Un espacio para la Historia y contra el mensaje reaccionario en educación: el Museo Andaluz de la Educación

151

El pasado 2 de diciembre, el Museo Andaluz de la Educación (MAE) abrió sus puertas en Alhaurín de la Torre. Se puede decir que Andalucía, tras diversos intentos fallidos, ya cuenta con un espacio físico excelente donde mostrar útiles diversos de su pasado histórico-educativo, tal y como sucede, desde hace muchos años, en Galicia (MUPEGA), en Aragón (Museo Pedagógico de Aragón), en Madrid (Museo de Historia de la Educación Manuel Bartolomé Cossío en la Universidad Complutense) o en Canarias (Museo de la Educación de la Universidad de La Laguna), entre otros. El MAE ha iniciado su andadura con la aportación del fallecido Jesús Asensi, y de José Antonio Mañas, junto con la participación del Ayuntamiento de esa localidad, la Diputación y la Universidad de Málaga. Se pretende que, con el paso del tiempo, se convierta en un espacio de referencia para la memoria educativa del país, con diversas exposiciones permanentes, temporales y salas de conferencias, biblioteca, archivo, proyecciones, etc.

Allí podemos disfrutar de libros de texto o manuales escolares, fotos, material escolar de diversas épocas. Según se afirma en su web, textualmente: “Un espacio que puede entenderse como un medio importante de construcción de la identidad andaluza, del análisis de su historia y de la recuperación de su memoria”.

Efectivamente, conocer y profundizar sobre la Historia de la Educación nos proporciona muchos argumentos para comprender lo que hoy sucede en este polémico, manipulado y, sin embargo, importante, mundo de la enseñanza.

Por un lado, observar esos manuales escolares, los útiles para enseñar, conocer las condiciones de trabajo de los docentes, el tradicional poder omnímodo de la enseñanza privada -especialmente la religiosa-, observar cómo la educación -tanto la obligatoria como la no obligatoria- era un lujo al alcance de unos pocos, hace tan sólo unas pocas décadas, nos lleva a reflexionar sobre las ocultas intenciones de los defensores de la enseñanza del pasado. Esos que repiten el mantra de “la educación de ayer era mucho mejor que la de hoy”. ¿Pero hemos olvidado cómo era realmente la educación andaluza de hace sólo treinta años? Esos nostálgicos del pasado, quienes dibujan un tiempo bucólico que nunca existió, ¿pretenden llevarnos a un sistema educativo donde la privada detentaba todo el poder en favor de las clases acomodadas y, si acaso, en actitud caritativa, esas élites mantenían algunas escuelas para “pobres” para lavar sus conciencias? ¿Hemos arrinconado en nuestra memoria a ese sacerdote que ridiculizaba públicamente a los zurdos porque era la “mano del diablo”? ¿o aquél otro que sólo lograba el aparente “respeto” y “autoridad” con castigos físicos? ¿Hemos olvidado que inacción y desidia de los poderes políticos y eclesiásticos consiguieron que el analfabetismo o la falta de escolarización fueran una realidad en Andalucía hasta hace muy pocos años?

Aún hay alguna reflexión más. La Historia de la Educación nos enseña cómo son los tiempos en este mundo. Nuestro pasado lo revela claramente. Los cambios en educación suceden siempre a muy largo plazo. Vemos aulas de finales del XIX y las comparamos con otras de cuarenta años después y, con la excepción de los elementos políticos más relevantes (retrato del monarca o dictador de turno, por ejemplo) o por la calidad de la imagen (los avances técnicos de la fotografía), es difícil discernir si ese maestro es de una década u otra. La enseñanza cambia muy lentamente… Y, por ello, será difícil que la educación sea una preocupación real del político. Desconfiemos de quien nos dice que va a cambiar el sistema educativo durante su mandato. Ese, o sabe poco -cosa habitual porque son muy raros los casos de ministros/as o consejeros/as provenientes de la docencia no universitaria- o nos tratan como tontos. Ellos trabajan con el corto plazo. Y en educación, cuatro años -una legislatura completa- es muy poco tiempo. Se pueden cambiar pocas cosas en ese periodo. Podremos modificar nombres de asignaturas, quitar unas, poner otras, su número de horas, incluso su legislación, pero ¿eso realmente supone un cambio significativo en la educación? ¿No son variaciones puramente estéticas? ¿Los políticos buscan con ello que los ciudadanos creamos en su voluntad de mejorar la enseñanza?

Pasear por las magníficas salas del Museo Andaluz de la Educación no es tan sólo un bello recorrido para recordar con nuestros hijos la distancia entre su educación y la nuestra. No supone tan sólo ver cómo ellos se sonríen ante un libro de texto “antiguo” que poseían sólo unos pocos o cómo, ante su falta, los docentes ideaban múltiples estrategias, … O recordar esos elementos que parecían inalterables en nuestras aulas… El MAE es un acicate para fortalecer nuestra opinión contra la difusión del mensaje neoliberal y reaccionario en la educación actual. Un revulsivo para el progreso futuro de la enseñanza.