Y la huelga del 18, también por el Puente

Ya contamos la lamentable experiencia protagonizada por la actitud cerril y autoritaria de la Subdelegación del Gobierno de Cádiz en relación con la manifestación del Primero de Mayo. Pues bien, aquello solo fue el capítulo de una saga.

Cumpliendo las amenazas que profirió en prensa, el Subdelegado del Gobierno, Sr. Pacheco, tal y como dijo volvió a prohibir que la manifestación convocada con la huelga prevista para el día de ayer, 18 de junio, discurriera por el Puente. Es un hombre de palabra en lo que a vulnerar derechos fundamentales se refiere.

Los argumentos esgrimidos en esta ocasión han sido de lo más peregrino. Con el tramo de San Fernando abierto al tráfico rodado, el precedente de cumplimiento pacífico y ordenado del reciente Primero de Mayo, esta vez se han aferrado a una suerte de cacería del anarcosindicalista. Y es que está claro, que CGT no está entre las opciones sindicales preferidas por este Subdelegado. Por ello, han recurrido a la intervención policial de varios sprays de pintura y dos litros de alcohol de barbacoa. Tal y como suena. La investigación gubernamental no ha sido capaz de entender ni que en las acampadas delante de las fábricas se come y se cocina (precariamente, y en formato barbacoa, eso sí) ni que las pancartas se pintan con pintura. El material “incautado” constituiría una seria amenaza para incendiar el Puente. Ese es el nivel.

De ahí, que resulte claro que el compromiso con los derechos y libertades públicas fundamentales resulte inexistente. Y que el respeto a las decisiones judiciales ceda ante el autoritarismo desmedido de quien no es capaz de aceptar que no llevaba ninguna razón, no se la dieron y además todos los hechos lo confirmaron. Por eso no es de extrañar que la segunda prohibición también se haya impugnado. Y de ahí, que la sentencia sea, nuevamente, estimatoria para la central sindical CGT. En ocasiones, los Juzgados y Tribunales hacen justicia.

Por tanto, en una jornada de lucha y compromiso como fue la de ayer 18 de junio, donde la continuidad y el  futuro de la planta de Airbus en Puerto Real contó con el apoyo de miles de personas, se volvió a pasar por el Puente. Aunque no le guste al Subdelegado. Y aunque lo prohíba. Y pese a que con su actuación recuerde a los grises y macabros Gobernadores Civiles de épocas pretéritas con cuyo comportamiento de facto homenajea.

La cuestión va mucho más allá del patetismo demostrado por la estrechez de miras de este scout socialista (así se define a sí mismo en las redes sociales). Tiene que ver con una posición gubernamental alineada descaradamente con los intereses patronales y con el plan trazado para convertir a la Bahía de Cádiz únicamente en un “resort” turístico. A ello se presta el “Baden-Powell” gaditano, que mejor haría en leer la Sección 1ª del Capítulo II del Título I de la Constitución, que en seguir ejerciendo de lamebotas de las multinacionales que destruyen el escaso tejido industrial de la Bahía.