Y los pobres, ¿pa cuándo?

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Nada nuevo bajo el sol. Las administraciones hacen lo de siempre: anunciar a bombo y platillo las medidas sociales para que nadie se quede atrás. No deja de ser propaganda de la de siempre. “Calumnia que algo queda” y ahora “anuncia que algo queda”, en este caso en el imaginario de la población, que si está un poco distraída y no sigue por su cuenta la noticia, acaba creyendo que las medidas anunciadas ya se implementaron. Pero la realidad es otra, detrás de los anuncios propagandísticos no hay, en la mayoría de los casos, nada. Hay muchos ejemplos. Aquí en Andalucía, en 2017, se anunció la Renta Mínima de Inserción Social en Andalucía (RMISA) que sustituye al Ingreso Mínimo de Solidaridad y que “genera un nuevo derecho subjetivo de ciudadanía en nuestra Comunidad Autónoma para una mayor defensa y garantía de la ciudadanía, actuando como elemento impulsor de la integración social y laboral de las personas perceptoras.”. Suena bien, esa es la idea. La realidad es que las solicitudes de estas prestaciones, según se desprende de la memoria RMISA 2018,  fueron 45.889 en el año 2017 y 80.743 en el año 2018. Aunque el Decreto que regula la RMISA diga que el plazo para resolver y notificar la resolución es de dos meses, la realidad es que algunas superan el año. A ese tiempo hay que sumar el de la preparación de los papeles, el de la burocracia absurda destinada a que mucha gente en exclusión se quede por el camino y no llegue siquiera a solicitarla aunque esté en la más absoluta miseria. Las condiciones para acceder, al “nuevo derecho subjetivo de ciudadanía”, son vergonzosas porque debes haber demostrado que no tienes nada y que a pesar de ello, sigues con vida. La partida económica (86.319.748,19€ ejecutados en 2017 y 53.798.279,76€ en 2018) y las solicitudes concedidas (29.337 en 2017 y 17.883 en 2018) son ridículas (250€ sale la media mensual por solicitud concedida) teniendo en cuenta los datos de pobreza y exclusión en Andalucía.  Podemos concluir que lo que llaman “derecho subjetivo de ciudadanía” se concreta en ningunear a quienes menos tienen y más lo necesitan.

Siguiendo en la lógica de la propaganda, hace más de dos semanas la Junta de Andalucía anunció que “facilitará “tarjetas monedero” a las familias más vulnerables frente al Covid-19”. Dicen que serán 17 millones de euros, gestionados por ONGs, para garantizar el consumo de más de 20.000 familias. Además de ser una cantidad ridícula y de que prescinde de los servicios sociales públicos y es una forma encubierta de privatización, tampoco se ha implementado. Pero para mucha gente la Junta ayuda a las personas excluidas con las “tarjetas monedero”. Lo importante, para la Junta, no es lo que se hace sino lo que se anuncia y difunde como verdadero. Otra vez más riéndose en la cara de las personas que menos tienen y más lo necesitan.

Desde que empezó esta crisis del Covid-19, el Gobierno de España ha ido anunciando e implementando medidas. Ninguna dirigida a quienes nada tienen. Nada para las personas y familias que viven en la exclusión. Se lleva hablando meses del Ingreso Mínimo Vital. Aún no se ha aprobado, dicen que será este mes. Cuando se apruebe podremos ver el alcance de la medida, a las personas que llegará y cuáles serán los trámites burocráticos que tendrán que pasar. En cualquier caso será después de más de tres meses con gente en sus casas pasando hambre o evitándolo acudiendo con disciplina y orden a las grandes colas de la caridad. El desamparo no puede ser más real y visible.

¿Por qué no está en la agenda política la implementación de la Renta Básica Universal? ¿Por qué se quiere humillar a las personas pisando su dignidad cuando lo único que necesitan es que se les garanticen las condiciones mínimas para poder vivir? ¿Están esperando, desde el gobierno, que la gente se levante como en el barrio pijo y clasista de Madrid? Aún están a tiempo, aunque ya vayan muy tarde, para implementar de forma inmediata una Renta Básica de Cuarentena para que nadie quede atrás, para que de esta crisis podamos salir todas las personas juntas como si hubiéramos aprendido ya algo de otras situaciones similares porque, como decía Mandela, una nación no debe juzgarse por cómo trata a sus ciudadanos con mejor posición, sino por cómo trata a quienes tienen poco o nada.