Memoria contra espejismos

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La política de partidos es otro rollo. Tiene unas dinámicas internas, un lenguaje y unos tiempos que nada tienen que ver con los de la población. Cuesta entenderla desde fuera porque se hablan como si se odiaran y  sin embargo se pueden poner de acuerdo con facilidad cuando el beneficio que se obtiene repercutirá en ellos mismos. Sirva como ejemplo el reciente acuerdo entre quienes parecen estar en las antípodas, JxCAT, Cs y el PP, hasta que la subida de su sueldo les dota de una complicidad sin fisuras.  Cuesta, ya digo, entender esta capacidad de acuerdo que para nada se nota cuando hay que defender el  salario mínimos o las pensiones.

Muchas personas se han alegrado por el nuevo gobierno en España. El miedo a los partidos que abiertamente expresan su machismo, racismo, xenofobia y clasismo ha servido, parece, como aglutinante para la formación del autodenominado gobierno de coalición progresista. Posiblemente, en la lógica de una democracia indirecta o representativa,  era la opción viable y lo menos malo que podía pasar para frenar a una ultra derecha crecida que ha recogido, en votos,  lo que otros gobiernos progresistas le regalaron en bandeja cuando no fueron capaces de defender con hechos y pedagogía los derechos de la población más castigada por un sistema capitalista que destroza todo lo que no entre en su lógica injusta y perversa.

Lo peor que puede pasar ahora es que los movimientos sociales esperen soluciones desde quienes están en el poder. No sería la primera vez,  pero sería bueno  que empezara a ser de las últimas. Lo peor que puede pasar es que se desactive, aún más, la protesta social y que se deje en manos de quienes se mueven en otras lógicas, las partidistas y cortoplacistas, las soluciones a los problemas seculares de tanta gente.  No fueron las leyes ni la justicia quienes pararon los desahucios cuando empezó la crisis-estafa. Fue la sociedad organizada, con sus manos y con su solidaridad la que puso pie en pared ante tanta injusticia. El legislativo legisló en este contexto de desahucios y empoderamiento de las personas. Algo tenían que hacer y no podían mirar para otro lado: sacaron la ley mordaza…

Aunque los partidos políticos se pinten de verde sigue siendo una buena noticia en los medios, sus medios, de comunicación el aumento en la venta de coches, la reactivación de sector de la construcción, los aviones que vienen y los que se desean, los hoteles cercanos al 100% de ocupación, incluso el aumento de la basura que se recoge en Semana Santa o en la Feria… Pero nada de esto cuestiona, ni de lejos, las dinámicas y estructuras de un sistema económico que sigue pensando en un crecimiento ilimitado en un planeta con unos recursos finitos.

No hay duda de que si el voto sirviera para algo estaría prohibido y está claro que lo que puede cambiar las estructuras injustas es la organización colectiva que, poco a poco y desde lo local, va construyendo otro mundo mejor y posible donde la dignidad de las personas sea lo primero. Sin olvidar la calle y manifestándonos contra  los desahucios, contra la ley mordaza, contra los fascismos, por los derechos de las personas excluidas, por la renta básica universal, contra el nacionalismo español excluyente y rancio, por la igualdad, por los derechos de las personas LGTBA, por una educación que libera y no adoctrina, por la libertad de expresión y a favor de la libertad de los presos políticos, por la libertad de prensa, contra las cloacas, contra la Europa que mata y se atrinchera. En una palabra, contra el capitalismo.