Teletrabajo: un tipo de casatrabajo

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El trabajo es cualquier actividad física o mental que tiene por objeto satisfacer necesidades. El trabajo en casa es muy antiguo. La economía capitalista comenzó así, con trabajo a cambio de salario realizado desde el hogar. El patriarcado sirvió para tapar y minusvalorar el trabajo que no recibía salario, el de cuidados, el realizado por las mujeres.

En Morón de la Frontera, y en otros pueblos de Andalucía, las empresas textiles subcontrataban en la década de 1970-80 tareas a mujeres para que las realizaran en sus casas. Al trabajo de cuidados se sumaban infinitas horas en las máquinas de coser. “Cosetrabajo”, demasiado parecido al teletrabajo. Desgraciadamente. Después «teledirigieron» las fábricas a otros países. Deslocalización, le llamaron. Antes, cuando llegaron a Morón, fue como consecuencia de otra previa deslocalización desde tierras catalanas.

Ayer y hoy, no son pocas las tareas de los «sistemas productivos locales de éxito» que se acercan a esta modalidad de actividad productiva. Los productos de piel y marroquinería de Ubrique, el textil en ciudades medias de Córdoba, Sevilla, Granada, Málaga o Jaén, o el calzado en Valverde del Camino tienen enormes «ventajas comparativas» gracias a los bajos costes, y grandes sufrimientos, que generan estas estrategias. «Aparadoras» o «bolicheras» podrían dar fe de ello si la omertá laboral andaluza se lo permitiera.

Las herramientas digitales controlan a la mano de obra como nunca lo hubiera soñado Frederick Winslow Taylor, el promotor de la «organización científica del trabajo». Taylor, ese ingeniero que confundía las máquinas con personas, o viceversa, y que tuvo y tiene tantos seguidores. Nunca se le diagnosticó enfermedad mental alguna. Sin embargo.

Amazon ha patentado un brazalete que controlará por vibración los movimientos de las manos de una persona empleada y reducirá el tiempo perdido. Google España lleva un par de años implantando una política de empleo, retribuciones y promociones basada en la utilización de algoritmos. Son dos noticias que refuerzan una evidencia: se avanza a gran velocidad en la «trazabilidad del trabajo».

La trazabilidad de un producto se define como el conjunto de procedimientos y herramientas que permiten rastrear el histórico, la ubicación y su trayectoria a lo largo de la cadena de suministros. La trazabilidad, combinado con el troceamiento, son dos rasgos esenciales del trabajo asalariado en la economía capitalista actual, como bien ha indicado Ignacio Muro. Y sus consecuencias son claras: se impone un nuevo taylorismo digital caracterizado por una nueva vuelta de tuerca en la capacidad del sistema para la extracción y capitalización de rutinas y perfiles del trabajo humano.

Así, apenas con un móvil, la empresa puede conocer todo tipo de información sobre la actividad realizada por un «recurso humano», ya se encuentre realizando su tarea en una planta de la empresa o en el salón de su casa; el tiempo dedicado a cada tarea, las calorías que ha perdido (o las que puede llegar a perder si se le aprieta más), el número de cagadas (de todo tipo), etc.

Además, desde casa quedan muy lejos los otros recursos humanos en situaciones similares. Lo que hasta ahora ha venido en llamarse “compañeros de trabajo”. Aislados de ideas compartidas, sufrimientos similares, reivindicaciones colectivas. Lejanías, aislamientos y distancias sociales tan beneficiosas para los beneficios de los beneficiados de siempre. Habrá que crear los telesindicatos. Difícil, claro, si fuera fácil no lo harían.

El teletrabajo deslocaliza centros de actividad económica para el mercado, para el valor de cambio, hacia lugares de cuidados, de reproducción, de trabajos para el valor de uso. De este modo, deslocalizando hacia atrás-dentro, hacia lo oscuro-privado, cumple con su función: nublar la explotación para generar beneficios empresariales.

El aumento del «casatrabajo» significa impulsar el aislamiento para la acumulación. Una más de las múltiples estrategias entorpecedoras de la unión para el reparto, ambas, unión y reparto, imprescindibles para otra economía, para otra vida.