- sobre los pueblos del Sur ejercida desde un Norte que continúa en gran medida desempeñando el papel de metrópolis.

Este distanciamiento entre el mapa y la realidad, entre lo que pasa y lo que se nos dice que pasa, se ahonda especialmente en el terreno de lo económico, que es desde donde en este “orden” se gobierna todo lo demás. De modo que el discurso de la economía convencional niega las diferentes formas de dominación sobre todo utilizando la trampa o el velo de lo monetario; un velo tras el que se confunde la creación o producción de riqueza con la producción de valor o aparición de dinero.

La ideología económica dominante, presentada con ropajes científicos, ilumina con su foco al dinero y deja a oscuras todo lo demás. Es una visión estrecha de lo económico que elimina elementos centrales del escenario, como el poder, y en general los costes sociales y ecológicos de los procesos económicos; de esta forma, el discurso elaborado desde la economía se convierte en legitimación y justificación de un statu quo repleto de agresiones a la naturaleza y de relaciones de dominación y apropiación de riqueza que acrecientan la polarización social y nos aproximan con celeridad creciente a un abismo social y ecológico.

Con cuatro fuentes principales de dominación que traducen el conflicto abierto y recrudecido de forma cada vez más insostenible entre el capital y la vida: la explotación del trabajo asalariado, dependiente y servil, la dominación de la naturaleza y la de los pueblos del Sur, como Andalucía, que se dedican a exportarla (a través de actividades extractivas como la agricultura intensiva, el turismo de masas o la extracción minera). Además de la explotación de la mujer, a la que se asignan los trabajos de cuidados localizados por el sistema económico fuera de lo que se entiende como esfera “productiva”, aunque sean esenciales para la reproducción de los procesos de acumulación de capital. Afianzándose así, como condición necesaria para la expansión del capitalismo, “la subhumanidad de los cuerpos racializados y sexualizados”, al decir de Boaventura de Souza.

Un conflicto entre el capital y la vida que se oculta con el uso de categorías de pensamiento como las de producción (de valor), riqueza, dinero, trabajo, crecimiento, desarrollo, … un tejido de conceptos que se presentan como universales y ahistóricos, con los que se configura la noción de sistema económico y sobre los que reposa la ideología dominante. Nociones y conceptos aceptados y utilizados no sólo por las corrientes de pensamiento más conservadoras sino también por las corrientes críticas de la izquierda tradicional, que de esta forma terminan comulgando con la ideología económica dominante y desviando las críticas de los verdaderos problemas de fondo. Anulándose así la posibilidad de concebir o poner en marcha procesos transformadores o emancipatorios que puedan apuntar hacia horizontes distintos a los que conlleva el mantenimiento y la reproducción del “orden” establecido.

Para impugnar este “orden” hay que situarse fuera de ese marco conceptual que lo sostiene. Mientras sigamos ahí estamos interpretando el mundo desde la mirada del amo; por eso, es imprescindible situar nuestra mirada fuera del dominio, fuera de la casa del amo, un dominio donde los relatos se construyen para engordar su poder y mantener sus privilegios. Es necesario abandonar, deconstruir, “demoler ese aparato conceptual al uso para situarse fuera de sus márgenes”, en palabras de José Manuel Naredo. Una necesidad que adquiere especial relevancia en el caso de realidades como Andalucía, atravesadas por su condición subalterna y dependiente asociada a su especialización, al papel del Sur como área de extracción, apropiación y vertidos al servicio del Norte; un papel que se oculta si utilizamos la ideología económica dominante.

Oscar García Jurado viene trabajando hace ya años sobre la economía andaluza desde fuera de la casa del amo; desde ahí ha sido escrito este libro. Desde el pensamiento crítico que se genera en la zona del no ser en la que se sitúa Andalucía dentro del sistema socioeconómico vigente; desde la subalternidad de la que emerge la fuente desde donde aquí se mira: la cultura andaluza. Una cultura que resulta de una experiencia colectiva de opresión interna y externa que tiene un fuerte potencial de liberación; una manera de entender la vida y de vivir radicalmente antisistema, como el mismo Oscar García Jurado nos muestra en otro texto: «En la raíz de un olivo. Cantes y cuentos económicos«, donde se pone de manifiesto cómo a través de las letras del flamenco, desde más allá de los márgenes, por medio de esta expresión cultural resultado de un proceso histórico, de una experiencia, de un saber popular, se despliega una crítica radical y una inversión de los valores dominantes en el modo imperial de vivir y entender la vida propio de la civilización industrial.

Desde esa mirada extramuros con la que se ha elaborado este libro, en una primera parte del mismo se presenta una síntesis del proceso histórico que ha desembocado en la situación actual de Andalucía. Haciéndose explícita la especificidad, el carácter peculiar de una experiencia colectiva que da lugar a una identidad histórica que, como señalaba Antonio Domínguez Ortiz en 1976, es el soporte de la Andalucía de hoy. Desde la ideología dominante, con las gafas del amo se niega esta identidad histórica considerando a Andalucía como una parte del escenario en el que discurre la “historia de España”. Una manera de negar nuestra existencia como pueblo.

Por otro lado, en el ámbito económico, el relato del desarrollo supone que la situación de Andalucía es un estado incompleto, imperfecto, inacabado, en ese camino único por el que deben transitar todas las sociedades para llegar a ser a imagen y semejanza de los que han alcanzado la meta del desarrollo. Lo importante en esta creencia es constatar la situación de “atraso”, sin que tenga interés la causa ni el proceso histórico por el que se llegó a esa situación. Por eso, el “subdesarrollo”, denominación empleada durante mucho tiempo para las realidades del Sur, no se entiende como el resultado de circunstancias históricas que es necesario conocer, sino como un estado del que lo importante es constatar que está ahí, aparentemente sin causa, o sin que ésta tenga especial interés. De hecho, subdesarrollar es un verbo intransitivo con un sentido pasivo de tal modo que la función a la que se refiere no puede ser atribuida a ningún sujeto que la desempeñe. Mientras que cuando utilizamos el verbo colonizar hay un sujeto que coloniza a otro, se presupone que nadie puede subdesarrollar a nadie. Otro modo de enmascarar quiénes somos.

La síntesis de la historia de Andalucía que encontramos en el libro de Oscar García Jurado, entre otras cosas desmonta el relato del “atraso” andaluz, recalcándose la idea de que no somos, como se nos dice desde la visión dominante, una economía atrasada; somos, por nuestro papel de economía primaria al servicio de otras economías, una realidad subalterna, o, como decía Eduardo Galeano para los países de América Latina, la economía andaluza viene desempeñando el papel de sirvienta para las metrópolis del Norte. En esta misma dirección, por la función que cumplimos somos, como señalaba José Luis Sampedro refiriéndose a los pueblos “subdesarrollados”, “una segregación del desarrollo, como el banquete segrega sus basuras”. Una subalternidad que trasciende lo económico para instalarse profundamente en lo político y en lo cultural.

Desmontar la idea de “atraso” es fundamental para que podamos adquirir conciencia de quienes somos y para que acertemos en el diagnóstico de la realidad andaluza, condición esta imprescindible para poder vislumbrar nuevos caminos o “vereas”, como se dice en el libro, que estén en consonancia con lo que Andalucía y el mundo necesitan. Porque el diagnóstico del “atraso”, además de desorientarnos y afianzar en nosotros la idea de que nuestro destino consiste en tratar de ser a imagen y semejanza de otros, para lo cual la primera condición es que dejemos de ser lo que somos, nos sumerge en la búsqueda de una salida que en lugar de aproximarnos a la situación de las economías centrales nos va alejando de ellas, profundizando nuestra situación de dependencia y marginación. Es la salida que nos propone el sistema: el crecimiento económico. Para salir del “atraso”, se nos dice, hay que aumentar el valor monetario del PIB -crecer-, a la máxima velocidad posible. Pero, como también se insiste en el texto de Oscar, en la medida en que el crecimiento aquí se apoya en las actividades primarias extractivas, en lugar de sacarnos del hoyo el crecimiento nos va hundiendo cada vez más en él, acentuando nuestra posición desventajosa.

Esta conclusión es la que se ratifica con todos los argumentos que se despliegan en la segunda parte del libro, donde se hace una aproximación a la situación actual de la economía en Andalucía analizando las repercusiones en la estructura económica andaluza de fenómenos como la financiarización, el control de los sectores estratégicos por las grandes corporaciones, o los nuevos amos del campo andaluz, epígrafe éste donde se ponen de relieve los efectos de la llegada de grandes fondos de inversión que directamente se apropian, bajo formas especulativas, de la riqueza generada en los campos andaluces. Una cuestión esta última que en lugar de sorprendernos como si fuera algo raro por no deseable, tendríamos que considerar como una última etapa de este “progreso retrógrado” hacia el que llevan a Andalucía la modernidad y el capitalismo. Como nos enseña nuestra experiencia histórica, para los andaluces modernización ha venido siendo durante siglos sinónimo de profundizar en la adaptación a necesidades ajenas, con consecuencias y costes que van viéndose agravados con el tiempo.

Por este camino nos lleva el libro a su tercera y última parte, donde, en sintonía con el diagnóstico que antes se ha realizado, se presentan elementos para una estrategia transformadora para Andalucía. En relación con este capítulo me gustaría resaltar aquí tres aspectos.

En primer lugar, la cuestión de dónde se sitúan todas las propuestas que se hacen en el texto. Las actuaciones que nos propone el autor están fuera de la lógica del lucro y la acumulación de capital. Es en gran medida lo que ya proponía Blas Infante hace más de un siglo, cuando su diagnóstico para Andalucía fue simple y profundo a la vez: “la miseria es hija del acaparamiento de tierras”. Equivalente hoy a decir: la pobreza de muchos está provocada por el enriquecimiento de unos pocos. En consonancia, su propuesta conllevaba que para acabar con la pobreza había que construir una economía lejos de las formas de acumulación que la habían provocado. En esta dirección se mueve la estrategia planteada en el libro por Oscar García Jurado.

En segundo lugar, las propuestas son el resultado de trascender el aparato conceptual y sistémico imperante en la ideología económica dominante. Un ejemplo es el del concepto de trabajo, que lejos de reducirse al trabajo remunerado, asalariado o dependiente, se propone como un concepto más amplio, incluyendo todo tipo de tareas que se propongan la satisfacción de necesidades humanas, entre las que ocupan un lugar preeminente las tareas de cuidados, hasta ahora desempeñadas mayoritariamente por mujeres, constituyendo un ámbito de explotación invisibilizado al estar excluido de lo monetario, es decir de lo “productivo” y por tanto de lo económico, a pesar de que resulte esencial para el funcionamiento del sistema. Planteándose lógicas transformadoras que promuevan “el valor de uso, el trabajo autogestionario y la propiedad colectiva-comunitaria, con el objetivo de mejorar y enriquecer la vida”.

En tercer lugar, quiero destacar que no sólo en esta parte, sino a lo largo de todo el libro rezuma una idea que a la vez que es esencial invierte el orden de la mirada dominante: la economía es parte de una cultura. La economía al uso es una creación de la mente humana, una invención resultante de relaciones de poder que imponen una manera de entenderla y practicarla. Es el producto de una cultura. La economía dominante es resultado de la cultura dominante y no algo que obedezca a leyes objetivas, neutras y universales que se sitúen por encima del bien y del mal. Oscar propone en el libro una economía transformadora desde la mirada de la cultura popular andaluza, que contiene muchos de los rasgos que permiten demoler el tejido conceptual que sostiene a la ideología económica dominante y transitar desde una economía para la acumulación en beneficio de unos pocos y en contra de la mayoría, hacia una economía para el cuidado de la vida.

Esta mirada situada, anclada en Andalucía, desde un nosotros inclusivo, tan necesaria para transformar la realidad andaluza en consonancia con lo que el mundo necesita, se sitúa en las antípodas de una ideología económica que utiliza unas categorías de pensamiento compartidas no sólo por la visión más conservadora sino por gran parte de una izquierda que si quiere salir del impasse en que se encuentra tendrá que revisar y desmontar muchas de sus actuales creencias.

Libros y trabajos como el de Oscar García Jurado suponen una importante contribución para alumbrar el camino y para ayudarnos en Andalucía a entender quiénes somos y de dónde venimos, condición primera e indispensable para que podamos construir una Andalucía más justa, sostenible y solidaria, no sólo en beneficio de sus habitantes sino también como forma de contribuir a que la vida se sitúe en el centro para el resto de los pueblos del mundo.

Sevilla, otoño de 2023.

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