Aire de calle

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El Gobierno español actual va a tomar el control de la SAREB, es decir, de la Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria. Se creó supuestamente para gestionar y vender los activos problemáticos de las entidades bancarias rescatadas. Todo parece indicar que esta toma de control gubernamental va a aumentar en 35.000 millones los 54.000 que se dan por perdidos de las ayudas a la banca tras la crisis de 2008. Total: 89.000 millones de euros. El neoliberalismo no es menos Estado, sino Estado sólo para el capital. El principal responsable de todo es Luis de Guindos, vicepresidente del BCE y exministro de Economía del PP. El actual gobierno español asumen el fiasco, según la prensa oficial, legitiman el saqueo, se podría decir con fines más esclarecedores.

Los datos actualizados el 9 de diciembre de 2021 indican que el gasto público en el Ingreso Mínimo vital fue de 32 millones de euros. En total. Los datos comparados, 32 frente a 89.000, indican lo que importa la vida de la gente para el neoliberalismo y ministros como Luis de Guindos o Nadia Calviño. Distintos partidos, idénticas preferencias.

Lo «histórico», por tanto, no parece que sea «el escudo social» con el que ciertos líderes se escudaban y proclamaban su «progresismo», sino el «escudo al robo bancario», que nunca ha sido ni será proclamado. Lo permanente es la finalidad de la política económica del régimen político y económico en el que vivimos: la acumulación de capital generadora de desigualdad e injusticia, con el Estado como valedor esencial. La política económica del actual régimen político español y europeo tiene una base clara: asignarán recursos al capital, regularán a favor del capital, sea cual sea el color político partidista. El neoliberalismo es neointervencionismo con base en un autoritarismo democrático. Los índices de desigualdad aumentan y aumentan y aumentan. «Para qué tanto llover si mis ojos tengo secos de sembrar y no coger», dice la letra flamenca.

Quien define gana, y viceversa

El concepto o definición se adapta a las necesidades del Poder. Así, «Neoliberalismo» es menos estado y los «escudos» del progresismo custodiaban o la gente, no a los bancos. «Sostenible» será aquello que pueda ser la energía nuclear; o la carne de cerdos en granjas de acumulación animal. «Indefinido» será un contrato temporal más caro de incumplir por el empresario. «Justo» en grado «supremo», aquello que deciden (normalmente) hombres, con pasado (casi siempre) franquista, vestidos con toga. «Revolucionario», un nuevo sistema de libretas de crédito.

«Población activa» puede ser alguien que se va Chicago, a aprender inglés, y que ha sido dado de alta en una empresa de su papá; «población pasiva» son definidas tantas y tantas mujeres «amas de casa» que no trabajan (para un empresario). «Parada» quien trabaja sin estar dada de alta; «ocupado» quien dedica su tiempo a explotar a muchas.

«Economía circular» se denomina a aquella que da vueltas para alcanzar un resultado muy antiguo, es decir, recibir subvenciones y ayudas del Estado. La «transición energética» puede ser volver al carbón; pagar a empresas de Florentino Pérez por cuidar a personas puede ser considerado «feminista»; y «progresista» puede ser la reforma de la pensiones propuesta, por lo bajini, por La Caixa.

Lo «verde», «morado», «azul» será siempre según «el cristal con que se mira» pero, claro, el cristal lo colorea el Poder. Lo «puro», ya sea el Flamenco o el chocolate, lo decide quien, en puridad, tenga el poder de definirlo. El crítico mairenista o el dueño de la Nestlé. Si al dueño de la nestlé le gusta el flamenco, tiene grandes posibilidades de imponer qué el es chocolate, y el hasta el flamenco. Y amén.

Y ya que sale «amén», lo que es «pecado» y lo que no, y el castigo que conlleva, en dinero o en oraciones (moral y crematística se han fundido secularmente en los ecónomos), lo estipula quien tiene el poder de asegurarte la vida eterna. ¡Menudo poder! Se llama «religión» y se continúa imponiendo en múltiples facetas a los supuesto gobiernos «democráticos».

Incluso unas elecciones pueden ser definidas «la fiesta de la democracia»; e «informar» lo que lleva haciendo el diario «ABC» desde hace 118 años, y decir que las «noticias falsas» son un fenómeno «novedoso».

Descorrer cortinas

La producción de definiciones legitimadoras del Poder es un fenómeno tan antiguo como el Poder. La cuestión, por tanto, es quién tiene el Poder para atribuir a las palabras los significados que les interesan. Quien define gana. Y, como nos recordó Juan Dorado, quien gana define.

Ante esto, es vital desenmascarar la actual política económica impuesta, no elegida, autoritaria. Es necesaria la crítica, la oposición, la movilización, la visibilización de alternativas. Descorrer cortinas, hacer que vuelva a entrar luz en las oscuras cuevas del poder neoliberal.

Con la izquierda institucional en el gobierno, el robo queda legitimado y las calles continúan vacías. Y, lo que es peor, tanto «socialistas» como «comunistas» ministeriales aceptan el «no hay alternativa» tacheriano. Si esperamos que las soluciones partan de ahí, el saqueo continuará y la «alternativa» neofascista, autoritaria, de extrema derecha, o como se les quiera, llamar crecerá.

Y el gran problema para la inmensa mayoría de la humanidad es la complementariedad del mercado y Pinochet, el fascismo y el capital, esta democracia y Trump, la destrucción medioambiental y el «green deal» o el autoritarismo y la «libre empresa». Las palabras y definiciones del poder, el poder de las palabras, no podrán velar, tapar ni mucho menos solucionar los desastres que se avecinan. Más bien todo lo contrario, los aceleran. Necesitamos aire de calle, alternativas democráticas, ventoleras de pueblo que frenen el huracán neoliberal y su alternativa autoritaria.