¿Es menor el mal menor?

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Lxs niñxs de la guardería pública de los Jardines de Murillo de Sevilla ya no pasean por el alcázar para ver pavos reales. La cantidad de visitas turísticas organizadas en el recinto lo hace inviable, pero ¡qué más da! “¡Menos mal que hay turistas!”, nos repiten como un mantra. Los pavos reales y el alcázar que los disfruten exclusivamente otrxs, ¡quienes vengan y paguen por ver todo lo que tenemos pero a lo que, de una u otra manera, se nos va negando el acceso! Sabemos que, como residentes, tenemos entrada gratuita para algunos lugares, pero preferimos hacer otros planes porque sentimos que allí sobramos, que aquello no está para nosotras, que nos incomoda. Se trata solo de un ejemplo “suave” de cómo, mediante la actuación de administraciones, muchas de ellas muy determinadas por inversores privados, cada vez es más cierto que Andalucía se construye sin nosotrxs o, mejor dicho, contra nosotrxs. Para no ser muy bruscas diremos que, como poco, no se nos tiene en cuenta. Pensemos, si no, en la militarización de nuestra tierra, en los niveles de pobreza de nuestros barrios, en los índices de paro juvenil (y no juvenil), en la salud de nuestros ecosistemas y de quienes los habitamos… Con esta situación, parece difícil creer que en los años que llevamos de gobierno autonómico haya primado el bienestar de los andaluces y las andaluzas. Y si ha primado, desde luego, han sido muy torpes.

¿Comenzó todo esto en 2019, es decir, con la llegada de Juan Manuel Moreno Bonilla a la presidencia de la Junta de Andalucía? Evidentemente, no. ¿Qué sentido tiene, entonces, que el principal objetivo – ¿o el único?- de quienes se presentan como alternativa para las próximas elecciones andaluzas sea “quitar a la derecha” y “frenar el fascismo”. ¿De verdad piensan que todos nuestros problemas empezaron hace 2 años? Cierto es que vamos a peor, pero también lo es que llevamos mucho tiempo recorriendo un mismo camino. Durante cuarenta años, fue el partido psocialista el que nos condujo por él; hoy, de manera más acelerada y, por tanto, menos velada, es el gobierno del Partido Popular el que nos lleva al abismo.

¿Por qué no, además de frenar al fascismo (lo que es muy necesario), es también objetivo impedir un nuevo gobierno del PSOE en Andalucía? Liberar a este partido de su responsabilidad sobre la situación de esta tierra es hacernos un flaco favor como andaluces y andaluzas. Me pregunto qué haría hoy el PSOE andaluz, si estuviese gobernando Andalucía, respecto a la reciente llegada de miles de toneladas de residuos tóxicos a Nerva. Recordemos que esta operación ha sido autorizada tanto por la Junta de Andalucía (PP) como por Gobierno Central (PSOE-UP). La certeza es que el PSOE no es ninguna opción de cambio, sino todo lo contrario, es uno de los sanguinarios demiurgos que nos han traído hasta aquí.

A este respecto, me preocupa mucho la visión cortoplacista de los partidos políticos que se presentan como alternativa y que se apuntan al “que viene el lobo”, cuando el lobo lleva tiempo dentro, con distintos disfraces (o siglas), devorando a las ovejas. Como ya escribió en este mismo lugar Antonio Garrido, “aquello tan temido, en parte, ya ocurrió”.

Por otro lado, solo se frena al fascismo y a otras políticas que atentan contra los derechos humanos más básicos (lo que no es monopolio ni de la derecha ni de la ultraderecha) teniendo proyectos realmente alternativos que construyan una agenda con hacias, y no solo contra, lo que conlleva, inevitablemente, no quedarse con lo (supuestamente) menos malo. En este sentido, hoy por hoy, construir hacias es incompatible con cualquier proyecto compartido con el PSOE. ¿Que los hay peores? Evidentemente, pero para transitar por nuevos caminos tengo que abandonar este. Y eso requiere tiempo, tiempo no medible en legislaturas.

¿Son, entonces, los partidos autodefinidos como andalucistas y de izquierda una alternativa de futuro? Más allá de si se presentan juntos o por separado, el hecho es que hoy por hoy no tienen posibilidades de gobierno y, quizás, sea esa su ventaja para construir junto a, no en nombre de, una población organizada en torno a sus (nuestros) problemas más básicos: vivienda, comida, electricidad, trabajo, salud, escuela… La vida, los lugares, no se construyen solo con planes políticos, los lugares también se construyen en lo cotidiano, y eso implica otros tiempos, para los que son necesarias otras dinámicas. Desde luego, no aupar al PSOE es indispensable para contar con un mínimo de credibilidad que incentive iniciar caminos juntxs. El calendario electoral no rige nuestras vidas, aunque algunxs no lo crean.