Una historia de verano

1122

Estas notas tienes para mí inevitablemente un fondo de nostalgia e incluyen, en parte, una narración en primera persona. He sido testigo directo del desarrollo turístico salvaje en una de las muchas playas de Andalucía en las que la especulación y el beneficio cortoplacista se han hecho presentes. El análisis político se mezcla aquí con la experiencia personal y, es más, creo que ambos se enriquecen mutuamente en este caso.

Por suerte para mí, es algo que me ha influido para bien; mi niñez se desarrolló en su mayor parte casi en la orilla de una playa andaluza,una de tantas. Estamos hablando de la década de 1970; en 1975, yo tenía 10 años, para que el lector pueda situarse en el tiempo.

Mi playa era una inmensa franja de arena virgen (hablamos de kilómetros) a orillas del Atlántico bordeada por un cordón de dunas, no especialmente altas pero sí inalteradas. Las azucenas de playa (Pancratium maritimum) teñían de blanco las dunas y las perfumaban con un olor muy característico. Los escarabajos de playa (Erodius foryi) correteaban como pequeñas bolitas negras por toda la arena dejando sus marcas inconfundibles.

La zona de mareas era un autentico vergel. Navajas, berberechos, coquinas, caracolas de mar, etc… abundaban en una proporción abrumadora solo posible en una zona casi virgen y no expuesta al pisoteo continuo de los pies turísticos. Todos los días de verano había en nuestra mesa un plato de marisco que nos apañábamos para recoger casi sin esfuerzo, era más un juego que otra cosa. No se recogía más de lo necesario y, no precisamente por una conciencia ecológica precoz que estaba ausente en esos tiempos en niños y niñas de 8-10 años, sino realmente porque sabíamos que al otro día y al siguiente habría más.

Las sombrillas de playa eran algo muy raro de ver. En varios kilómetros se oteaban algunas dispersas y plantadas en medio de los arenales como extrañas setas de colores chillones externas a ese paisaje.

A lo lejos, kilómetros muy lejos para mí,se alzaban algunos edificios destartalados de apartamentos, fruto de la primera tanda de especulación turística que experimentamos en los años 60. Aparecían en la lontananza como manchas de cemento en la conciencia ecológica que en gran parte estaba por venir. Este rincón loco de ladrillos y hormigón era pequeño aún y muy localizado casi en una esquina de una playa que era inmensa. Lo que no podíamos intuir entonces era que no dejaba de ser un aviso del desastre que estaba por venir.

Esta playa resistió a la gran especulación urbanística hasta principios de los noventa. Es entonces cuando comienza la gran locura especulativa con bloques de apartamentos, paseos marítimos y hoteles en primera linea de playa, algo que aquí quería decir en medio de la arena de la playa, dada la anchura que había hasta el agua. Desde entonces hasta nuestros días se ha urbanizado toda la franja de playa (8km), incluyendo terrenos destinados por ley a zonas verdes. No hay metros de “primera linea” sin construir.

Se acabaron las dunas, las azucenas de playa, los escarabajos de playa, las caracolas, cangrejos y navajas. Las coquinas luchan por subsistir ante un mar de turistas que las buscan ávidamente cual tesoro oculto en la arena.

El paisaje de inmensos arenales, en contraste con una mar muy viva que rompía sus olas incesantemente en la orilla y unas puestas de sol que enrojecían el agua y cortaban la respiración, ha desaparecido. La fealdad y el mal gusto de una linea continua de edificios, carreteras, contenedores para basura y coches y más coches es lo que queda ahora para locales y foráneos. Cambiamos un paraíso por un reino de la especulación que acaba con la belleza y la vida.

Hasta aquí una historia contada en primera persona  y vivida de la misma forma. Pero esta misma experiencia tiene su paralelismo en cualquier playa andaluza, con la única salvedad de que el desastre llegaría unos años antes o después.

Pero ¿ha ganado algo Andalucía con todo esto?¿Se ha enriquecido de alguna forma a cambio de permitir que se destroce el valor ecológico y paisajístico en toda la linea de costa? Este es el núcleo y la moraleja de esta historia.

Meliá Hotels International. Empresa hotelera multinacional con sede en Palma de Mallorca  y fundada en 1956. Destacó en 2015 por negarse a suspender un homenaje a Franco en uno de sus hoteles, a pesar de las más de 60.000 firmas recogidas por las asociaciones memorialistas para evitar que se  realizara.

Grupo Barceló. Empresa turística multinacional con sede en Palma de Mallorca y fundada en 1931.

Grupo Iberostar. Empresa turística multinacional con sede en Palma de Mallorca y fundada en 1956.

Riu Hotels & Resorts. Empresa hotelera multinacional con sede en Palma de Mallorca y fundada en 1953.

Estas son algunas de las grandes cadenas hoteleras que operan en nuestras playas. Es claro que faltan muchas más y que no todas van a tener sede en Palma de Mallorca, lo que va a ser muy complicado es encontrar una gran cadena con origen y sede en Andalucía. Vemos claramente aquí como la economía extractiva, base de la economía andaluza, se reproduce en el sector turístico de sol y playa. Los beneficios de toda la especulación turística salen fuera de Andalucía. En el caso del turismo, las materias primas exportadas son nuestra linea de costa, nuestro clima, la gastronomía y el valor ecológico. Como en tantos otros sectores, ponemos la materia prima y la mano de obra barata al servicio de empresas que llevan los beneficios fuera de Andalucía.

Las trabajadoras y trabajadores andaluces somos aquí la mano de obra barata al servicio de los establecimientos hoteleros. Camareros y camareras,limpiadoras de piso, recepcionistas, botones, etc…son los trabajos a los que se puede aspirar. La mayor parte de contratos tienen la categoría de fijos discontinuos, es decir,contrato en vigor durante el tiempo que el hotel abre sus puertas  y después unos meses al paro para volver a rescatarte al inicio de la temporada alta. De esta forma esta asegurado el buen hacer de las y los trabajadores sin necesidad de enseñar a nueva gente cada año y sin arriesgar nada en los meses de temporada baja.

Hay mucho que hacer y pelear en lo referente a condiciones de trabajo en el sector hotelero. Aunque también es verdad, me lo recordaba hace un tiempo un amigo y compañero de luchas, que quizás aquí haya alguna posibilidad de hacerlo porque hay convenios colectivos y si no los hay se pueden exigir. Pero ¿qué ocurre con el resto de negocios de pequeño tamaño que crecen alrededor de los complejos hoteleros o turísticos?

En este tipo de negocios la situación es aún peor. La economía sumergida y la inexistencia de contratos están a la orden del día. Jornadas en hostelería de 15 horas diarias los 7 días de la semana a 2,5 euros la hora no son extrañas. Trabajos de 9-10 horas diarias de las cuales unicamente 2 aparecen en contrato. Gritos y malos modos que intentan suplir la falta de profesionalidad. Todos los veranos hay en nuestras costas un verdadero ejército de trabajadores y trabajadoras en estas condiciones, la mayoría gente muy joven que necesita complementar económicamente sus estudios con un dinero extra ganado en verano.

Si hablamos de apartamentos turísticos, los famosos airbnb que tanto desarrollo han tenido los últimos años, penetramos en un sector opaco en el que es muy fácil tener mano de obra para tareas como limpieza o mantenimiento sin ningún tipo de control y sin contrato. El control aquí es casi imposible.

Esta es parte de la realidad de la clase trabajadora en las costas andaluzas. Es el beneficio que queda en Andalucía. A cambio, nos encontramos una franja costera destrozada a nivel ecológico y paisajístico que nunca volverá a ser lo que fue. Los beneficios de esta especulación salen fuera de Andalucía y aquí queda el hormigón, la contaminación de las costas, los espigones rompeolas que alteran el desarrollo natural de las playas…

No habrá playas como las de mi niñez para las generaciones venideras.

Autoría: Floren Ramírez. Activista social y anticapitalista.