¿Otra Andalucía posible?

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Aunque sea de Perogrullo, conviene incidir en que para que las cosas sean otras, hay que querer que sean de otra manera. Parece una obviedad, pero creo que pocas veces es tenido esto en cuenta cuando hablamos de las posibilidades de cambio.

Me explico, ¿realmente existe una mayoría social que desee que la realidad sea radicalmente distinta o, por el contrario, pensamos que vivimos en el mejor de los mundos posibles (o casi) y que las situaciones de miseria que vive nuestra tierra son fallos de un modelo tenido por bueno y fuera del cual la vida no tendría sentido? Mucho me temo que lo segundo. Es, a mi entender, sobre esta realidad sobre la que convendría actuar en primer lugar si queremos tener algún grado de éxito a la hora de plantear cambios de rumbo.

La situación de paro escandaloso, de emigración forzosa, de destrucción del medioambiente, de población excluida, de barrios en la miseria, de niñxs malnutridxs, de muertes en la frontera, de familias desahuciadas, de encierros de personas que no han cometido delito alguno, etc., etc., etc., no es un fallo de sistema, es la consecuencia de la posición que Andalucía ocupa en el proyecto europeo y español.

En este sentido, debería aterrarnos volver a la normalidad, porque esta es la normalidad reservada a Andalucía, aunque se nos haya convencido de que, por pertenecer a la UE y estar geográficamente en Europa, nos encontramos entre los ganadores del sistema. El primer escollo, por tanto, es superar el “síndrome del colonizado” del que hablara Franz Fanon, superar complejos y dejar de querer ser los más europeos y los más españoles, porque, justamente, es nuestra posición en estos proyectos la que nos coloca en una situación de dependencia y subordinación solamente asumibles desde la pérdida de identidad como andaluces y andaluzas.

Hoy a Andalucía se la mira e interpreta desde la prepotencia. Valores, expresiones y comportamientos de la cultura andaluza son vistos y definidos desde la lógica economicista dominante como “atrasos”, pero hemos de convencernos de que, muchas veces, lo definido como atraso no es sino otra forma de sentir y vivir la vida, una forma que poco o nada tiene que ver con los valores dominantes de individualismo, competitividad, productividad… En este sentido, urge dejar de mirarnos y pensarnos desde esa lógica que nos aniquila física y culturalmente. No es el agua lo que ahoga al pez.

Para que las cosas sean otras, hay que mirar de manera diferente y saber qué es lo que nos conviene, creando proyectos autónomos a partir de intereses y sueños propios.

Sin embargo, se nos trata (incluso desde gobiernos autonómicos propios) de salvar de lo que somos, cuando nuestro proyecto de futuro debe basarse en la reactivación de lo que nuestra cultura tiene de freno a la globalización neoliberal, patriarcal y colonial. Contamos con múltiples experiencias de resistencia y lucha y con una tradición comunitarista y solidaria que hay que rescatar, por eso es indispensable la transmisión de la memoria, sin la que no puede haber conciencia de pueblo. Contamos, además, en la actualidad, con experiencias cotidianas de relación sana con la Naturaleza, de cuidados colectivos, de solidaridad, cariño y apoyo mutuo. Hay que reaccionar, con todo nuestro bagaje, a la destrucción del vínculo, poniendo en valor todas estas experiencias y expresiones culturales que construyen y renuevan la comunidad, y que justamente por eso han sido arrinconadas (o mercantilizadas) por el capitalismo. Solo así, la cultura andaluza podrá ser herramienta de emancipación, libertad y descolonización.

Es el momento de la revancha de las culturas, que diría Serge Latouche, de percibirnos como sujeto político en lucha por la vida. Pero, lo primero, como planteaba al principio, es querer ser parte de los mundos que hoy están en lucha, responsabilizarnos en el diseño de una mejor Andalucía, tejiendo proyectos que solo pueden ser feministas, antirracistas y anticapitalistas desde la base. Las cosas pueden ser de otra manera, pero hay que desearlo, no podemos querer volver a la normalidad.

Nota: Texto basado en la intervención en el acto con motivo del 4D, organizado por el Colectivo de Cultura Andaluza de la Universidad Pablo de Olavide.