Andalucía, tierra propicia para omitir, falsear y someter

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Aún sordos los tímpanos por el inconsciente petardeo navideño que a todas horas estuvo sonando allende cada barrio durante casi un mes; y aún latente la catarata de reencuentros, cariño, ratos de sembraera, pero también de -no nos engañemos- tensos momentos regados por alcohol en los que uno quisiera reventar… Así se despidió 2022 de nuestras vidas, y así, imitando a su hermano predecesor, aterrizó 2023, pisando fuerte: mudo ante interminables casos de desahucios en todo el país, bañado en sangre machista made in Iberia y envuelto en la inquietud en Latinoamérica: el renacer neofascista que muerde a la democracia en Brasil, la represión contra el pueblo peruano, el último experimento de los vampiros del Capitalismo más ultraderechista para, en Argentina y bajo las batutas de Bannon, la CPAC y compañía, desestabilizar otro gobierno e intentar alzar a la presidencia a la última estrella estridente de turno: Milei… (Los años pasan y, tristemente, aquel continente sigue padeciendo el indignante azote que Eduardo Galeano denunciara en su magistral Las venas abiertas de América Latina).

Y entre unas cosas y otras, aquí andamos unas cuántas, poniendo pizquitas de esfuerzo para, en (nuestra) comunidad, tratar de desenmarañar el velo mediático que a diario nos guasea colonizando nuestras azoteas: animándonos a aplaudir (“como pueblo andaluz que somos”…) medallas de Bellas Artes a ganaderías taurinas, induciéndonos a considerar digna de orgullo identitario esa racista y falseada celebración de la Toma de Granada (que cada 2 de enero tiene lugar en la ciudad nazarí), y de otras mil maneras. Así pues, aquí algunas de las ‘joyas’ que nos trajeron -o nos omitieron- las redacciones de prensa, radio y televisión en las últimas semanas:

El llanto de los empresarios de la fresa en Huelva

Como viene siendo tradición los últimos años, la patronal onubense (que dicta los mejores criterios bajos los cuales contratar a trabajadores/as para la recogida de frutos rojos, entendiendo “mejores” como el modo que más beneficios empresariales les puedan a ellos generar, claro, aunque eso no se traduzca en condiciones más justas para quienes trabajan los campos) volvió a quejarse de la falta de mano de obra para la nueva campaña. El variado altavoz mediático de los jefazos de la fresa preconizó sus lamentos. Según ellos, como “los de aquí” no quieren trabajar, no les queda otra que traer a peña de Marruecos u Honduras, ofrecerles ‘x’ condiciones (ya luego verán si las cumplen o no) y así garantizar el producto. Mensaje facilón que cala rápido…

Pero resulta que toda historia alberga, como mínimo, dos voces. Y aunque casi siempre suele quedar silenciada la de quienes menos poder tienen, no será este el caso. Como explicaron en un comunicado del pasado verano las jornaleras de Huelva, el llanto de la patronal esconde otra realidad: la de la plusvalía que para los patronos supone contratar a trabajadorxs procedentes de otros orígenes, las jornadas laborales que a estxs se les promete pero no siempre se cumplen, el obsesivo aumento del PIB y “las ganancias del sector”, el silenciamiento de la lucha de las jornaleras por sus derechos, la humillación, la explotación, los brazos cruzados ante la quema de chabolas donde viven trabajadores/as migrantes, el fomento interesado de un discurso falsario y clasista que echa a pelear a currelantes de aquí con los de allá, el acallamiento de las corrientes que piden el cambio que Andalucía necesita (¡ya!) en cuanto a gestión soberana alimentaria y otros modelos de agricultura… Pero todo esto, que tan bien saben en Europa, cuesta que sea mostrado en nuestras cajas tontas (no así el desvalido grito de socorro del patrono).

Retirar un recurso de inconstitucionalidad que puede dar vía libre al depredador

La ‘Ley Suelo’ (como se conoce la LISTA: Ley para el Impulso de la Sostenibilidad del Territorio de Andalucía) es, por mucho que la vistan de seda, toda una anchísima manga para que la especulación del ladrillo a manos del Capital haga y deshaga a su gusto en nuestro territorio. De ahí que organizaciones políticas, sindicales o ecologistas presentaran hace casi un año un recurso contra dicha ley en el Tribunal Constitucional, el cual fue admitido a trámite. Pues bien, el Consejo de Gobierno andaluz aprobó (oh, sorpresa) a finales de 2022 el reglamento de esta una de sus leyes estelares, tras la reunión celebrada entre Junta y Ejecutivo central (¿a cambio de qué, Gobierno de España?). Y, a renglón seguido, uno de los grupos parlamentarios que forman parte del recurso de inconstitucionalidad (Unidas Podemos) afirmó que, “si la Junta retira los aspectos más lesivos de la ley en materia medioambiental o de las aguas, no tenemos inconveniente en retirar el recurso”

CUIDADO. Pues, son innumerables los antecedentes que demuestran que legislaciones similares a la que nos ocupa significan: «la ocultación de la explotación de los pueblos que se dedican a exportar naturaleza (como es el caso andaluz), la degradación y depredación que sufre el patrimonio natural (nunca contabilizado por los costes de ‘lo monetario, lo económico’), la apropiación desde fuera de la riqueza generada dentro (en este caso, en Andalucía), el encubrimiento de la desigualdad generada por el “libre” mercado, el sometimiento de agricultura/turismo/minería a grandes corporaciones multinacionales, la imposición de condiciones que convierten esas tareas extractivas en las peor remuneradas del sistema, la priorización de la acumulación de capital sobre las necesidades de la realidad social y natural, el enriquecimiento de unos pocos mediante pura especulación, y, en definitiva, que el valor del patrimonio de las grandes fortunas siga multiplicándose a costa de las mayorías» (Manuel Delgado Cabeza). *Para más información, muy interesante el reportaje que realiza la revista La Marea en su último número al ecologista y concejal -del Ayto. de Morón de la Frontera- Isidoro Albarreal.

“Reluce, presi; y persiste, que pronto podrías llegar a La Moncloa”

Cada vez se les escapa menos a los corrillos de periodistas ‘expertos’ en política institucional diestra que lo de Feijóo al frente del PP nacional no es más que un periodo de tránsito para dar tiempo de formación al próximo gran líder del partido. Y aunque todo apunta a que la nueva mesías del conservadurismo patrio será la Aguirre 2.0, la reina del pupulismo trumpista versión hispana (Isabel Díaz Ayuso, claro), bien podría Moreno Bonilla ser el tapado, la sorpresa, adalid del “neoliberalismo moderado y conciliador”… En Génova llevan tiempo fortaleciendo el plan (las encuestas y, sobre todo, las elecciones municipales y autonómicas de mayo dirán quién de los dos deviene en nuevo faro).

Desde luego, al equipo de Bonilla no le falta gancho para ganarse a los medios. La precampaña de las elecciones a la Junta en 2022 trajo una cascada de datos vergonzosos de su gestión que, sin embargo, resultó masivamente ocultada, es decir, ignorada por la opinión pública (o puntualmente visible en determinados medios que, eso sí, tampoco es que llegasen a todos los hogares…). Su gobernar para los ricos, su legislar en favor de la fiscalidad de las rentas altas, su apretar las ratios de los colegios públicos, su herir y herir a los profesionales de los centros médicos del sistema público, sus chin-chin con los gestores de los centros de la privada o sus medidas para dejar anclada Andalucía resultan a todas luces infames. ¿Y entonces? Pues lo dicho, que casi nada de eso llega a las casas. Trucazo. Así pues, desde aquí le auguramos futuro a Juanma en su posible liderazgo de las gaviotas. Por lo pronto, el amaestramiento mediático lo lleva bien aprendido desde San Telmo. (Y su locuaz avanzadilla -Elías Bendodo- ya espera en Madrid).

No “todos los políticos son iguales”

Por mucho que algunos repitan hasta la saciedad esa frase, por supuesto que no todos son iguales. Teresa Rodríguez (Adelante Andalucía) formalizó recientemente su renuncia a seguir en política institucional, por cierto, rechazando los 24.000 euros de cesantía. Seguirá comprometida con el proyecto político, y ligada a él, pero cumplió su palabra. Ejerce ya, desde hace unas fechas, como profesora de Lengua castellana y Literatura en secundaria, en su instituto público de Puerto Real. Pero no es (solo) el hecho del anuncio y lo facto en sí. Es -aun teniendo en cuenta cuanto le faltó por hacer-, la coherencia de lo puesto en marcha, de lo exigido, de lo removido, de lo defendido. Es precisamente ese valor, la coherencia. Nunca lo tuvo fácil. Pero ni ideas ni fuerza le faltaron jamás. Tampoco le faltaron ganas por fomentar la política de (y en) la calle, la de la escucha, la alejada del barro, la de plaza y asamblea, la de cultivar todo eso en los parlamentos…. Al menos, lo intentó. No todos los políticos son iguales. Los hay de todos los tipos (como en todos los desempeños de la vida), y Rodríguez demostró ser de las buenas.

Al cáncer, como todo en la sanidad, se le vence con inversión pública e investigación

Una joven andaluza murió de cáncer. Se llamaba Elena Huelva, y su historia, por mucho que los medios, en su desesperante martilleo infantiloide y cobarde, se hayan empeñado en no hilarla más en profundo, va más allá de la de una chavala que le echó ovarios a la enfermedad, mostrando a través de las redes sociales que nunca se rindió y que siempre luchó. Su historia demuestra que aún más importante que lo anterior es el hecho de que el cáncer no es una guerra que requiera de soldados. Ni una lucha con victorias y derrotas. Ni basta con sonreír y tener buena actitud para vencerla. El cáncer es una enfermedad que requiere de inversión e investigación para prevenirla y para tratarla; que requiere de la defensa y la mejora de la sanidad pública universal; que requiere de que, si hace falta, llenemos las calles para presionar a los gobernantes y reclamarles todo ello. Y si ni siquiera para trasladar a la sociedad ese mensaje surge un mínimo de coraje periodístico en las redacciones, por mucho que desde los despachos de los consejos de administración se prohíba mostrar esa cara (la real) de la noticia, entonces, ¿qué nos queda?