La comparsa “El Patriota” clausuró en Córdoba el XIX Congreso de la Fundación Blas Infante

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Los integrantes de la comparsa “El Patriota”, de Alcalá de Guadaíra, cerraron un círculo ayer, durante la clausura del XIX Congreso de la Fundación Blas Infante, “Los Pilares del Andalucismo”, en el Teatro Góngora, de Córdoba: su personificación del padre de la patria andaluza, que les brindó el tercer premio del Concurso de Agrupaciones Carnavalescas de Cádiz (COAC), en 2026, tomó cuerpo también en un emocionante repertorio que fue aplaudido por el numeroso público que llenaba la sala Polifemo.

“Nos acompañará toda la vida, pero ya está terminando el año del carnaval y esta es una de nuestras últimas actuaciones –aseguraron–. Ya estamos preparado el repertorio del año próximo, en que nos llamaremos ´Los Plateros´”.

Antes de su actuación, que concluyó con la interpretación del himno de Andalucía, con todos los espectadores en pie, tuvo lugar el cierre formal del Congreso, con las intervenciones de Miguel Santiago, secretario del mismo, de Javier Delmás Infante, presidente de la Fundación y de Juan José Giner Casares, vicerrector de Estudiantes, Acceso y Empleabilidad, de la Universidad de Córdoba (UCO), una entidad que ha colaborado activamente en la organización del Congreso.

La última sesión giró en torno a las músicas populares y el andalucismo. El antropólogo Javier Escalera Reyes coordinó una mesa de comunicaciones, en la que su colega Soledad Castillero Quesada se aproximó al “Flamenco, Identidad y Soberanía Cultural: Andalucía como sujeto de su propia expresión”.

“Andalucía se erige como una potencia cultural en Europa; sin embargo, históricamente ha sufrido la paradoja de ver sus expresiones populares reducidas a objetos de consumo, folclorización, motivos burlescos, pictóricos, o asediada a una patrimonialización capaz de convertir cualquier ente material o inmaterial en valor de cambio”.

Para ella, sin embargo, “el flamenco no es un mero producto estético, sino un archivo histórico y un espacio sociopolítico a través del cual Andalucía ha construido parte de su conciencia, preservando, transmitiendo y construyendo soberanía cultural”.

Fernando C. Ruiz Morales consideró, en su intervención, que la copla es “un género maltratado” y recordó que “aunque suele nombrarse como “canción española”, es realmente un género musical cuyos principales elementos estéticos y expresivos forman parte del patrimonio cultural andaluz”.

Ruiz Morales, antropólogo en la Universidad Pablo de Olavide, subrayó la preponderancia femenina en sus interpretes y cuyo repertorio encierra una fuerte carga de disidencia respecto a la moral dominante, al tiempo que denunció cómo “en su devenir histórico ha sufrido, según las diversas coyunturas políticas y culturales, y según los distintos sectores sociales implicados, procesos de apropiación o de denostación o, simplemente, ha sido ignorada”.

Otra de las comunicaciones enviadas al Congreso y suscrita por Manuel Joaquín Moguel Foncubierta, licenciado en Humanidades, Educador Social y presidente del Ateneo Socio Cultural Andaluz, brindó algunas reflexiones sobre Andalucía en la literatura y la canción, en poetas y cantautores, no necesariamente andaluces, en una selección tan heterodoxa que incluyó al gibraltareño Albert Hammond, a Mari Trini o al grupo Aguaviva, pasando por Jarcha, Lole y Manuel, Los Romeros de la Puebla, Amigos de Gines, El Cabrero o Enrique Morente.

“El trabajo parte de la filosofía de María Zambrano, cuya razón poética ofrece una forma específicamente andaluza de comprender la realidad mediante la integración de pensamiento, experiencia y sensibilidad. Desde esa perspectiva, Andalucía se presenta como una tierra interiorizada, especialmente visible en la experiencia del exilio y en la construcción de una memoria compartida”, señaló.

Así, precisó, “aparecen una Andalucía íntima y femenina, una Andalucía social y trabajadora, una Andalucía mística y flamenca, una Andalucía popular y festiva, una Andalucía rebelde y jornalera, o una Andalucía abierta a la transformación y al diálogo cultural”.

Mucho más específica fue la intervención de Consuelo Pérez-Colodrero, del Departamento de Historias y Ciencias de la Música de la Universidad de Granada, quien se extendió en torno a la “Música, regeneracionismo e identidad a través del repertorio para piano en la Galería de músicos andaluces (La Habana, 1927) de Francisco Cuenca Benet (Adra, 1872-La Habana, 1943)”. Incorporando su propia interpretación al piano de algunas piezas musicales, puso en valor la obra del citado músico almeriense y lo que se considera como “el primer diccionario bio-bibliográfico dedicado de manera exclusiva a la creación musical de la región, rompiendo con la historiografía tradicional que diluía la especificidad andaluza en el marco estatal”.

Tres ponencias cerraron las sesiones del congreso. La primera de ellas, del sociólogo Daniel Valdivia Alonso, que relacionó al carnaval de Cádiz con el andalucismo. A su juicio, dicho vínculo “no puede reducirse a la mera presencia de símbolos o reivindicaciones políticas vinculadas a Andalucía en las coplas”, sino que se convierte en “un espacio de producción de la identidad andaluza, capaz de construir representaciones compartidas sobre qué significa pertenecer a Andalucía y cuál es su posición dentro del Estado español”.

“La reivindicación de la modalidad lingüística andaluza, la crítica a los estereotipos, la memoria de Blas Infante o de Manuel José García Caparrós y la evocación del 4 de diciembre constituyen expresiones visibles de esta relación. Pero el andalucismo también aparece cuando las coplas presentan Andalucía como una comunidad atravesada por experiencias, problemas y agravios compartidos”, defendió, aunque también alertó sobre el hecho de que “el Carnaval de Cádiz constituye un espacio privilegiado para observar cómo la cultura popular transforma el conflicto social en identidad, discurso y pertenencia, y cómo esa misma capacidad puede oscilar entre la contestación y la institucionalización”.

La antropóloga Celia María Velasco, abordó el flamenco como herramienta de transformación social, más allá de las definiciones institucionales y comerciales que a veces lo reducen a “una marca patrimonial o a un producto del mercado turístico”. Desde su punto de vista, se trata, sin embargo, de “un mecanismo vivo de intervención social, educativa y comunitaria”, que lo mismo puede servir para articular formas de terapia para mujeres maltratadas o para articular protestas en entidades bancarias. Como recordó, “los códigos flamencos se aplican con éxito para mejorar la salud emocional, combatir la exclusión y promover la cohesión social en grupos vulnerables”.

“El valor del flamenco en el siglo XXI no reside únicamente en su cotización como bien de consumo cultural, sino en la recuperación de su valor de uso comunitario. Aplicado desde una mediación socioeducativa respetuosa y reflexiva, el flamenco demuestra ser un recurso eficaz de soberanía, cohesión social y transformación positiva para la sociedad andaluza contemporánea”, señaló.

La última ponencia corrió a cargo del escritor y periodista Juan José Téllez, miembro del Patronato de la Fundación Blas Infante, quien señaló que si bien Andalucía había formado parte del cancionero desde hace siglos, el andalucismo, propiamente dicho, no aparece en su repertorio hasta el propio himno, a comienzos del siglo XX.

Téllez, que señaló como “el árbol frondoso” del flamenco, había oscurecido otras formas de folklore popular en Andalucía, se refirió a la presencia andaluza en la tonadilla, la zarzuela, la copla o los cantes y aunque las reivindicaciones de su pueblo aparecieron en sus letras con cierta frecuencia, no será hasta las reivindicaciones andalucistas, a partir de los años 60 del siglo XX, cuando adquieran una dimensión política nacionalista. Así, mencionó al Manifiesto Canción del Sur, de Granada, al rock andaluz, al flamenco de esa etapa o a la obra de cantautores a veces olvidados, como el malagueño José María Alonso. El papel en todo ello de Carlos Cano o del carnaval de Cádiz, desde la comparsa “Nuestra Andalucía”, de Pedro Romero, en 1977, fue puesto en valor por el ponente, quien realizó un breve recorrido por su historia, desde Jarcha a Califato 3×4 y obras muy específicas como el homenaje a Blas Infante, de Antonio Cuevas “El Piki”, con letras de Blas Infante, o la “Cantata de Andalucía”, de Luis Marín, ambas de 1976.

Autoría: Fundación Blas Infante.