Almudena Grandes, seguirás viva en tus libros y en nuestro recuerdo

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                        “No hay amor sin admiración” (Almudena Grandes)

Nació en Madrid en 1960, y ha muerto en esa ciudad donde yo nací, a los 61 años, una edad joven todavía, pero el cáncer esa enfermedad asesina no tiene compasión y en muchos casos, no en todos, se muestra implacable, y se lleva a gente valiosísima y queridísima como es el caso de Almudena Grandes.

Ha sido enterrada en el cementerio civil de Madrid, donde quería descansar, y donde duermen entre otros: tres de los cuatro Presidentes de la Primera República: Nicolás Salmerón,  Francisco Pi y Margall y Estanislao Figueras; también Pablo Iglesias, fundador del PSOE y de UGT, Largo Caballero, Julián Besteiro, Dolores Ibárruri, el historiador Américo Castro y el poeta Blas de Otero, entre otras insignes personas.

Al sepelio de Almudena acudieron personalidades de la política y de la cultura, y muchos amigos y admiradores. Entre ellos, el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y el Ex Presidente José Luis Rodríguez Zapatero, Ana Belén y Víctor Manuel, Rosa Torres Pardo, Rosa León; su editor en Tusquets, Juan Cerezo; el historiador Ian Gibson, el cineasta Fernando León de Aranoa, el Gran Wyoming, Joaquín Sabina, amigo de la pareja quien señaló compungido: “Estaba seguro de que nos iba a enterrar a todos porque era una fuerza de l naturaleza”. Muchos de los asistentes portaban algún libro de Almudena Grandes, en señal de reconocimiento y admiración hacia su rica y prolífica obra literaria. En “El lector de Julio Verne”, la segunda novela de “Los episodios…” escribió Almudena: “Esto es una guerra y no se va a acabar nunca. El 16 de julio de 1947, festividad de la Virgen del Carmen… Dos hombres atrincherados dentro de una casa de Valdepeñas de Jaén, a solas con sus armas y las ciento cincuenta mil pesetas que habían reunido para poder marcharse a Francia con sus camaradas, libraban una batalla feroz  contra una compañía entera de la Guardia Civil. Se llamaban Tomás Villén Roldán y José Crispín Pérez, pero hacia muchos años, más de ocho, que nadie les llamaba por sus nombres de pila”.

Tras su muerte, el poeta Benjamín Prado, buen amigo de Almudena y de Luis, busca una palabra para definir a su hermana del alma: generosidad. “Siempre dispuesta a estar siempre ahí para lo que necesitaras”. Hablando de la pareja, dice: “Puede que Dios los criara y puede que fuese otra cosa, pero ellos se juntaron para dar lugar a una pareja memorable, en el terreno literario y en todo lo demás”.

Desde hacía 20años veraneaba en Rota, donde adquirieron una vivienda asomada al azul atlántico. Su pareja, el poeta Luis García Montero le sugirió ese lugar cerca de la playa, donde vive el escritor, poeta y amigo, Felipe Benitez Reyes, quien al enterarse de su muerte escribió de urgencia: “Tenía tanta vida dentro, tanto apego a la vida, que la vida le ha pasado una factura demasiado cruel y demasiado injusta… Almudena que tenía un corazón muy grande, escribió “El corazón helado”, que es como lo tengo ahora, con el frío del dolor muy adentro”. En Rota, su lugar de veraneo, en Punta Candor, por donde solía pasear para luego zambullirse en las aguas y disfrutar del baño atlántico le rindieron un sencillo y emotivo homenaje. Al pie del monolito con el nombre de la Avenida que lleva el nombre de la autora de “Los Aires difíciles”, políticos,  personas de la cultura, y amigos han recordado la figura de la insigne escritora, entre ellos el cantante Javier Ruibal, y los poetas, escritores y amigos de la pareja, Felipe Benitez Reyes y Juan José Téllez, quien recordó que a la escritora no le gustaría la tristeza en su homenaje, y destacó el legado que nos deja con una “larga novela de compromiso y fuerza”. El exalcalde de Rota y amigo de la escritora Domingo Sánchez Rizo, propuso que se nombre a Almudena hija adoptiva de la Villa. El alcalde de Rota, Javier Ruiz, señaló: “La recordaremos como una mujer referente en la literatura, con sed de justicia, de memoria que vio en este “su pueblo” la fuente de inspiración para muchos de sus artículos y novelas”.

Al conocerse la noticia las redes se llenaron de condolencias y de comentarios tristes y alabatorios hacia Almudena Grandes. Personas que tuvieron algún contacto con ella, o cierta amistad se han volcado a recordar anécdotas, momentos, entrevistas, conversaciones, encuentros, y agradecimiento tras la firma de alguno de sus libros. Yo no tuve la oportunidad de conocerla personalmente; sí, a su pareja  Luis García Montero a quien entrevisté en el Ateneo de Mairena del Aljarafe el 24de setiembre de 2015. Cuando acabamos la entrevista, nos tomamos una cervecita, y mi esposa Ángeles Mon, le dijo a Luis, confieso que no conozco mucho tu obra, pero me encanta como escribe tu pareja, Almudena Grandes , y Luis respondió: ¡A mi también!

La directora de “El País”, Pepa Bueno recuerda cuando le ofreció participar en “Hoy por Hoy” de la Cadena SER con una columna sonora que se emitió cada viernes. Almudena aceptó y según Pepa Bueno, no faltó nunca a su cita con los oyentes. “La Almudena que conocí, señala Bueno, ayudó a rellenar los huecos de nuestro conocimiento sobre la historia de España. Esos agujeros negros sobre la vida de los perdedores de la Guerra Civil… ¡Qué boquete deja Almudena, en el periódico, en la literatura y en la vida!”.

Almudena tenía una columna los lunes en el diario “El País”, y en “El País Semanal”. El 10 de octubre nos anunció a sus lectores que hacia un año le habían diagnosticado un cáncer y anunciaba que estaría desaparecida una buena temporada para encerrarse a corregir la VI y última novela “Mariano en el Bidasoa”, con la que cerraría sus “Episodios de una guerra interminable” y que a modo de los “Episodios nacionales” de Benito Pérez Galdós que éste escribió entre 1872 y 1912 (Trafalgar, Bailén, Zaragoza, etc), Almudena ha tratado de plasmar buena parte de lo acontecido tras la Guerra Civil Española (1936-1939) originada por el cruento golpe de Estado de los generales facciosos contra el Gobierno legítimo establecido de la Segunda República. La ambientación de los episodios se sitúa en los años de la posguerra. Almudena diría. “Esta serie de los Episodios me ha devuelto al proyecto de historiadora que fui. La que ha ajustado cuentas es la historia conmigo”. “Para escribir estas novelas, hay que llegar a un equilibrio perfecto entre la libertad creativa y la lealtad a la verdad histórica”. En 2010 apareció el primer volumen de los Episodios, “Inés y la alegría”, ambientado en el Valle de Arán en octubre de 1944. La obra arranca con una cita  del poeta Luis Cernuda de su “Díptico español”:

“Lo real para ti no es esa  España obscena y deprimente/ En la que regenta hoy la canalla,/ Sino esta España viva y siempre noble/ Que Galdós en sus libros ha creado./ De aquella nos consuela y cura esta.” En ese libro Almudena anunciaba ya el plan de la obra completa que había concebido como un edificio arquitectónico con sus diferentes plantas o etapas.  A “Inés y la Alegría”, le seguirían: “El lector de Julio Verne” ambientado en la Sierra Sur de Jaén en el trienio del terror (1947-49); “Las tres bodas de Manolita”, en Madrid (1940-1950); “Los pacientes del doctor García”, donde da cuenta de la red de evasión de dirigentes nazis que dirigió Clara Stauffer y que sitúa entre Madrid y Buenos Aires en los años 1945-1954; “La madre de Frankestein”, novela en la que recoge la agonía y muerte de Aurora Rodríguez Carballeira en el apogeo de la España nacional católica y ambientada en el manicomio de Ciempozuelos, Madrid, entre 1955-56; y la última inacabada o inconclusa de corrección, “Mariano en el Bidasoa”, donde se ocupa de los topos de larga duración, la emigración económica interior y los 25 años de paz que sitúa entre Castuera (Badajoz) y Eibar (Guipúzcoa), en el período 1939-1964.

Estos días tristes en los que el luto y el recuerdo afectuoso han acompañado a miles de lectoras y lectores, que seguíamos a Almudena en su trayectoria literaria y existencial, defendiendo los valores de la izquierda y de la República, ha circulado por las redes un poema de Luis García Montero:

“Como el cuerpo de un hombre derrotado en la nieve,/ con ese mismo invierno que hiela las canciones/ cuando la tarde cae en la radio de un coche/ como los telegramas, como la voz herida/ que cruza los teléfonos nocturnos/ igual que un faro cruza/ por la melancolía de las barcas en tierra/ como las dudas y las incertidumbres,/ como mi silueta en la ventana,/ así duele una noche,/ con ese mismo invierno de cuando tú me faltas,/ con esa misma nieve que me ha dejado en blanco,/ pues todo se me olvida/ si tengo que aprender a recordarte”.