Enhebrar la diversidad

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Sergio Pascual, el que fuera Secretario de Organización de Podemos y actualmente miembro del Consejo Ciudadano Andaluz, resalta en un artículo publicado en El Salto la siguiente idea: «Todo apunta a que lo que realmente requeriría Adelante Andalucía para alcanzar nuevas cotas electorales sería precisamente tiempo y maduración. Tiempo y maduración para realizar con convicción y valentía su ventaja potencial en los campos andalucista, ecologista, laicista y feminista, todos campos que están llamados a ser marcos relevantes de la agenda mediática en futuros pulsos electorales.» El ex diputado en el Congreso por Podemos también expresa, de manera aislada de los demás temas o “campos”, la necesidad de «hacer más sólida, tangible y realista una propuesta alternativa valiente de gobierno para superar el rezago de la economía andaluza y el drama del desempleo.»

En mi opinión, es más necesario que nunca establecer marcos propios que subordinen la agenda mediática a la vida real de la población, a los problemas con los que se enfrentan a diario las mujeres andaluzas, al expolio del medio natural o a la dependencia económica, la subalternidad política y la alienación cultural de Andalucía. Para ello me parece esencial interrelacionar los diversos ámbitos de actuación, dotando de sustrato socioeconómico o contenido material a la diversas temáticas consideradas.

Por lo general, los debates mediáticos y políticos partidistas aíslan estas temáticas y, sobre todo, las desvinculan de los factores socioeconómicos que nos hacen participar en condiciones desiguales. De este modo, el feminismo, el ecologismo o el andalucismo son fácilmente cooptados por el liberalismo, por el capital, por el poder. Aparece entonces el feminismo de Ana Patricia Botín con sus “techos de cristal” y suelos de moqueta; el ecologismo de “Ibertrola” y su energía “verde” o Ecoembes y la economía “circular”; o el andalucismo “por sí” que está dando en las últimas semanas poder municipal a la derecha más retrógrada de la península.

Mientras en los pueblos y ciudades medias y pequeñas andaluzas (el medio rural andaluz existe) el protagonista sea el mal reparto de la renta y la riqueza y el desempleo, los caciques locales  seguirán otorgando el derecho a la existencia. De este modo, las feministas más comprometidas seguirán abandonando sus localidades; aquellas personas que osen reivindicar derechos laborales deberán emigrar y continuar con esta “seña de identidad” andaluz; y el extractivismo de minas y canteras serán asumidas como algo bueno o el mal menor ante la idea de “todo por un empleo”. Igualmente, se nombrarán así mismas como andalucistas las mismas personas que apoyan el extractivismo ecocida o miran hacia otro lado cuando explotan a las mujeres y hombres bajo el imperio del latifundio, el caciquismo y la desigualdad.

¿Se puede ser feminista y no estar en contra del capitalismo? A esta pregunta respondió negativamente Silvia Federici en una entrevista no hace mucho. Tampoco creo que se pueda ser ecologista o andalucista sin crear un sistema diferente pues “el capitalismo crea continuamente jerarquías, formas diferentes de esclavización y desigualdades”. El sistema a transformar no es solo capitalista, sino también heteropatriarcal, colonialista, ecocida, racista. Por tanto, es preciso el diálogo entre las diversas corrientes críticas y movimientos sociales para poder entender la complejidad de la configuración de las distintas formas de dominación que nos matan, explotan, precarizan, empobrecen.

No es un mal momento para poder contar con una organización política partidista que asuma convertirse en una herramienta al servicio de la gente, de los colectivos, de los movimientos sociales y políticos transformadores andaluces. No vendría nada mal poder llevar a las instituciones andaluzas un programa potente de economía social transformadora, ecológica y feminista para Andalucía. Un programa con origen en el necesario esfuerzo de interrelación, afinidad y visión de conjunto que nos aleje de las divisiones funcionales al poder. Esté o no esté en la agenda mediática, sea o no sea un marco relevante en las confrontaciones electorales, es necesario enfrentarse ya, ahora, en Andalucía y Honolulu, al poder económico con este tipo de propuestas que contrarresten al capitalismo más o menos liberal, más o menos estatalista.

“Sola no puedes, con amigas sí”. Con esta máxima de “La bola de cristal” se está intentando crear y fomentar el cooperativismo transformador en Andalucía. Las luchas feministas, ecologistas, laborales, socioeconómicas o por un andalucismo transformador podrían avanzar mejor alejándose del aislamiento y abrazando la interrelación, la unión, la cooperación; trabajando desde la diversidad como un todo en el que la explotación de la mujer, de la naturaleza, de la persona con empleo o de un territorio colonizado como Andalucía sean campos de lucha tomadas como un conjunto, de manera orgánica, y sin subordinaciones ni jerarquías temáticas. Ahí está la dificultad y, al mismo tiempo, el enorme potencial transformador de nuestras luchas enhebradas.

Hay que enhebrar las luchas, las diversas posiciones ante la dominación. Huyamos del simplismo twittero y asumamos la complejidad de nuestra sociedad. Y, sobre todo, salgamos de la trampa de la división.