Primavera de guerra y paz

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La primavera ha venido, nadie sabe como ha sido, escribió Antonio Machado, aquel poeta taciturno cuya infancia eran recuerdos de un patio de Sevilla, y un huerto claro donde madura el limonero.

La primavera llegó revuelta con lluvias benefactoras cuyos efectos hemos notado en el Sur, aunque seguimos en una situación preocupante de sequía, con los pantanos muy bajos comparándolos con el inicio de abril de años anteriores. El agua embalsada en la cuenca del Guadalquivir el 29 de marzo era de 2.422 hm3, el 29,85% del volumen total. En 2021 en estas fechas se hallaba al 42,2%; y hace diez años, al 66,36%. En la cuenca del Mediterráneo la media de los embalses se sitúa en el 42,42%, el año pasado al 51,45%. En la cuenca del Guadiana, el agua embalsada ahora supone el 31,43%. Hace un año, era del 40,4%.

La sequía y la escasez de agua nos sigue preocupando. La posesión del agua es objeto de litigios y será objeto de guerras en este siglo, ante la amenaza del Cambio Climático y la escasez de agua esencial para la vida. Pero, sin duda aquí y ahora, el asunto más preocupante para Europa y el mundo occidental es la guerra en Ucrania. “Si vis pacem, para bellum” Si quieres la paz prepara la guerra, Esta frase se le atribuye a Julio César, pero parece que su autor fue el escritor romano Vegecio, quien aseveró: “Igitur qui desiderat pacem, preparet bellum”. Si realmente deseas la paz, prepárate para la guerra. La invasión de Ucrania por parte de Vladimir Putin, de forma unilateral es un atentado contra el derecho internacional y contra los derechos humanos. Putin, ese megalómano sueña con ser el nuevo zar del siglo XXI con deseos de anexionarse no sólo Ucrania, sino los territorios perdidos tras la guerra fría, para reeditar la Gran Rusia, pues en su delirio Putin tiene esa idea metida en la cabeza. Vemos las imágenes en TV y no damos crédito a lo que nos muestran desde hace más de un mes de guerra y destrucción de ese país que es el granero no sólo de Rusia sino de buena parte de Europa. Asistimos con horror a las informaciones y a las imágenes que nos ofrecen los corresponsales de los medios. Imágenes dantescas que muestran la destrucción de objetivos militares, pero también, y es lo grave, de edificios residenciales, bloques de pisos, escuelas, hospitales, estaciones de tránsito y movilidad, teatros, la toma de la central de Chernobil, o el caso de la mayor central nuclear de Ucrania, cuyas inmediaciones fueron bombardeadas, sin que afortunadamente fuera dañado el núcleo. Imágenes de cadáveres abandonados en las calles, más de un millar de civiles muertos, 1.325 cuando esto escribo, y miles o quizá decenas de miles de militares muertos en los bandos contendientes. Un éxodo de millones de personas que huyen de su casa, de su país, porque un asesino genocida anda suelto y está dispuesto a exterminar a un pueblo, el ucranio, al que hasta hace meses llamaba hermano y anhelaba su sometimiento mintiéndoles sobre las verdaderas razones de su invasión. No soy tan ingenuo como para echar toda la culpa del horror sólo a Putin y su camarilla asesina. También hay que buscar responsabilidades en EEUU y la OTAN, por no haber buscado en estos años atrás, soluciones diplomáticas a las exigencias del dictador ruso. Tampoco ayuda que el Presidente Biden perdiera los papeles,en su reciente gira por Polonia llamando a Putin carnicero, aunque los hechos demuestren que lo es. Pero que se puede esperar de quien invadió por la fuerza la península de Crimea en 2014, y la anexionó a la Federación Rusa. Ganará esta guerra, a pesar de la heroica y numantina defensa ucraniana, pero Putin tendrá que ser juzgado por una Corte Internacional por crímenes de guerra de lesa Humanidad. Mientras escribo sobre Ucrania oigo el concierto para piano nº 2 de Rachmaninov.

La primavera está revuelta con estas lluvias persistentes y rojizas que llegaron con mensajes saharianos. En julio de 1988, viajé a los campamentos saharauis en Tinduf, en Argelia. España entonces, con Hassan II reinando en Marruecos se mostraba favorable a la autodeterminación. Ahora la decisión del Presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, asesorado por su Ministro de Exteriores, José Manuel Albares de apoyar la propuesta de Marruecos para crear una autonomía ha provocado que casi todo el arco parlamentario se haya posicionado en contra del Ejecutivo. En una carta del Presidente Sánchez a Mohamed VI, para mejorar las relaciones entre ambos países, tras una crisis diplomática de diez meses, señala “la propuesta marroquí de autonomía presentada en 2007, como la base más seria, creíble y realista” para resolver el conflicto. Tras la carta, Marruecos ha restablecido a su embajadora en Madrid, aunque Argelia ha retirado al suyo. Y de Argelia recibimos el gas tan necesario, ahora que peligra el que llega de Rusia. Argelia amenaza veladamente con subirnos el precio del gas, por nuestro giro sobre el Sahara. El rey de Marruecos, Mohamed VI recibirá a Sánchez como prueba de reapertura de las relaciones entre ambos países. En Sevilla, varias organizaciones convocaron una protesta contra el cambio de postura del Gobierno sobre el Sáhara, que fue secundada por un millar de personas. Y la primavera revuelta nos ha traído también protestas por la subida de la electricidad y del gasóleo. El Presidente Sánchez consiguió plantándose en Bruselas, una excepción ibérica, España y Portugal, para que el precio del gas no prime en marcar el precio de la factura de la luz. La subida del gasóleo y el malestar acumulado de los transportistas originó la huelga con miles de camiones tomando las carreteras, y reclamando mejoras para el sector. La ministra de Transportes se equivocó al no reunirse al principio con la Plataforma de los afectados, que paralizaron el transporte de mercancías.

La Ministra sí llegó a un acuerdo con las Asociaciones del Comité Nacional de Transporte por Carretera, y aunque tarde, recibió a los representantes de los huelguistas, que no satisfechos con los acuerdos anunciaron seguir con la huelga que remite, pero que ha originado cuantiosas pérdidas económicas, el cierre de algunas empresas, y el desabastecimiento de materias y alimentos, así como piensos e insumos para la ganadería y la agricultura. El detonante es la subida de los combustibles que afecta a toda Europa, dando lugar a protestas de agricultores, ganaderos, y pescadores que amarraron la flota por no compensarles salir a faenar. El Gobierno ha anunciado ayudas económicas y rebajar 20 céntimos los carburantes, como han hecho otros países, y las aguas de los descontentos parecen volver a su cauce, al comprobar que en las gasolineras se les descuenta lo anunciado y prometido. Para llegar a un acuerdo en una negociación las partes deben saber ceder y conceder. Reconociendo las reivindicaciones y el malestar de los trabajadores, esperemos que los camiones y los barcos vuelvan a faenar con normalidad por el bien de las partes y del conjunto de la sociedad. La pandemia sanitaria está casi controlada, y ha costado demasiadas víctimas y quebrantos en la sociedad. No permitamos que otra pandemia de protestas destroce nuestra economía y nuestra convivencia.

Respecto al cambio en la dirección del PP, desear a Alberto Núñez Feijóo y a su nuevo equipo lo mejor para que el partido conservador encuentre la vía de la unidad en su interior, y de diálogo constructivo en su tarea de oposición al Gobierno legítimo de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos, que preside el socialista Pedro Sánchez. Abril nos anuncia la celebración de la Semana Santa tras dos años en barbecho procesional. En las ciudades ya se levantan los palcos para presenciar los pasos de las Cofradías, y finalizando Abril se inaugurará una de las Ferias más famosas del mundo tras dos años de sequía feriante y con anuncio de huelga de caseteros que también se suman al descontento sin pensar que en una orilla de la Europa de los 27 tenemos una guerra escalofriante y que Putin, al que no le han salido las cuentas en Ucrania, tiene acceso al botón nuclear.

Una primavera revuelta ésta de 2022, que nos hace pensar con tristeza en el aforismo latino: “Si vis pacem, para bellum”. Y también en el refranero: “En abril, aguas mil”, que buena falta nos hace.