¿Necesitan los Carnavales de Cádiz a la Unesco?

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Un amigo, al que echamos mucho de menos, me dijo una vez: “Los Carnavales de Cádiz han sido, son y serán patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, lo diga o no la Unesco”. Por eso, algunas creemos que, antes de embarcarse en efectistas candidaturas y postularse a deseados e interesados galardones, hay motivos para que sosegada y colectivamente, desde las miradas del saber experto y popular, nos cuestionemos si es necesario o prudente que dicha institución le otorgue tal reconocimiento a nuestra fiesta.

Los Carnavales de Cádiz son un bien de gran interés cultural, social y emocional a proteger, especialmente de la desnaturalización que para su peculiaridad y esencia puedan suponer reconocimientos –que a modo de premios innecesarios- aumenten su notoriedad y fama, incidiendo negativamente, entre otros aspectos, en su desarrollo de frágiles equilibrios espacio/temporales.

Aunque el carnaval forme parte, todo el año, de nuestra vida y forma de estar en el mundo… El reconocimiento que se busca de la Unesco es a los Carnavales de Cádiz, esto es, a la fiesta que durante unos diez días al año se produce, más significativamente, en el casco histórico de la ciudad de Cádiz. A diferencia, por ejemplo, del Flamenco que es un patrimonio cultural inmaterial de la humanidad no específico de ninguna fecha concreta del calendario, ni ningún espacio limitado concreto.

Esta importante diferencia convierte a nuestra fiesta en un bien cultural especialmente a proteger desde los recursos legales y herramientas específicas que las gentes e instituciones –locales y andaluzas- deben otorgarle. La figura jurídica de protección de patrimonio “Bien de Interés Cultural” (BIC) ya protege a los Carnavales de Cádiz. La documentación técnica –elaborada por el profesor gaditano, doctor en Antropología Social y Cultural, José María Manjavacas Ruiz- para la incorporación del Carnaval de Cádiz en el Catálogo General del Patrimonio Histórico de Andalucía como Bien de Interés Cultural (tipología de actividad de interés etnológico), es un instrumento -suficiente y potente- para que, desde las distintas administraciones y entidades interesadas y competentes, se pueda proteger y mejorar la celebración de dicha fiesta. Estas medidas autóctonas de protección no provocan los negativos efectos que puedan tener el reconocimiento de la Unesco.

Se antoja necesario que las instituciones promotoras de la candidatura –más allá de su eufórica ilusión- expliquen a la ciudadanía de Cádiz cuál es su reflexión y determinaciones adoptadas y encaminadas a evitar que la inclusión en el catálogo de la Unesco pueda llegar a ser, paradójicamente, un lastre peligroso para el futuro de la fiesta. Bastante hay, estudiado y escrito, sobre las dañinas consecuencias del “efecto llamada” que –a nivel mundial- produjo el reconocimiento de la Unesco en la Fiesta de los Patios Cordobeses. Una fiesta tristemente abandonada por muchos de sus tradicionales y populares artífices –los habitantes de los patios- y, hoy convertida en un evento masificado y desvirtuado para los turistas -“de cola y foto”- consumidores de peculiaridades culturales.

Desde hace unos lustros, los Carnavales de Cádiz son una fiesta de claro arraigo andaluz, para deleite de nuestro pueblo y orgullo de los/as gaditanos/as. Y todas hemos sabido adaptarnos a una cierta masificación de la fiesta que nos obliga, a muchas, a vivirla más entre semana e incluso en algunos espacios privados. Pero cuidado, recuerden los bellos atardeceres que se veían desde el mirador de San Cristobal en el Albaicín granadino… hasta que un tal Bill Clinton lo catalogó como “el más bello atardecer del mundo”.

Mi querido amigo José María Manjavacas Ruiz, desde su conocimiento y sabiduría (léanlo más abajo), siempre advirtió que el pueblo de Cádiz debía estar alerta para que los intereses -económicos, comerciales y turísticos- de particulares, empresas e instituciones no lleguen nunca a desvirtuar y a hacer peligrar a nuestros Carnavales, tal como el pueblo, y solo el pueblo, decida vivirlos.

Hay reconocimientos que los carga el diablo de la mercantilización y el negocio… y, pueden llevarnos a que al final terminemos mirando más por lo que llaman la “industria del carnaval” que por el tan esperado jolgorio mamarracho de las carnestolendas.

Y porque en Cádiz no hay que morir; y mucho menos de éxito por un exceso iluso e ingenuo de chovinismo localista… Ojito!!

Autoría: Miguel Rodríguez, aficionado al carnaval.

Textos de José María Manjavacas:

Patios de Córdoba: cierra una fiesta, abre un negocio. José María Manjavacas Ruiz

 Patrimonialización del Carnaval de Cádiz: entre la mercantilización de la fiesta y la utopía identitaria. José María Manjavacas Ruiz

Carnaval de Cádiz, ¿patrimonio inmaterial? Sí, pero… José María Manjavacas Ruiz