Carnaval y Anarquía

2820

¿Quién no ha escuchado, alguna vez, relacionar al carnaval callejero de Cádiz con la anarquía, con concepciones vitales ácratas o con el pensamiento libertario? ¿Será por su carácter imprevisible, espontáneo, impredecible, novedoso, desordenado, indisciplinado, autosuficiente, independiente, autónomo, libertino, desobediente, rebelde, insumiso… o ingobernable?

Vuelvo a leer estos días, por las redes sociales, que las gentes del carnaval callejero de Cádiz son unos anarquistas, porque muchas de ellas anuncian que, si la pandemia lo permite, van a salir a cantar a la calle en febrero de 2022, aunque el ayuntamiento haya trasladado la fiesta oficial al mes de junio.

Conociendo la fiesta en la calle, se podría afirmar que hay mucho espíritu provocador y ácrata entre estas gentes. Y creo que el “carnaval callejero de Cádiz” sí podría considerarse un claro ejemplo y una buena práctica de la capacidad organizativa autogestionada de una comunidad, desarrollada -al menos- bajo los fundamentos filosóficos del anarquismo. Esto es, una capacidad organizativa colectiva y práctica, autónoma, desinteresada, integradora, respetuosa, incluyente, horizontal, generosa… crítica y creativa.

Así viene demostrándolo desde que resurgiera, tras la dictadura, como contestación y diferenciación de un carnaval oficial sujeto a normas regladas por las instituciones, al concurso de agrupaciones y por las normas, no escritas, de la tradición carnavalesca.

El carnaval callejero depende exclusivamente de lo que sus participantes hagan y decidan mientras lo viven. No hay organización externa por parte de ninguna institución o comisión, no hay límites de participación, no hay preceptos que lo regule, ni acuerdos que lo restrinja, ni entidad que lo represente, ni características que lo definan… no hay horarios, ni lugares establecidos de celebración, ni templos, ni liturgias, ni premisas, ni distintivos… ni obligaciones.

Romancero «El Nombre de la Risa», Carnaval callejero 2016. Foto de Jesús Massó.

Y parece que le va bien así, con sus maneras libertarias y sus principios anarquistas a la hora de vivir la fiesta: libertad de acción y decisión, autonomía, autogestión, democracia y acción directa, respeto y apoyo mutuo… lo que viene a ser: nada de normas, estructuras, autoridad, liderazgos, representantes, mayorías o imposiciones… ni organizativas, ni creativas, ni lúdicas. Todo eso está ahí, en la calle, y con miles de gente disfrutando hasta la madrugada.

Ningún organismo ni comisión, al uso, conseguiría los magníficos resultados de celebración y convivencia, que consiguen la gente y las agrupaciones callejeras desde la autogestión de una fiesta que cada año funciona, evoluciona, sorprende y divierte…

Y así, las calles se llenan de gente y de agrupaciones, que conviven –sin mayores conflictos- y viven la fiesta -cada cual como le venga en gana-; siendo capaces de construir colectivamente, desde los consensos y los respetos -y sin permisos de nadie-, el sentido ácrata de la fiesta de las carnestolendas.

Así lo hicieron, cuando en 1987 decidieron volver a salir un domingo más –al margen del calendario oficial- en lo que vino a llamarse “carnaval chiquito”; o cuando se movilizaron contra el ataque a la libertad de expresión que supuso la represión institucional del carnaval de la calle, aquél carnaval chiquito del 2013, consiguiendo, entre otras cosas y como medida de presión y reivindicación, el llevarse al “exilio” el carnaval de verano durante dos años.1

Históricamente, la fiesta transgresora que disfraza su cotidianidad como desfogue popular y divertimento al margen de lo establecido por la autoridad, sólo responde a un mandato en forma de cita: la toma de la calle el fin de semana antes del comienzo de la cuaresma. Y la fiesta viene cumpliendo su misión catártica mientras se desarrolla al margen de todo ordenamiento institucional. Institución que no puede siquiera cambiar la fecha a una manifestación popular que no convoca, que no depende de ella, ni de nadie en concreto a quien tratar como interlocutor. Una autoridad que sólo tiene dos opciones: aceptar o reprimir su celebración. No cabe ni la regulación, ni el encorsetamiento normativo, pues esto es antagónico al sentido mismo de la fiesta.

El carnaval del próximo año, el que coincide con el miércoles de ceniza, parece que no va a coincidir con la fiesta oficial que el ayuntamiento ha decidido celebrar en junio. Si no hay inclemencias que lo impidan, en 2022 parece que habrá dos carnavales: el de febrero con el carnaval que depende de la gente (carnaval callejero), y el de junio con el que depende de la programación y el presupuesto del ayuntamiento (pregón, quema del dios Momo, cabalgatas, fuegos artificiales, tablaos… “finales” del COAC incluidas).

Si esto ocurre, ¿qué hará el ayuntamiento?… ¿Entenderá que la gente, autónomamente, decida celebrar el carnaval de calle en febrero, aunque no coincida con la “fiesta oficial”? Si es así… ¿facilitará, entonces, los medios municipales (limpieza, protección civil…) y los permisos (horarios, corte de calles…) que favorezcan su celebración? ¿Permitirá estar en la calle, de día y de noche, cantando, bebiendo y comiendo… posibilitando que se desarrolle la fiesta tal cual la conocemos?… O por el contrario, ¿pondrá impedimentos, volviendo a poner en valor la condición de “ilegales” de las agrupaciones callejeras?

Ante esta disyuntiva, este ayuntamiento –sin duda consciente de la condición popular, no regulable, e independiente de este carnaval- debería prepararse como cada año, para si es posible en febrero, apoyar que el carnaval callejero se celebre y que lo haga en las mejores condiciones posibles. Sería lo más acertado para la ciudad y la fiesta.

Las gentes del carnaval callejero, llevan años aportando mucho sentido popular a la fiesta y demostrando mucho sentido común para disfrutar de ella. Muchas agrupaciones callejeras ya están anunciando su intención de cumplir con su cita anual echándose a la calle en febrero. Si no hay inclemencias sanitarias, ni autoridades que lo impidan, saldrán disfrazados a cantar (con las coplas que tengan), y a beber, a comer, a reír y a reírse de todos y de ellos mismos… y las demás, muchas, saldremos a lo mismo, al menos con un disfraz y en la cara dos coloretes pintados.

PD:

Unos días antes que se celebrara el carnaval de 2019 en el Grupo de Lectura de la Biblioteca Social El Adoquín (ubicada en la Peña Los Adoquines de Cádiz) debatimos sobre el texto de Gavin Grindon “El Carnaval contra el Estado y el Capital”, publicado en el libro coordinado por Beltrán Roca “Anarquismo y antropología. Relaciones e influencias mutuas entre la Antropología Social y el pensamiento libertario”.2

A partir de los argumentos y conceptos tratados en dicho texto, se presentó, a modo de poema libre, la siguiente conclusión:

“Carnaval:

fiesta callejera global contra el capitalismo del espectáculo,

fusión radical de la vida y el arte,

materialización de la alegría, la anarquía,

visiones de un mundo boca abajo de un universo patas arriba,

libre,

liberación de la verdad impuesta,

suspensión del orden establecido y sus dogmas,

de todo orden, jerarquía, privilegios y prohibiciones,

insurrección liberadora

donde lo bajo se ríe de lo alto,

esa risa subversiva por la que el mundo del carnaval supera al oficial,

la alegría como regalo que se dona como el amor y la amistad,

en igualdad participada,

regalando creatividad sin espectáculo,

con poesía crítica consciente de la vida,

la poesía hecha y recitada por todas,

la alegría revolucionaria,

la revolución festiva,

sin reglas o la de vivir sin límites,

disfrutando sin restricciones y por el deseo de jugar,

desde la locura natural que surge para romper la hegemonía de la violenta autoridad,

desafío ante la ley,

toma del placer,

provocación, insurrección, anarquía, revolución,

si no puedo bailar no es mi revolución,

si no puedo cantar en la calle no es mi carnaval.”

 

Autoría: Miguel Rodríguez, aficionado al carnaval y miembro de la Biblioteca Social “El Adoquín”.

 

1 https://lanonina.blogspot.com/

2 https://docplayer.es/44696758-Anarquismo-y-antropologia…

 

Artículo anteriorConstruir refugios
Artículo siguienteUn Erasmus para ni-nis
Columnas y monográficos de información relevante a cargo de personas que vale la pena leer. Portal de Andalucía no se hace responsable de las opiniones de las personas que colaboren expresándose, en todo momento, de manera individual.