«Eterna», sobre Gata Cattana

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Recién salido del cine comenzaron a ser escritas estas líneas. Unos días más tarde, concluidas. Sea como fuere, la película documental Eterna, dirigida por Juanma Sayalonga y David Sainz, aún puede verse en diferentes salas de Andalucía (y de otros puntos de España). 90 minutos irrepetibles sobre la infancia, el entorno, el crecimiento o la obra de la andaluza Ana Isabel Gª Llorente, o lo que es lo mismo: Gata Cattana. Y mira que quien esto escribe gusta de ir al cine cada vez que puede…, pero esta cinta es especial. Ciertamente lo es. Por ello, y si pueden, vayan a verla. Se lo recomiendo. Y cuando salgan del pase, mediten sobre lo que el documental les transmite.

Ya hace años, cuando empecé a leer/escuchar acerca de ella (perdonen que escriba en primera persona), y más aún cuando empecé a leer/escuchar/estudiar/sentir/reflexionar sobre sus letras (su música –rap-, sus escritos –poesía-, sus ideas, su filosofía, sus valores, su forma de expresar), me traspasó. Desde entonces, es para mí un referente. (Que lo sea para mí es lo de menos; lo importante es que son miles de almas las que ven en la Gata una bandera que ondear con orgullo). Y el documental es otra gotita más que asienta ese mar de referencia que en mí y en muchos/as más traspasa la obra de la cordobesa (nacida en Adamuz, en mayo de 1991; y con apenas 25 años de edad se nos fue).

Salí de la sala con la sensación de dolor por que Ana ya no está; con la rabia de pensar en lo que podría haber hecho y sido… Pero, al mismo tiempo, sentarte frente al documental siembra en quien lo ve un torrente de ilusión difícil de describir. La ilusión de saber que lo que hizo inspira e inspirará a las gentes del hoy y a las del mañana. La ilusión de que cada vez que se transmite su legado, el sueño de creer en una sociedad mejor se hace más grande. La ilusión de ver cómo su manera de recitar o de rapear engancha a tantos jóvenes, y de observar cómo su mensaje (por ejemplo, acerca de la necesidad de entender el feminismo de una manera actual y nada desfasada, o acerca de la lucha contra las causas injustas, pero, en general, sobre cualquier temática que tocó) se agiganta con el tiempo. Esperanza, se llama eso. Escuchar Banzai o leer La escala de Mohs y No vine a ser carne son pura esperanza, pues lo que Ana hizo riega de sabiduría, conocimiento, COMPROMISO (social, político, artístico), Arte, vanguardia, talento, sensibilidad, capacidad para remover conciencias… De nuevo: esperanza.

Lo dicho, aún se puede asistir a las últimas sesiones de Eterna. No se lo pierdan. Si han de desplazarse algunos kilómetros para llegar a algún cine donde la proyecten, merece la pena. ¡Y a seguir transmitiendo el legado de Gata Cattana!

‘TIENTOS’

«Tenían que venir dos tías a arreglar esta chapuza…

¿Qué coño habéis hecho con el rap?

Andalucía no es USA;

Rabat, Chefchaouen, Marrakech, Ketama, Tánger, Fez, Uarzazat…

Pura mora de Graná, nacía’ en el Califato,

con este acento nazarí danzante que me saco.

Agosto, 46 grados: esto es Marruecos,

los hippies van descalzos, despeina’os sin camiseta.

Ojú cómo aprieta, casi que te arropa,

huelen las macetas de los canis y a bellota.

Debajo la piedra, por si la secreta,

truco o trato, primo, donde dan las toman…

Al final tos’ los caminos van a Roma, ¿sabes?

«No desesperes buscando algo que jamás llegará», diría papá.

Yo estoy rozando cumbres con los dedos,

porque puedo con cualquier ojalá.

(…)».

 

‘COMO AMAN LOS POBRES’

«No aman de igual forma

los ricos y los pobres.

Los pobres aman con las manos.

Los pobres aman en la carne y con gula,

en las peores estampas,

en condiciones famélicas y con

todo en su contra.

Los pobres aman sin bonitos decorados.

Entienden de lunes y de tedios domingueros,

y de gastos imprevistos

de facturas y de angustias

que embisten

mes a mes

a quemarropa.

El amor de los pobres

no sale por la ventana,

aunque el dinero entre

por la puerta

(que nunca entra),

(aunque no haya ventanas).

Los pobres han aprendido

a amarse a oscuras por eso mismo.

Han aprendido a amarse malalimentados,

malvestidos, malqueridos,

porque el hambre agudiza el ingenio

y en sus jardines también crecen las flores

(aunque no haya jardines).

Los pobres han aprendido a aprovechar

los vis a vis, entre jornada y jornada

de trabajo

(aunque no haya trabajo),

y saben darse placeres nunca tasados

de valor incalculable

y han aprendido a disfrutar las circunstancias

y la sopa de sobre,

el viejo colchón y la cuesta de enero.

(…)».

 

‘MAMI, QUE VOY PA’ LA MANI’

«Mami, que yo no soy mala, que aquí los malos son ellos. Tú sabes que no me callo, me miran la cara y se tiran al cuello. Mami, que voy pa’ la mani, que a lo mejor ya no vuelvo, porque ahora soy terrorista si estoy sentadita gritando en el suelo (…)».