Toma de Granada: de la República al Régimen del 78

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Cada 2 de enero, con motivo de la celebración sectaria y excluyente de la Toma, el Ayuntamiento de Granada incumple la Constitución. Un año más, la pandemia ha obligado a suprimir la concentración de nostálgicos del franquismo en la Plaza del Carmen. No veremos el espectáculo bochornoso que tanto daña la imagen de la ciudad. Sin embargo, la corporación municipal insiste en participar en la misa que organiza el Arzobispado, en homenaje a Isabel y Fernando, los reyes de la Inquisición. Una ceremonia, con parafernalia nacional-católica, que nos recuerda a la dictadura y olvida que estamos en un Estado de derecho y aconfesional. Pero no siempre fue así.

Justo hace 90 años, el 2 de enero de 1932, la primera corporación municipal republicana decidió tocar el Himno de Riego durante la celebración de la Toma e introdujo en el ritual el grito ¡Viva la República! Es más, El Defensor – el diario más leído de la ciudad – pidió a los granadinos un cambio de mentalidad para que no quedaran atrapados por la tradición y lo hizo con este editorial:

“Hay que reconquistar Granada… y esta epopeya ha de forjarse en las escuelas, en la Universidad, en los centros culturales, en las bibliotecas, en las fábricas, en los talleres y en la plaza pública. Es una empresa de ciudadanos y no de guerreros. Los guerreros pueden seguir en la Historia. Los ciudadanos deben actuar en la vida pública” (El Defensor, 2-1-1932).

Divorcio entre el Ayuntamiento y la Iglesia

También se produjo el divorcio entre el Ayuntamiento y la Iglesia a la hora de celebrar la Toma. Los munícipes republicanos quisieron que el acto oficial tuviese un carácter laico, es decir, sin participación eclesiástica. Y la Iglesia celebró la Toma por su cuenta y a su manera, glorificando, un año más, el espíritu de la Cruzada. Organizó una procesión por las naves de la Catedral y cantó el Te Deum en acción de gracias por la conquista de Granada.

Pero la ceremonia religiosa tampoco resistió la ofensiva republicana. El pendón fue tremolado en la Capilla Real, pero con los acordes del Himno de Riego, provocando el escándalo de los congregados. Constantino Ruiz Carnero, director del diario republicano El Defensor de Granada, escribió una Silueta titulada “El Himno de Riego” en la que satirizó los tradicionales festejos de la Toma. Decía así:

“Cuando las notas románticas del Himno de Riego sonaron ayer bizarramente en la Capilla Real, hubo un momento de confusión entre los fieles que llenaban el severo recinto. Era lo inesperado, lo inverosímil… Parecía que el mundo, en su vertiginosa carrera, había dado la vuelta a la campana y se había hecho chisco.

Si los Reyes Católicos levantaran la cabeza

Ante la sagrada tumba de los señores Reyes Católicos, es decir, ante los inmutables y terribles, la banda de música lanzaba al viento las voces revolucionarias de la calle entre el clamor liberal del Himno de Riego. Fue una cosa impresionante, como si acabara de romperse una tradición secular. Y los viejos devotos se santiguaron precipitadamente, mientras silabeaban padrenuestros y avemarías.

-¿Ha visto usted? –  murmuró, escandalizada, una respetable señora-. ¡Se han atrevido a tocar la Marsellesa!

-No es la Marsellesa – aclaró un señor devoto que parecía más ilustrado -;es el Himno de Riego.

-Lo mismo da – respondió la señora-.

Y una dama prehistórica, cuyas negras vestiduras olían a incienso de siglos, comentó con acentos dramáticos:

-¡Si los Reyes Católicos levantaran la cabeza!

Pero los señores Reyes Católicos yacían en sus tumbas venerables, hundidas en la eternidad, mientras resonaban en la Iglesia las notas del Himno de Riego, que renovaban el ambiente lírico de la fiesta.

El clamor de un pueblo

Prendidos de los acentos heroicos del Himno iban los comentarios confusos de las damas respetables y de los caballeros devotos, que parecían asistir al fin del mundo. Era la catástrofe de la tradición. Era el aire liberal de la calle que se metía en el recinto severo, como si quisiera remozar el espíritu inerte de las reliquias históricas. Era el triunfo de la vida nueva…Pero en último término, el interés no estaba en los comentarios impenitentes. Lo importante hubiera sido escuchar el comentario de los Reyes Católicos allá en la honda paz de su mundo de ultratumba, lejos de las pequeñas pasiones políticas de los hombres. Comentario que habrá ido seguramente contra lo sucesores que deshicieron la grandeza de España… Porque, a fin de cuentas, el Himno de Riego no es más que el clamor de un pueblo, que ha rectificado la trayectoria histórica y quiere engrandecerse con la bandera de la libertad, frente a los que lo arruinaron con la bandera de la tiranía”. (Constancio, El Defensor, 3-1-32). Por supuesto, fue el Himno de Riego lo primero que eliminó la dictadura franquista, para devolver a la Toma el espíritu de la Cruzada.

Han pasado 90 años y el gobierno municipal vuelve a colaborar con el Arzobispado, para organizar un programa de actos en homenaje a los Reyes Católicos. Para colmo, el programa incluye la tremolación del pendón, un símbolo de guerra que provoca división y enfrentamientos. Recordamos que sus católicas majestades no se merecen dicho homenaje, pues no hay ningún honor en incumplir las Capitulaciones de Granada e imponer el terror de la Inquisición, que persiguió y expulsó a judíos y moriscos. Es decir, a aquellos granadinos que tenían otras creencias y costumbres.

Granada Abierta lleva 27 años pidiendo al Ayuntamiento que cambie el Día de la Toma por el Día de las Culturas, en el que pueda participar toda la ciudadanía. Sin embargo, el gobierno municipal, que dice representar el socialismo democrático, responde de nuevo participando en una misa nacional-católica, al más puro estilo del franquismo, con la que vulnera, una vez más, el carácter aconfesional de la Constitución y el Estatuto de Autonomía. La Toma debió desaparecer en la Transición, lo mismo que desapareció la fiesta franquista del 18 de julio. Pero el régimen del 78, que surgió tras la dictadura, mantuvo esta celebración que no es propia de una sociedad plural y democrática.