555 disparos

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“La memoria abre expedientes que la ciencia da por archivados”
Walter Benjamin

555 disparos. 15 muertos. 10 guardias civiles investigados. 6 años de proceso judicial. 3 autos de archivo. 2 autos de apertura. 5 acusaciones particulares. 9 personas enterradas en Marruecos, 5 en Ceuta. 1 persona sin identificar.

El pasado 6 de febrero se cumplieron seis años de la tragedia del Tarajal, donde fueron asesinadas al menos 15 personas como consecuencia de las balas de goma que dispararon sobre ellas varios agentes de un operativo de la Guardia Civil cuando intentaban llegar a la orilla a nado. Las cifras anteriores corresponden a los datos aportados por Patricia Fernández, abogada de la Coordinadora de Barrios, una de las acusaciones particulares, en el marco de la VII Marcha al Tarajal, donde expuso la situación actual del caso. Corresponde a la Audiencia Provincial de Ceuta la decisión de archivar el caso definitivamente.

Hace ya seis años que la Playa del Tarajal se erige como lugar simbólico desde el cual visibilizar los duelos, la rabia, la inhumanidad de una necro-frontera que delimita el mar y la tierra para convertirla en espacio de no-derecho. En este lugar se respeta la memoria que la historia oficial silencia. El desafío a lo largo de estos años ha sido trasladar esta Verdad al juzgado, para que se advierta la responsabilidad de quienes actuaron aquella noche, como reconocimiento de que estas muertes eran evitables y como garantía de que nunca más se niegue con impunidad el derecho al auxilio de ninguna persona.

El derecho a la verdad es importante porque si nos detenemos en la idea de cómo el Estado construye y difunde su propia memoria, se advierte como cala en la población hasta el punto de neutralizar e incluso legitimar el uso de la violencia hasta las últimas consecuencias. Que existan tres autos de archivo frente a un hecho que implica la descarga de 555 disparos y que no exista una conmoción social generalizada, solo puede explicarse si las víctimas son inmigrantes sin papeles y los verdugos Guardias Civiles. El discurso de la invasión, de la avalancha, de la guerra cultural y la despersonalización, frente a la exaltación de quienes salvaguardan nuestras fronteras, traslada la idea de que al enemigo se le puede abatir si de ello depende la seguridad de un territorio que consideramos propio. Por algo la unidad que disparó aquella noche es especialista en “control de masas e impermeabilización de la frontera”, según declaraciones del exministro Jorge Fernández Díaz. El derecho a la verdad es importante también, porque en el caso del Tarajal supone un punto de partida: no se trata de concluir de manera justa con un acontecimiento pasado sino que se busca, en adelante, interpretar este tipo de actuaciones como atentados contra la vida de personas que se encuentran en peligro en el mar y que precisan ayuda, y no como mecanismos de disuasión frente a una masa descontrolada que intenta entrar a nado en el territorio español. De qué y de cómo se recuerdan los acontecimientos depende la garantía de que no vuelvan a ocurrir.

La tragedia del Tarajal sirve para que nos planteemos también qué es lo que se necesita
reparar y desde qué lógicas nos situamos para reivindicarlo. Esto lo ilustra muy bien la
compañía de Teatro Sin Papeles que el pasado sábado presentó su obra “Boza! El grito
que derrumba los muros” en el salón de actos del Ayuntamiento de Ceuta. La condena y
el perdón son necesarios, pero ¿qué hay de la recuperación de los proyectos que esta
tragedia ha truncado? ¿Cómo se pena la transmisión de ese trauma a las víctimas
indirectas, en concreto, a los compañeros y compañeras que sí logran cruzar la frontera
y que una vez aquí son olvidados? Es tan grave la deuda de reparación que tiene este
Estado que no solo puede cuantificarse en daños particulares y víctimas concretas, sino
que es preciso que se resuelva mediante mecanismos de dignificación que apunten hacia
el reconocimiento de la memoria y los derechos de todo un colectivo. Hay una parte de
esta tragedia que puede repararse desde la lógica de la contención: resistir hasta que se
haga justicia por los hechos acontecidos el 6 de febrero de 2014. Pero hay otra lógica,
tal vez de transformación, que pasa por la toma de conciencia de que este sistema
político, económico e ideológico precisa de una revisión de sus elementos
fundamentales, los cuales favorecen el mantenimiento de un modelo que acarrea
desigualdad social, fuerza el desplazamiento y mantiene los privilegios de Europa a
partir de la invisibilización de las personas migrantes a uno y otro lado de la frontera. O
en palabras del cantautor Pedro Sosa, que abrieron la VII Marcha al Tarajal: “Para vivir
de rodillas, mejor morir en el agua, ahogarse en las penas hiere y deja llagas que
sangran. Mejor ahogarse en las olas, las olas no dejan marca”.

Por Yves Martin Bilong
Samba Banjai,
Daouda Dakole,
Armand Debordo,
Bikai Luc Firmin,
Naner Roger Chimie,
Larios Fotio,
Youssouf,
Ousmane Kenzo,
Ibrahim Keita,
Jeannot Flame,
Aboubakar Oumarou Maiga,
Joseph Blaise Fotchin.

Y por todas las personas cuyos nombres y apellidos desconocemos.