El silencio de los otros

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El 2 de febrero de 2019 tuvimos la suerte de que se celebrara en Sevilla la 33ª ceremonia de entrega de los Premios Goya, presentada por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. En esta gala se premiaron las mejores películas españolas de 2018. “El Silencio de otros” recibió el premio a la mejor película documental ya que según la academia “esta película revela la lucha silenciada de las víctimas del régimen de Francisco Franco, que continúan buscando la justicia hasta nuestros días. Filmada a lo largo de seis años, con un estilo de cine directo e intimista, la película acompaña a las víctimas y a los supervivientes del régimen a medida que organizan la denominada “Querella argentina” y confrontan un “pacto de olvido” sobre los crímenes que padecieron”.

Tengo el honor de participar como protagonista en esta película, que nos ha llenado de alegría y de razones para continuar en la lucha memorialista. Porque eso es lo que significan para nosotras los premios: razones. Y esta película, que se estrenó en la Berlinale en febrero  de  2018 cuenta a día de hoy con más de 20 premios en distintos festivales, tanto nacionales como internacionales.

Me siento muy orgullosa de este tremendo y potente trabajo, de este hermoso proyecto colectivo, de este grito contra la impunidad que supone el documental. A continuación intentaré exponer los motivos por las que personalmente y como activista de la memoria histórica esta película es merecedora de cuantas distinciones y premios se le han otorgado.

  • El comienzo de la película ofrece al espectador las líneas básicas que definen el documental: las gotas que se oyen caer en medio del silencio, mientras maría Martin se recoge el pelo frente al espejo, es una metáfora de una fuerza increíble, que nos habla de la persistencia de las victimas más cercanas a la tragedia en no olvidar a sus padres y madres y de la lucha inagotable de las asociaciones que estamos en primera línea. Me recuerda a una frase que un día escuché y que hice mía: «frente a la dureza de la piedra, hazte agua». Frente a la imposición del olvido, de una dureza marmolea, nos hemos hecho agua y ahí estamos, trazando el camino entre las piedras.
  • Las primeras imágenes sitúan el estado de la cuestión actual en España, en relación al origen del Franquismo y al actual heredero designado por este en la jefatura del Estado. Presentan a Franco como un dictador, paseando con Hitler y a Juan Carlos I como su heredero directo. Todo atado y bien atado.
  • Las frías y altivas  palabras de Arzallus en relación a la Ley de Amnistía son  un bofetón para las víctimas pero a la vez  define la soberbia que embargada a la clase política que gestionó la “transición española” al querer implantar el olvido por decreto, por encima de todo y de todos. Y proclamar que este olvido debía bajar a la ciudadanía para que sobre todo las víctimas de la represión franquista lo hiciera suyo. Me asombra cuanta soberbia, cuanto convencimiento tenían de que la sociedad española iba a seguir sus deseos. Que equivocados estaban, porque a pesar del tiempo transcurrido, llegamos los descendientes y rompimos con ese decreto, haciendo nuestra la bandera del recuerdo y la dignidad de las víctimas. Creían que debíamos darnos la mano sin rencor, sin pensar que para eso es necesario la verdad, la justicia y la reparación. Muy acertada también lanzar la reflexión de que el olvido comenzó realmente antes de la Ley de Amnistía: precisamente cuando las potencias occidentales decidieron abrazar al Franquismo en la lucha contra el comunismo.
  • En ese sentido, la película señala las sombras de una Transición que se nos ha querido vender modélica, pero que presenta una serie de sombras de las que ya es necesario hablar si nos consideramos una sociedad madura y democrática.
  • La película toca de lleno el espinoso asunto de la verdad no contada a las generaciones surgidas en democracia, esa verdad secuestrada de la que se ha privado no solo a esas generaciones surgidas de la Transición, también a las actuales, que crecen sin saber que pasó en su país hace apenas 80 años. Es magnifica la afirmación de que no se puede contar, porque no se sabe lo que pasó. Bajo mi punto de vista, ese era uno de los objetivos de la tan cacareada Transición española: que el discurso de la represión franquista ya no se pudieran contar porque había sido eliminado de la memoria colectiva y ciudadana de nuestro país. Por decreto.
  • Como activista de los Derechos Humanos, me siento muy identificada con el  paralelismo que se hace en la película con la lucha incesante de las madres y abuelas de la Plaza de Mayo. Nos iguala en el dolor por las desapariciones forzadas pero también en la lucha y en el grito de «adonde vayan los iremos a buscar».
  • Que nuestro documental se centre en dos personas víctimas directas de la represión franquista me parece todo un acierto. María Martín y Asunción Mendieta representan por una parte la persistencia de la lucha contra el olvido   de dos mujeres con arrugas y pelo blanco, que no cejan en la lucha de buscar los restos de su madre una y de su padre otra y por otra sitúa la impunidad del estado a lo largo del tiempo, con sus distintos gobiernos de derecha e izquierda y la responsabilidad que no han asumido hasta hoy. Aquí viene a colación las  palabras del escultor, cuando dice que una vez que alguien disparó a sus esculturas (que simbolizan el recuerdo y la memoria), estimó que su obra estaba culminada. Porque eso hicieron a lo largo de la gran represión franquista, disparar a hombres y mujeres que se erigían por encima de las ideas retrógradas y viejas buscando un nuevo horizonte de progreso e igualdad. Deja el alma helada las palabras de María cuando dice lo que le decían en las calles de su pueblo: “no teníamos que haber dejado ni simiente». O el gesto que le hacían en el pueblo para avisarla de que podían cortarle el cuello.  La advertencia de que “sacaras a tu mujer de la fosa cuando las ranas críen pelos” es escalofriante y muy gráfica: nunca.
  • El documental señala con el dedo, directamente a los responsables de la suspensión de las videoconferencias, que supuso un importante varapalo para la continuidad de las declaraciones de las víctimas por primera vez en sede judicial: poderosos intereses del gobierno de España, que en aquel momento dirigía Mariano Rajoy.
  • La película toca prácticamente toda la gama de represión: la persistencia de  símbolos fascistas que afortunadamente se van eliminando de nuestras calles y plazas, las ignominiosas fosas comunes que avergüenzan al estado español, los miles de bebes robados y la trama organizada alrededor de estos delitos, las torturas realizadas en la transición en las oscuras cárceles españolas a los luchadores y luchadoras antifranquistas, etc. En ese sentido, es importante señalar que aunque la película aborda los hechos represivos acontecidos a raíz del golpe de estado fascista del 36, es una película que nos lanza al futuro. El futuro como parte del ahora.
  • Considero muy importante el mensaje que lanzan algunas de las víctimas, en relación al perdón y al olvido. Quien quiera olvidar y/o perdonar, por los motivos que sean, que lo haga. Las que no, diremos bien alto la máxima: ni olvido ni perdón y seguiremos pidiendo al estado, una y otra vez,  Verdad, Justicia y Reparación para las víctimas del franquismo.
  • El final de la película, con la niña dando la mano a la escultura es todo un poema. Es el deseo de las nuevas generaciones de querer saber, de abrazar esa realidad, de acogerla con amor, repararla y darle salida. Con respeto y dignidad.  Sin el permiso de tantas y tantas instituciones que a pesar del tiempo transcurrido, nos niegan, en palabras de una las victimas del documental, un trozo de justicia.

Autoría: Paqui Maqueda Fernández. Familiar de víctica del franquismo. Presidenta de la Asociación de Memoria Histórica «Nuestra Memoria». Portavoz de la «Pataforma Andaluza de Apoyo a la Querella Argentina».

 

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