Andalucía, ante el Estado plurinacional

242

La dictadura franquista no dio paso a la democracia, sino a un sistema bipartidista de alternancia, conocido también como el régimen del 78, que tenía reservado un lugar subalterno para Andalucía. Más de dos millones de andaluces tuvieron que manifestarse en la calle, el 4 de diciembre de 1977, para reivindicar la autonomía plena que les negaba el nuevo régimen. El entonces gobierno de UCD, dirigido por el antiguo ministro franquista Adolfo Suárez, sólo reconocía a Catalunya, Euskadi y Galicia como nacionalidades históricas y pretendía convertir a Andalucía en una Autonomía de segunda. Legitimaba así el golpe militar de Franco, que había impedido a la República aprobar el Estatuto andaluz, con los mismos derechos que catalanes, vascos y gallegos.

En el conocido como régimen del 78, tuvieron especial protagonismo dos políticos andaluces, Felipe González y Alfonso Guerra, que utilizaron el apoyo de nuestro pueblo para alcanzar el poder central, pues su objetivo no era Andalucía, sino llegar a la Moncloa.Y cuando Manuel García Caparrós fue asesinado, sintieron pánico ante la posibilidad de que surgiera un mártir andalucista, capaz de impulsar la conciencia del pueblo andaluz. Las hermanas de García Caparrós todavía siguen reclamando justicia, pero el policía franquista que asesinó al joven malagueño ha fallecido sin rendir cuentas ante un tribunal, gracias a la Ley de Amnistía del 77, que tanto el PSOE como el PP se niegan a derogar.

El 28 de febrero de 1980, Adolfo Suárez cometió el error de boicotear el referéndum autonómico que él mismo había convocado: «andaluces, éste no es vuestro referéndum», decía la propaganda de UCD, en un nuevo intento de dejar a Andalucía en el furgón de cola. Pero los andaluces volvieron a movilizarse y respondieron al agravio ucedista, votando en las urnas. El PSOE fue el gran beneficiado, pues la torpeza de Suárez despejó el camino de González y Guerra en su carrera hacia la Moncloa. Ante el riesgo de perder su feudo andaluz, el PSOE decidió desactivar el espíritu del 4D y le dio el cambiazo por el 28F, que convirtió en una celebración lúdico-festiva, vaciándola de contenido reivindicativo.

Logrado el Estatuto de Autonomía por el artículo 151 de la Constitución, Andalucía fue reconocida, al menos legalmente, como nacionalidad histórica, en igualdad de condiciones que Catalunya, Euskadi y Galicia. Es decir, ejercimos como pueblo el 4 de diciembre del 77 y el 28 de Febrero del 80, y conseguimos colocar a Andalucía en la primera división del Estado de las Autonomías. ¿Qué ha pasado para perder aquella conciencia de pueblo que dio lugar a las manifestaciones multitudinarias del 77? Pues que los distintos gobiernos del PSOE en la Junta convirtieron este reconocimiento en papel mojado y optaron por anestesiar al pueblo andaluz.

Sólo hubo un socialista con vocación autonomista, el presidente Rafael Escuredo, pero otra vez González y Guerra lo llamaron al orden. Y en vez de crear un partido para defender los intereses de Andalucía, Escuredo abandonó la política y acabó marchándose a Madrid. Le sucedió Rodríguez de la Borbolla, un presidente mediocre conocido como Pepote, y más tarde, Manuel Chaves, que prefería ser ministro de Trabajo en Madrid, antes que presidir la Junta, y acabó siendo presidente andaluz a la fuerza.

Después se produjo el escándalo de los ERE, que se llevó por delante a José Antonio Griñán y a Susana Díaz, poniendo fin a 40 años de hegemonía del PSOE en Andalucía. Y ahora ha llegado la alternancia con el PP, el otro partido del Régimen del 78. Moreno Bonilla, un lobo con piel de cordero, también se ha envuelto en la bandera verdiblanca, pero no para reivindicar una Andalucía Libre, sino para enfrentar a Andalucía contra Catalunya. Y lo hace con la inestimable ayuda de Rojas Marcos, que ha dejado de ser andalucista para ponerse al servicio del partido de los señoritos. Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que Andalucía ha sido gobernada, durante 44 años, por dos partidos centralistas, PSOE y PP, que sólo se acuerdan de la verdiblanca cuando hay elecciones.

Tras las elecciones generales del 23J, Cataluña y Euskadi tienen cada vez más peso en el Estado y están avanzando en el autogobierno. Parece que se está gestando un nuevo modelo territorial y a los andaluces nos han pillado sin representación en el Congreso. En la cámara baja se escucha ya el catalán, el euskera y el gallego. Sin embargo, hay 61 diputados andaluces, pero Andalucía brilla por su ausencia.

Los andaluces no podemos limitarnos a sentir nostalgia de aquellas históricas jornadas del 4D y el 28F. Tenemos que movilizarnos, otra vez, si queremos que nos tengan en cuenta. Tanto la Constitución del 78 como el Estado de las Autonomías están obsoletos, y los pueblos catalán y vasco nos llevan hacia un Estado plurinacional. El pueblo andaluz tiene que tomar conciencia de que es también nacionalidad histórica y defender sus derechos en la nueva organización federal del Estado que viene. Como dice Andalucía Viva: «sólo así dejaremos de ser dependientes en lo económico, subordinados e irrelevantes en lo político y ridiculizados en lo cultural».