La Renta Básica es una urgencia

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La Renta Básica Universal hasta hace muy poco tiempo aparecía como una idea exótica, una fantasia propia de ingenuos militantes y de un puñado de economistas utópicos. Pero la crisis civilizatoria que atravesamos ha terminado por ponerla en el orden del día.Ha llegado la hora de un nuevo derecho fundamental que corresponde a todos los seres humanos. Ha llegado la hora de la renta básica universal.

Los saqueadores de fino olfato estratégico como el Foro de Davos o el FMI se han puesto manos a la obra en la usurpación y jibarización del concepto de Renta Básica Universal y algunos elementos del nuevo gobierno español parecen dispuestos a escuchar esas sirenas. Las espadas están en alto, la lucha acaba de empezar. En apretada síntesis, estos son, en mi opinión, algunos de los nudos primordiales de la contienda.

  1. LA RENTA BÁSICA UNIVERSAL ES LUCHA DE CLASES

Hay que quitar los letreros de “reservado el derecho de admisión”. La Renta Básica Universal no puede seguir siendo un juguete académico ni tampoco una rareza de guetos militantes. El lugar preferente de los debates no es ya la universidad o el local activista, sino la oficina de empleo, las barriadas sociales o las redes juveniles del precariado. El expertismo y los lenguajes de jerga ahuyentan más que atraen. No hace falta licenciatura ni trienios de compromiso político para entender las cuatro características consustanciales de la renta básica: universal, incondicional, individual y suficiente. Hasta ahora, la RBU ha servido para interpretar las contradicciones del turbocapitalismo, de lo que se trata ahora es de transformarlo.

2. LA RENTA BÁSICA UNIVERSAL CONTRA LA NORMALIZACION DEL CRIMEN SOCIAL

Paro, pobreza y precariedad se entrelazan con su reguero de dolor y marginación. En el Estado español 13 millones de personas (el 28% de la población) se encuentran en riesgo de pobreza, 2 millones se ven obligadas a recurrir a los bancos de alimentos y 6 millones, a pesar de trabajar, no alcanzan en cómputo anual, ingresos superiores al salario mínimo. La máquina trituradora del poder se aplca a producir, minuciosamente, exclusión social, a normalizar el atropello. En 2010, el 80% de los parados tenían algún tipo de cobertura, en 2019, su número no alcanza siquiera el 55%; cada día se consuman 170 desahucios de vivienda; cada día se producen 10 suicidios. En la contabilidad del austericidio, la trastienda de la “recuperación económica”, el helio de angustia que eleva el siempre renovado globo de la acumulación de capital.

3. LA RENTA BÁSICA UNIVERSAL PARA DETENER EL MODELO NEOLIBERAL

Vivimos un cambio de época. El calentamiento global, la robotización de la economía o la crisis del empleo, son algunas de las señales. Y en el timón de la crisis, para no variar, el capital financiero y la ideología neoliberal. El neoliberalisno es mucho más que un conjunto de recetas económicas . Se ha convertido en forma de vida, en sentido común de masas. Como un colabobos ha ido empapando las conciencias, moliendo derechos y comunidades, al tiempo que instauraba la competencia como nuevo principio universal, como mecanismo regulador de las relaciones sociales. Desaparecen las categorías rico o pobre y su lugar lo ocupan las palabras triunfador o perdedor. Nos convertimos de nosotros mismos, en peones sin tregua de la sociedad del cansancio. Pero en su fuga hacia adelante, el neoliberalisno va agigantando la crisis. Cada vez necesita más autoritarismo y más manipulación.

Estamos obligados a poner en pie ideas que permitan la transición hacia otro modelo de sociedad. Frente al cambio climático, la dictadura financiera y el paro estructural, se imponen medidas que vayan a la raíz del desafío, tales como la reducción drástica de la jornada de trabajo, las políticas de decrecimiento y contra la obsolescencia programada, o la renta básica universal. O conseguimos que se abran paso esos caminos de sobriedad y solidaridad o avanzará la barbarie, la guerra entre los pobres, las nuevas formas del fascismo.

  1. LAS RENTAS MINIMAS SON LA ECONOMIA DE LA MISERIA

Las rentas mínimas de inserción son el dispositivo primordial del asistencialismo. En los últimos años, al tiempo que la RBU se va popularizando y gana legitimidad social, han proliferado las rentas mínimas de inserción, engalanadas con nombres a cada cual más pretencioso. Promocionadas en la mayoría de los casos desde el poder como un ejercicio de contención del conflicto, constituyen precisamente la antítesis de la RBU. Son rentas que persiguen controlar a los pobres y estigmatizar la pobreza, renovando el muro de división en el seno de las clases populares. Pero, a pesar dela aparienca, la selva de las rentas mínimas está muy bien organizada, y responde cabalmente a las necesidades de la política neoliberal.

  1. LA RENTA BÁSICA UNIVERSAL CONTRA EL DOGAL DEL SALARIO

La propuesta que suele presentarse en forma de contradicción irresoluble es la del trabajo garantizado. A pesar de que suele enunciarse como una crítica de izquierdas, su incompatibilidad con la RBU parte de unos supuestos muy endebles. Para empezar, de una confusión evidente entre trabajo y empleo. Claro que el trabajo es estructurador de la vida y lugar de socialización, claro que constituye un fundamento ontológico del ser humano. Pero el empleo asalariado es, solamente, una modalidad histórica del trabajo, la que caracteriza al capitalismo. La RBU puede ser un resorte contra desmercantilización de la fuerza de trabajo, contra el poder disciplinador del desempleo y, sobre todo, un fondo de resistencia contra la explotación laboral. Por otro lado, la puesta en marcha de planes de trabajo socialmente útiles (cuidado de dependientes, refuerzo de la educación y de la sanidad pública, protección y reforestación de bosques, servicios culturales, deportivos y recreativo,..) son perfectamente compaginables con la implantación de la RBU.

Pero quizás el adversario más peligroso lo constituyen las visiones liberales de la renta básica. El objetivo de los especuladores y mercaderes de Davos o el FMI, repentina y sorprendentemente interesados en esta proposición, está claro: quieren desmantelar el estado del bienestar -lo que queda de él- a cambio de la renta básica. Una renta a modo de cheque que sustituya -y de paso mercantilice- la educación, la sanidad o los servicios sociales.

  1. LA RENTA BÁSICA DE LAS PLAZAS, ESA ES LA PARTIDA

Hasta hace bien poco tiempo las objeciones fundamentales que se planteaban a la RBU eran tres, a saber, de dónde saldría el dinero, si no era injusto que la percibiesen gentes como Ana Botín y si no se trataba de una utopía. Hoy el debate ya es otro. Nadie sensato duda de la viabilidad económica tras conocer las cantidades destinadas al rescate de los bancos (60.000 millones de euros), el coste de los delitos de corrupción (90.000 millones anuales) o el ingente volumen del fraude fiscal (otros 90.000 millones), por poner tres ejemplos. Y es fácil de entender que la RBU ha de ir acompañada de una reforma fiscal progresiva. Claro que hay dinero para la RBU, el problema no es económico, es político. Nos falta la fuerza social para imponerla.

Deuda o renta, los bancos o las personas, austericidio o emancipación, renta de Davos o renta básica de las plazas. La disyuntiva no es ya tanto si habrá RBU o no, sino cuál será la orientación de la misma. O se impone la de ellos, un subsidio de contención, un dispositivo más para continuar el festín de los ricos, o vence la nuestra, una herramienta que una lo urgente y lo deseable, la respuesta a la inseguridad y el empobrecimiento y, al tiempo, una alternativa orientada a promover y a realizar otra idea de sociedad. Que la balanza se incline hacia un lado u otro, dependerá de la fuerza de los contendientes, de su inteligencia y determinación, de su capacidad hegemónica.