14 de abril, compañero

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«A todas aquellas manos que con tanto amor están abriendo la fosa Picoreja.»

 

 

 

Ahí, expuesto sobre la tabla en la que los arqueólogos intentan recomponer tu cuerpo, me es difícil ponerte edad. Los huesos de tus brazos y piernas, que aun parecen fuertes, denotan que eras joven, demasiado joven para morir. Observo tu cráneo perforado por una herida de bala y en la negrura de las  cuencas vacías de tus ojos quisiera reconocer como era tu mirada. En esta lluviosa mañana en la que visito la fosa de la que te han sacado, se adueña de mí la necesidad de saber cómo era tu risa, el tono de tu voz, de conocer tus alegrías veinteañeras, tus dolores apenas estrenados y la lucha que te llevó a la tumba.

Saber cuál era tu nombre, en qué barrio te criaste, con qué amigos festejabas y soñabas, quién era tu madre o tu novia, quién te lloró cuando te asesinaron. Con qué compañeros caíste ese día y quieén quiso que descansaras en un ataúd, rodeado de otros que no tuvieron esa misma suerte.

Lo poco que se de ti es que posiblemente seas compañero, empleado municipal del ayuntamiento de Sevilla. Y eso tambalea de arriba abajo mi  cuerpo, llenándolo de pena y lágrimas.

Cumpliste con el deber con el que yo cumplo hoy, también en el ayuntamiento de Sevilla, de servir a la ciudadanía desde un servicio público. Y aunque seguro que compartimos más cosas, frente a tu cuerpo ultrajado, eso, compañero, me llena de emoción y orgullo.

El botón con letras doradas encontrado entre los restos de tu cuerpo donde se lee el lema municipal de Sevilla, NO&DO, indica que podías ser un Guardia Municipal. Ese botón, que un funesto día cerraste sobre tu pecho, puede ser la primera constatación de la represión franquista sobre los empleados municipales del ayuntamiento tras el golpe militar.

Quizás te dio tiempo de defender la ciudad junto a otros compañeros, fieles a la República, del avance de aquel fascismo del 36 que mordió la ciudad con la rabia de los cuarteles y las sotanas. Quizás fuiste de los primeros en caer, por eso todavía tu cuerpo conserva el botón del uniforme de Guardia Municipal.

Por los datos que tenemos, la represión se cebó con los trabajadores del ayuntamiento de Sevilla. Según investigaciones recientes, 479 empleados municipales fueron represaliados por el nuevo gobierno franquista, que en pocos meses fue encarcelando a unos y  asesinando a otros con una sed de sangre insaciable.

Muchos sufrieron el cese y la depuración de su puesto de trabajo, lo que conllevó condenarlos a la miseria más absoluta. A ellos y a la familia que dependía del sueldo mensual que el trabajador llevaba a casa. Algunos de ellos fueron: José Álvarez, tocólogo del Instituto de maternidad y puericultura. Antonio Andrade, inspector en Parques y Jardines. Aurelio Antón, Guardia municipal como tú. Tránsito Bravo, limpiadora de escuela o María Josefa Barea, portera. Y si, esta larga lista también contempla mujeres.

Otros fueron asesinados sin más, detenidos en sus casas o rondando por las calles, quizás desorientados, buscando un lugar donde esconderse de tanto sinsentido. La cifra ronda 30 personas y los nombres de algunos de ellos son: Manuel León, de treinta y cuatro años, mozo de laboratorio. Ceferino Berloz, de sesenta y dos años, músico de la Banda Municipal. Salvador Castillo, de treinta y nueve años, carpintero. Antonio Castro, treinta y cinco años, guarda encargado de la Biblioteca Infantil. Manuel Galocha, sesenta y tres años, guarda peón del Servicio de Parques y Jardines. Félix Pérez, de cuarenta y siete años, celador del Asilo de Mendicidad de San Fernando o Manuel García, de treinta y dos años, bombero.

También fueron perseguidos y asesinados 14 miembros de la corporación municipal, hombres que habían asumido en esos convulsos años la peligrosa tarea de servir al pueblo desde la entidad pública más cercana a la ciudadanía, el ayuntamiento. Cito algunos de sus nombres: José León Trejo, catedrático de la Universidad de Sevilla y Director de la Escuela Industrial, elegido concejal del Ayuntamiento de Sevilla el 12 de abril de 1931 y miembro de la corporación municipal hasta el 10 de junio de 1936, directivo del Partido Radical de Martínez Barrio y de Unión Republicana en Sevilla. José Ropero Vicente, panadero  de 33 años, concejal desde febrero de 1936, miembro y directivo del Partido Comunista de España en Sevilla. Hipólito Pavón García, obrero, de 41 años, concejal y cuarto Teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Sevilla entre febrero y julio de 1936, miembro del comité provincial de Izquierda Republicana. José Aceituno de la Cámara, médico, de 46 años, presidente de la Agrupación Local del PSOE de Sevilla entre 1929 y 1934, elegido concejal en abril de 1931. Y como no, el alcalde de esta ciudad, Horacio Hermoso Araujo, comerciante, de 35 años de edad, alcalde de Sevilla entre el 26 de febrero y el 18 de julio de 1936 y secretario del comité local de Izquierda Republicana en Sevilla. Fusilado el 29 de septiembre de 1936, a los 35 años de edad. Desde la foto que acompaña las reivindicaciones del movimiento memorialista de la ciudad de Sevilla desde años, nuestro alcalde parece mirarnos con determinación y dulzura al mismo tiempo.

A todos y todas los empleados municipales y a los miembros de la corporación municipal que sufrieron esta dura represión, la actual corporación del ayuntamiento de Sevilla les ha dedicado varios actos de reconocimiento que van logrando sanar las heridas que aún perduran en los familiares y en la ciudadanía sevillana. Me consta que la corporación está realizando con gran esfuerzo en la exhumación de la fosa Picoreja, del cementerio de Sevilla donde es posible que se encuentren los cuerpos de estos compañeros y concejales, y que pueden sumar en total más de mil víctimas provenientes de Sevilla y provincia. Entre ellos, nuestro insigne padre de la matria andaluza, Blas Infante.

Vaya desde aquí mi agradecimiento más sincero al alcalde y a la corporación municipal.

Y hoy, compañero, que el fascismo de nuevo asoma sus asesinas fauces y pasea su desvergonzada lengua por esta ciudad y por este olvidadizo país, hoy quisiera hacerte la promesa de que no te olvidaremos. No es necesario que sepamos tu nombre para llevar tu lucha antifascista por bandera. Por ti, por tus compañeros y compañeras de aquel ayuntamiento del 36, por los que caísteis, por los depurados, por los exiliados y encarcelados. Por vuestras familias. Por los vecinos y vecinas que tuvieron que apretar los dientes y seguir palante, en una Sevilla condenada a la miseria, al hambre y a la falta de libertades.

Ojalá que mis compañeros y compañeras de ahora, de esta corporación del año 2021 conozcan vuestros nombres y vuestra entrega.

Para construir entre todos y todas un muro al fascismo.

No pasarán!

Autoría: Paqui Maqueda Fernández. Familiar de víctima del fascismo y activista de memoria histórica.

14 de Abril 2021, a 75 años de tu asesinato.