El valor de la vida y el debate sobre el trabajo

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Canto al espíritu de resistencia para que nos espere un mundo que se gaste más en curar a la gente que en matarla”, así contestaba el trovador cubano Silvio Rodríguez a la pregunta ¿a qué le canta en un mundo crispado? (1).

Sin duda, la cruda realidad del sistema dominante es la constante producción de muerte frente al cuidado de la vida. Por eso, la sección sindical de la CGT en Salvamento Marítimo, entidad pública dedicada a la protección de la vida en el mar, ha tenido que denunciar las condiciones en las que trabaja la tripulación de los barcos de rescate en un contexto de naufragios continuos en las rutas migratorias hacia Europa. ¡Solo tres personas por barco! Un patrón (que lleva la unidad), un mecánico (que se ocupa de los motores) y un marinero, único en la cubierta para proceder a los rescates.  Lo que piden: que en zonas de frontera haya, al menos, dos marineros en cubierta atendiendo a las personas cuyas vidas dependen de ellos. “Que nadie lo olvide, cada vez que vean en la televisión una Salvamar, cuando hay que hacer un rescate, hay un solo tripulante para izar a pulso a 60 personas a la cubierta de un barco”. Escalofriante. Ante esta inasumible situación, la CGT denuncia que “el silencio cuesta vidas” y anuncia movilizaciones. Toda una declaración de intenciones y una muestra de responsabilidad política. La pregunta es, ¿cuánto cuestan estas vidas? Mucho me temo que “menos que la bala que los mata”, que diría Eduardo Galeano, porque hablamos de rescatar la vida de Los Nadies. Hablamos de rescatar la vida de personas “que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folklore. Que no son seres humanos, sino recursos humanos. Que no tienen cara, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica Roja de la prensa local.

Desaparecen, se traga el mar, muchas más embarcaciones de las que se localizan, y cuando algunas son localizadas, los recursos son del todo insuficientes. Nos movemos en el contexto de la necropolítica, concepto acuñado por el camerunés Achille Mbembé para referirse a una concepción de la política en la que las vidas son objeto de cálculo y solo cuentan en la medida en que resultan rentables. Así, si el capitalismo puede prescindir de todas estas personas, ¿para qué gastar dinero en su rescate? Poco importarán las condiciones laborales de los rescatadores si nada importa las vidas de quienes rescatan.

A mi entender, la cuestión denunciada por la sección de la CGT en Salvamento Marítimo tiene mucho que ver con una de las cuestiones que Carlos Taibo apunta en sus escritos sobre la propuesta del Decrecimiento y que pocas veces adquiere la relevancia que debería cuando tratamos de reflexionar sobre la construcción de modelos alternativos al dominante: ¿cómo trabajamos? ¿Para quién trabajamos? Y ¿qué producimos? Preguntas que, sin embargo, pocas veces se plantean los sindicatos dichos mayoritarios (tampoco siempre los “alternativos”), dispuestos a defender un modelo que para la creación y/o mantenimiento de empleo (precario, dependiente y esclavista) necesita de la explotación y del deterioro del patrimonio natural y cultural, como ocurre en Andalucía, con el trabajo en la agricultura intensiva, la extracción de minerales y el turismo de masas.

Abogar por otros modelos que supongan poner la vida y el bienestar en el centro requeriría, como mínimo, hacerse estas preguntas de cómo trabajamos, para quién trabajamos y qué producimos. Preguntarse sobre el sentido y las repercusiones del trabajo que realizamos y de las condiciones en que lo hacemos es fundamental para tener la posibilidad de abrir nuevos caminos.

Desde luego, poner la vida en el centro requiere apoyar, con dinero público, la labor de los barcos de rescate, como también de la sanidad pública, la educación, la vivienda y los cuidados. Supone también suprimir, a muy corto plazo, las ayudas públicas a empresas que nada aportan al común, más allá de precariedad y miseria.

En definitiva, urge poner en valor la vida, la de todas y la de todos. Por ello, la labor de quienes rescatan en el mar es imprescindible. Salvamento Marítimo es imprescindible.

 

(1) https://www.eldiario.es/red/la-playlist-de/silvio-rodriguez-canto-espiritu-resistencia-espere-mundo-gaste-curar-gente-matarla_1_6215954.html