Orgullo en andaluz

Los maricones en Andalucía hemos vivido por y en el folclore. Porque este barroquismo no se hace solo. Detrás de este barroquismo hay maricones por un tubo y sin ellos no existiría nada de esto”. (Belial)1

 

 

 

 

 

 

“La Toña y la Malena” o los artistas Carlos Carvento (Córdoba, 1995) y Belial (Hinojos, 1997) posan en su última foto compartida en Instagram. El cordobés viste una torera que deja el pecho al descubierto, pantalón pata de elefante y tacón con aguja de vértigo. El de Hinojos, brazos en jarra, luce un traje de flamenca rojo con grandes lunares negros. Folclore, estética drag, orgullo y disidencia caben en un patio andaluz.

De un tiempo a esta parte, se leen inquietudes acerca de la existencia de un “Nuevo Andalucismo” que recorre las redes y termina por instalarse en algunos frentes del Sur. Hay quienes miran con recelo, por tratarse de un movimiento joven, que rompe con las históricas referencias y dinámicas asociadas al espacio de la izquierda andaluza; quienes directamente lo obvian, puede que por desconocimiento o subestimación, y están también quienes destacan su potencial transformador, en relación con la necesaria tarea de repensar, en el siglo XXI, quiénes son lxs sujetxs del espacio social, político y cultural en Andalucía. En su particular amalgama de conceptos, lecturas y temas clave, en este andalucismo de nueva ola destacan, sobre todo, dos de sus ejes fundamentales: el feminismo –feminismo en andalú- y la expresión de las disidencias sexuales, identitarias o de género.

Sobre el “Reto de ser feminista y nacionalista andaluza”2, hace años que se viene reflexionando, desde una perspectiva decolonial, en torno al papel de las mujeres andaluzas en este contexto, sobre las que Estado y patriarcado –si es que pueden plantearse como conceptos distintos-, ejercen una doble dominación: por razón de género y como parte de un Pueblo andaluz instrumentalizado y subalterno. Espacios como La Poderío (@lapoderio) o el feminismo andaluz de Mar Gallego (@feminismo_andaluz) son hoy proyectos consolidados de referencia en la construcción y reivindicación de un discurso propio, vinculado a la resignificación y puesta en valor de figuras, cotidianidades, saberes y prácticas situadas que nos permitan avanzar en un horizonte de libertad basada en el reconocimiento de la diversidad andaluza.

Ilustración de Annie Knock.

La instrumentalización social y política de elementos asociados al imaginario andaluz, no responde a una dinámica de despojo exclusiva del estado español con respecto a nuestro territorio, ni mucho menos se acota al período de la dictadura franquista, por más que estos dos escenarios resulten paradigmáticos en el fortalecimiento de un discurso de unidad nacional basado en la negación de la singularidad andaluza, también en detrimento de otras pluralidades nacionales al interior del Estado. En un análisis más complejo, cabría preguntarnos también, “a la interna”, en qué sujetos se piensa cuando, en la reivindicación de ciertos imaginarios, se nombra al Pueblo andaluz, y sobre el espacio que ocupan las diversidades en la memoria colectiva de Andalucía. Esto, como cuestiones fundamentales para el establecimiento de un relato consciente con las demandas y necesidades de todas las identidades presentes en el territorio, no pocas veces ausentes en la hoja de ruta de proyectos sociales y políticos para este sur.

En relación con estos cuestionamientos, en esta nueva ola que algunxs denominan “Nuevo Andalucismo”, toman fuerza expresiones emergentes que conectan elementos tradicionales del folclore, la religiosidad y la cultura popular en Andalucía, con una marcada reivindicación de la disidencia sexual. Y esta asociación no es eventual, mucho menos forzada. Más bien, retoma, visibiliza y reconoce un continuo histórico respecto a contribuciones en lo que hoy convenimos que son elementos diferenciales de la sociedad y la cultura andaluza. Artistas como Carlos Carvento (@ccarvento), Belial (@shoutsandbites2), José de Carrillo (@josedecarrillo), Ricardo Pueyo (@ricardopueyo) o Annie Knock (@annieknock), conectan, entre otrxs, con un potente movimiento que propone nuevos espacios de revolución cultural, basados en el lenguaje artístico y en la estrategia de redes. Su relato resulta novedoso en tanto integra las identidades sexuales y de género como elementos conscientes, estructurales e intrínsecos de la expresión del folclore y la cultura popular en Andalucía, no como elementos aislados. Es decir, se considera que la huella de las disidencias se encuentra íntimamente relacionada con la singularidad de espacios culturales como la copla, la Semana Santa, las romerías y otras fiestas populares. Referencias aparentemente dispares, como la Paquera de Córdoba, José Pérez Ocaña, Miguel de Molina o el vestidor de cofradías Juan Manuel Rodríguez Ojeda, forman parte de un universo simbólico que se busca rescatar del silencio, la represión o el exilio histórico, también para resignificarse en demandas y cuestionamientos del presente: “Si como maricón soy válido para bordarte el manto o para vestirte a la Virgen, ¿por qué no puedo hacer mi estación de penitencia de mantilla?”3, se preguntaba Carlos Carvento en una intervención no exenta de polémica en la Semana Santa de Córdoba. Parece claro que el artista hace referencia a determinados espacios en los que sexualidades no normativas adquieren una particular caracterización social, vinculada a oficios tradicionales o roles al interior de acontecimientos públicos y rituales. En este sentido y sin el ánimo de interpretar estas descripciones como unívocas, esta perspectiva ofrece un relato de la cultura popular en Andalucía como marco propicio para reflexionar sobre las contradicciones que presentan las pautas hegemónicas de sexualidad y género. Y al mismo tiempo, ayuda a reparar en el triple mecanismo de caricaturización que opera cuando esta “contradicción” se hace visible: desde la andalufobia, como cultura “anclada en la tradición”, desde el rechazo a la pluma como reflejo de una “masculinidad feminizada” y, en relación con esto último, por un menosprecio hacia experiencias y labores consideradas “de mujeres”.

Pintura de Ricardo Pueyo para revista «Tiempo de Pasión», Semana Santa de Cantillana, 2021.

Frente al avance de los discursos del odio, la homofobia y la transfobia, urge resolver la incorporación de algunas ausencias en el amplio espacio de los movimientos sociales en Andalucía y su visibilización en nuestro propio relato de Pueblo. Esto pasa por el apoyo sin fisuras a proyectos de construcción de historias propias, por el respeto hacia sus propios lenguajes y fórmulas propuestas para la comprensión de la diversidad en el territorio andaluz y por el tejido de alianzas con otros movimientos de base. Este mes del Orgullo LGTBI+, se presenta también como oportunidad para mirar hacia estas experiencias localizadas, como ejercicio crítico con la ocasión festiva y de consumo que representa el 28J en su versión global-capitalista. La Andalucía que imaginamos no es posible sin el reconocimiento entre sus diferentes sujetxs de pertenencia. La libertad de las disidencias, las sexualidades y los cuerpos, es condición imprescindible para la libertad de los pueblos.

*Este artículo se publica con la conformidad de todxs lxs artistas mencionadxs, que han participado en la revisión del texto y en el préstamo de las imágenes que lo ilustran. Por su cariño y su tiempo, gracias.

1 Corto documental “Miarma” Delirio Films, 2019.

2 Sánchez y Filigrana (2017) en https://eltopo.org/el-reto-de-ser-feminista-y-nacionalista-andaluza/

3 En entrevista para Bonjour Seville (12/06/20).