El señor Pemán

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Anda la derecha y la extrema derecha, aunque a veces es difícil distinguirlas, gaditanas soliviantadas y con el casco coronado medieval del marqués de Mocorroño de Carlos Mira bien levantado porque el ayuntamiento ha retirado una placa que adornaba la fachada de la casa natal de José María Pemán Pemartín.

Como suele ser habitual el debate, azuzado por la prensa local, alcanza altas cotas de profundidad. Es cierto que esta vez no se ha hecho, todavía, referencia a la necesidad de higiene del alcalde culpable de tal desatino. Un avance respecto a otros anteriores. Incluso un plumilla local apela a la salvaguarda del patrimonio artístico. Parece que cada vez les resulta más difícil defender las bondades de este señor al que algunos pretenden convertir en eximio vate. Aunque eso sí todavía considera presunta la implicación de Pemán con los golpistas de julio de 1936.

Estos días andan rondando mi magín estas preguntas: ¿habrá leído alguno de los ofendiditos por la retirada de la placa la obra de ese señor? Más aún ¿habrá leído alguno el texto de la placa? No voy a entrar en el argumentario que utilizan que es para llorar y que se basa en el rencor a todo lo que no quepa en su mundo mental. Pero como la esperanza es lo último que se pierde me gustaría recordar las circunstancias, motivos y contenido de la colocación de la placa.

Se inauguró el 16 de julio de 1939 en el marco de un homenaje nacional a Pemán celebrado en Cádiz en gratitud a su actuación “en la prensa, en la tribuna y en la ‘radio’ desde todos los rincones de España, explicando el verdadero significado del Golpe de estado nacional y cantando la grandeza y heroísmo del Ejército y de su invicto Caudillo”.  El ayuntamiento gaditano encabezado por Juan de Dios Molina Arroquia, por acuerdo de pleno de 7 de julio de 1939, acordó asumir los gastos.

En consecuencia, la placa no es un homenaje a un escritor, sino al “cantor excelso de la raza hispana” como figura en ella. Es decir, al autor del poema de La bestia y el ángel, de las alocuciones radiofónicas desde la emisora de Jerez y de otros textos en los que justificaba el golpe de Estado, alentaba a la matanza y, ya en 1939, ensalzaba a Francisco Franco. El propio Pemán, en el acto que se celebró por la tarde en el Gran Teatro Falla, dijo que no se merecía el homenaje que recibía por la labor que hubiera hecho durante de guerra. Sólo había cumplido con su deber peleando por Dios y la Patria. Que pronto se dio cuenta de que la lucha era entre el bien y el mal, el ángel y la bestia. No había nada neutro: había que elegir entre lo divino o lo satánico. En su servicio recorrió los caminos de España.

De otro lado, el texto inscrito  recoge el concepto –“raza hispana”- que, con tanto afán, buscó regenerar el psiquiatra Vallejo Nájera que consideraba a los “rojos” causantes de su degeneración.

Por lo tanto pocas dudas caben de que está incursa en el artículo 32 de la Ley 2/2017 de Memoria Democrática de la Junta de Andalucía que considera elementos contrarios a la Memoria Histórica y Democrática “la exhibición pública de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones, como el callejero, inscripciones y otros elementos adosados a edificios públicos o situados en la vía pública, realizados en conmemoración, exaltación o enaltecimiento individual o colectivo del golpe militar de 1936 y del franquismo, de sus dirigentes o de las organizaciones que sustentaron al régimen dictatorial, se considera contraria a la Memoria Democrática de Andalucía y a la dignidad de las víctimas.

Pero por encima de consideraciones jurídicas creo que es indigna de ocupar un espacio público en una sociedad sana.