Si lo hubieran sabido, hablarían andaluz

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Como no veo series y menos pago Netflix, llego tarde a la polémica. Me acabo de enterar que en la última producción estrella para la plataforma -la serie Si lo hubiera sabido-, rodada íntegramente en Sevilla y otras provincias andaluzas, solo un aparcacoches, un camarero y un delincuente tienen acento andaluz. Parecería el enésimo chiste malo de Lepe o del que un ruso le dijo a un gaditano, pero no, porque estamos en 2022 y esto que nunca tuvo gracia, ni siquiera tiene ya disculpa como cliché inconsciente porque no nos podemos tragar que una productora española esté tan fuera de órbita que no se haya enterado que estamos bastante despiertas, desperezadas y levantadas con eso de ser la chacha cateta. Me molesta especialmente que una de las guionistas sea además canaria, en particular por lo que me une familiarmente a esa otra tierra y en general, porque deberíamos mirarnos mutuamente en el espejo de nuestra condición periférica y dejar de hacerle el juego a la mirada centralista que llena las carteleras de perfiles exitosos con acento madrileño. También la sobre-exposición y venta de la imagen de Sevilla sin lxs sevillanxs es lo que tiene: nos hemos convertido en el escenario perfecto para que cualquiera la sienta tan suya que no pueda perturbarle ni la mínima expresión de singularidad. La gente, la costumbre o el acento, forman parte del propio envoltorio. Como el Puente de Triana, el camarero sevillano-gracioso es un objeto de fondo que adorna la escena mientras la protagonista relata su romance enlatado en el Mariatrifulca. Todo, con chaqueta en pleno mes de agosto. Debemos seguir señalando esto, pero también podríamos empezar a plantearnos dejar de consumir estas chapuzas o al menos, parar de justificarlas. Plantearlo como un fallo al interior de una serie que en general es buena (como he leído por ahí) es blanquear una vez más la ofensa y legitimar que sigamos siendo un detalle que se puede mejorar. Ya está bien. Podríamos empezar también a valorar producciones propias, que narran Andalucía desde una mirada interna, con una sensibilidad tan local que nos descubriría perspectivas desconocidas de nuestra propia diversidad. No suelen marcar tendencia como las series de Netflix, pero esta semana hemos conocido nuevos ejemplos de ello con ocasión del XIX Festival de Cine Europeo de Sevilla, con títulos en varias secciones, además de los clásicos Panorama Andaluz y Panorama Andaluz Cortometrajes. Uno de estos trabajos es Secaderos, propuesta en la que Rocío Mesa nos introduce en el proyecto desarrollado durante diez años en su pueblo natal, ubicado en la Vega de Granada. Producida en su mayoría por mujeres jóvenes andaluzas y con un elenco de actrices y actores no profesionales, esta fábula rural narra el drama de un campo en Andalucía. Fantasía infantil, inquietud adolescente, maternidades y vejez dialogan en un espacio por el que transita crisis, migración, aspiraciones y costumbrismo, con el puntal de la familia como telón de fondo. Realismo intergeneracional con una estética mágica que te deja pegada a la butaca con un nudo que cuesta deshacer por cotidiano. Porque en esas historias somos, con el acento que atraviesa vidas y articula verdad.