Por la soberanía energética municipal. Lo peor no es el coronavirus

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“Es peor, mucho peor, de lo que imaginas”. Es la primera frase del documentado (736 referencias) y muy recomendable libro “El planeta inhóspito” (Debate, octubre 2019) del periodista e historiador David Wallace-Wells, editor adjunto de la revistas New York Magazine y The Paris Review y colaborador de Wired, Harper´s y The Guardian. Lo peor, mucho peor, es una realidad de catástrofe climática no natural provocada, fundamentalmente, por la depredación de recursos energéticos procedentes de la quema de combustibles fósiles – que “reciben al año nada menos que 5 billones de dólares en subvenciones» – llevada a cabo, de forma masiva y suicida desde poco más de una sola generación, por el mundo industrializado y financiero con el soporte de muchos gobiernos.  El balance de la Revolución industrial deja una deuda moral, social y económica, pero en el colmo de la avaricia e ignorancia de sus más fanáticos promotores  está poniendo en peligro los límites de nuestro hogar, del único y privilegiado hogar conocido para la vida que es el planeta Tierra.

La Naturaleza ha dicho basta y ¡vaya si está actuando! Las cada vez más intensas y seguidas catástrofes de todo tipo han dejado de ser naturales, incluida la actual pandemia de coronavirus, y esta generación suicida que las provoca, la nuestra, será la responsable de la sexta gran extinción de especies, incluyendo gran parte de la humana. Los miles de científicos y numerosos institutos de investigación que colaboran con la ONU y la Organización Meteorológica Mundial  afirman todos los días la inmensidad del desastre y es un drama que la respuesta de los gobiernos y la respuesta social mayoritaria se diluya entre la ignorancia, la indolencia y la indiferencia. En palabras de Wallace-Wells “una civilización que se atrapa a sí misma en un suicidio gaseoso, un coche en marcha en un garaje sellado herméticamente”.

Un equipo internacional de investigadores publicaba un estudio en el European Heart Journal (21 mayo 2019) donde se relaciona la contaminación del aire con cerca de 9 millones de muertes anuales en el mundo, 800.000 solo en Europa y en España casi 50.000, más de 130 muertes diarias.

Otro estudio publicado en la prestigiosa revista científica Nature (30 marzo 2017) resaltaba que en China se producen unas 110.000 muertes prematuras anuales debido a las partículas finas MP2.5 que contiene la contaminación atmosférica. Así que en China mueren unas 9.000 personas al mes por respirar un aire que está contaminado por la superproducción industrial y utilización de energías sucias. Desde comienzos de este año en China, foco y apogeo de la epidemia, el coronavirus se llevó por delante “solo” unas 3.000 personas en dos meses. Se ha convertido en una pandemia global grave y los gobiernos y ciudadanos, siguiendo el criterio científico de los expertos, estamos tomando  medidas drásticas para erradicarla. Como resultado de algunas de estas medidas – disminución del consumo y la automoción, ralentización de la producción industrial y uso de energías sucias, prohibición de vuelos –  un estudio reciente de CarbonBrief estima que se han reducido en China las emisiones  en más de un 25%.  Eso podría significar, si se confirman los datos, que en ese periodo de dos meses  han fallecido  unas 5000 personas menos a causa de la contaminación atmosférica. Qué estupidez es esta de que para que la atmósfera se limpie tenga que morir de pronto tanta gente en todas partes.

Pasados 40 años de la primera Conferencia Mundial del Clima celebrada en Ginebra (Suiza) más de 11.000 científicos de 153 países en un artículo publicado en la revista BioScience   (Enero 2020),  afirman rotundamente: «la crisis climática ha llegado antes y está acelerándose más de lo que los científicos esperaban…Y es más grave de lo anticipado amenazando los ecosistemas y el futuro de la humanidad”. Después de cuatro décadas de reuniones  climáticas mundiales, de protocolos y manifiestos al más alto nivel, las emisiones de CO2 siguen  aumentando y batiendo records todos los años.

Unos 670 millones de personas viven en la actualidad en zonas costeras bajas cerca del mar y cerca de 1.500 millones de personas están en la zona roja de los impactos climáticos relacionados con los océanos y el agua. Pues bien, según el  Informe Especial sobre  Océanos y Criosfera del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) de septiembre de 2019 (más de 100 científicos de 36 países, que han revisado unas 7.000 publicaciones),  «el aumento del nivel del mar se ha acelerado y es ya imparable» y si se sigue sin tomar medidas drásticas para parar el calentamiento global el nivel del mar subirá más de un metro antes de final de siglo. Lo de las pateras será una gota en un océano de mil millones de refugiados climáticos y Andalucía es una de las zonas  sensibles dentro de la zona roja.

En el informe especial “Calentamiento Global de 1.5ºC” de octubre de 2018 del IPCC (91 autores, 6000 referencias), avalado por la ONU y la Organización Mundial de Meteorología,  se advierte a los dirigentes mundiales sobre la necesidad urgente de la descarbonización del Planeta para no entrar en un escenario de total descontrol y se reclaman compromisos y medidas muy concretas: en el año 2030 reducción de emisiones de CO2 un 45% respecto de las de 2010 y en 2050 emisiones CERO. Los lobbies de las energías sucias se resisten a perder su suculento negocio de humo negro y, mientras, intentan una lenta transición al negocio redondo de las renovables, una energía local de fuentes más baratas y accesibles que nos venderán a precios de monopolio para seguir lucrándose, sin pagar la factura de la crisis climática que han provocado.

La transición hacia las energías limpias  es ineludible y está en marcha. Pero en ese camino es imprescindible un empoderamiento ciudadano concienciado y potente por, al menos, dos razones: para salvar los muebles de un deteriorado planeta Tierra y para tener el control del único tesoro que puede garantizar la existencia y el bienestar de nuestras vidas, como es la energía limpia. Pero además resulta que ya son energías más baratas: según el informe de 2019 de la Unión Española Fotovoltaica en las plantas fotovoltaicas se comienza a producir a mitad de precio que en las tradicionales.

Siempre hemos tenido la mejor energía al alcance de la mano. Si abres la ventana de tu casa puedes disfrutar gratis del mejor regalo de la madre Naturaleza: sol, viento y agua. La ciencia y la técnica del siglo XXI hacen posible, de forma eficiente, fácil, limpia y más barata, transformar esas formas de energía en electricidad. Individualmente sería poco viable y de escasa incidencia social dada la dimensión del problema. Pero los municipios que son dueños de la energía que les regala el Sol, en forma de radiación, viento, agua y biomasa, deben reclamar y ejercer esa soberanía para compartirla socialmente en un  marco ciudadano-municipal, local o comarcal. No solo sería viable sino que posibilitaría la transición a un nuevo paradigma de revolución energética limpia, barata y, salvo accidente terrenal o galáctico, inagotable hasta dentro de unos cuatro mil millones de años que tarde nuestro Sol en apagarse.

¿Es posible? Hace casi un siglo, en un pueblo pequeño situado en las estribaciones de Gredos llamado Piornal, unos agricultores modestos, que eran nuestros abuelos, junto a su Ayuntamiento decidieron emprender un proyecto cooperativo para sustituir la luz de los candiles y faroles por electricidad. Aprovechando la orografía de la zona plantaron una pesada turbina decimonónica en un salto de agua natural de una garganta, ampliaron el charco de cabecera del salto, el Calderón, para almacenar agua en verano, pusieron una línea con postes de árboles de la zona y llevaron la luz al pueblo. La Fábrica de la Luz alumbró gratis las calles del pueblo, iluminó las casas de los vecinos con cuotas asequibles y los zagales pudimos bañarnos, con vistas al valle del Jerte, en un espectacular Charco de la Luz, antiguo Calderón. A principio de los años sesenta, aprovechando la necesidad de renovar y “modernizar” las instalaciones, una de las eléctricas S.A. arrasó la Fábrica y trajo la misma electricidad desde cientos de kilómetros. Nuestros antepasados nunca supieron que fueron unos emprendedores pioneros en la lucha contra el cambio climático.

Técnicas actuales de integración y cogeneración con distintas fuentes renovables facilitan proyectos de autosuficiencia energética renovable y limpia que ya funcionan en pueblos, comarcas, ciudades y regiones del mundo.

Frente a las invasivas mega instalaciones solares y eólicas del oligopolio de las energías sucias, que pretende copar el mercado con el visto bueno de los gobiernos, proyectos varios como el de la cooperativa comercializadora y productora 100% renovable Som Energía en Lora del Río (Sevilla) deben ser bien venidos, pero son insuficientes. Consumir productos locales forma parte de la sostenibilidad de un planeta con recursos limitados y es una de las exigencias de la lucha contra la crisis climática. Una de las grandes ventajas de estas fuentes de energía es que son locales, las tenemos en la puerta de casa, eso nos permitiría ahorrar costes de transporte y, sobre todo, tener el control sobre la calidad y cantidad de la demanda.

La sociedad está viendo las orejas al lobo, la actual pandemia y los recientes y cada vez más frecuentes desastres climáticos avivan la actitud y la conciencia de muchos ciudadanos para hacer algo, para salir de la actual pasividad. Los científicos nos dicen que no queda mucho tiempo, apenas una década, el gobierno afirma, aunque sea con titubeos, la necesidad de poner en marcha de una vez la transición energética y las grandes eléctricas, petroleras y gasísticas utilizan su dinero en un lavado verde para ganar un tiempo que no hay y seguir incrementando el CO2 de una atmósfera saturada. En esa situación es el momento de empujar y una de las alternativas puede y debe ser, en mi opinión, que los Ayuntamientos aborden y ejecuten proyectos de soberanía energética municipal.

Si la basura producida por el uso y degeneración de la energía es gestionada por municipios y mancomunidades, tenemos miles de camiones de razones para que esas instituciones hagan lo mismo gestionando la producción y consumo de fuentes de energía útil y limpia en un marco local o comarcal. Y no estaría de más que las vecinas y vecinos se lo hagan saber a los alcaldes.

Para ver más sobre evidencias científicas y consecuencias de la crisis climática: https://www.youtube.com/watch?v=Fc9LGP3k6fg.

Autoría: Saturio Ramos. Catedrático de Física. Universidad de Sevilla