Una fiesta en el Central

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En el artículo “Flamenco de fiesta” publicado en este Portal en abril del año pasado exponía una serie de ideas sobre el flamenco festivo. El artículo comenzaba así:

«Fiesta en Triana. El Planeta y su guitarra amparan al Fillo ante los ojos de medio arrabal. Cantan, beben y tocan las cuerdas de la vihuela como si la noche no fuera a encontrar nunca su fin. Serafín Estébanez Calderón que lo está viendo todo, arde en deseos de contarlo. La tinta corre por las páginas de sus ‘Escenas Andaluzas’. Las palabras flamenco y fiesta aparecen juntas. Desde este momento se puede hablar de simbiosis. Y hasta hoy.”

El aprendizaje y transmisión del flamenco ha estado fuertemente vinculado al ámbito doméstico. Casas, patios de vecinos y corrales fueron durante años su espacio de desarrollo. Por aquel entonces, el flamenco cumplía una función social básica: servir como diversión y liberación personal de sus oficiantes. Desde las proto-juergas narradas por los viajeros románticos, las fiestas en reservados, cuartos, tablaos y casetas de feria, hasta las zambombas, romerías y ritos de paso –pedimentos, bodas y bautizos- han sido varios y muy diferentes los ámbitos que el flamenco ha utilizado como vehículo de expresión en su vertiente de uso. A lo largo de la historia, existen numerosos relatos que nos hablan de un tipo de reunión, fiesta o juerga, al que comúnmente se conoce por el nombre de fiesta de cabales en clara referencia al grupo de persona que tiene acceso a ellas. Para la jerga flamenca, cabal será todo aquel aficionado al que públicamente se le reconoce un cierto grado de conocimiento del flamenco, aparte de una determinada estética y comportamiento.

En definitiva, las fiestas son modelos de la sociedad: representaciones simbólicas de las relaciones sociales, pero a la vez son un modelo para expresar, sin temor a represalias, la sociedad que se desea. De ahí que el tiempo de fiesta sea un “tiempo fuera del tiempo”, o una especie de paréntesis dentro de lo que hemos dado en llamar vida cotidiana. Por eso no hay que olvidar que desde aquella fiesta del Planeta y El Fillo han pasado dos siglos. Doscientos años. La máquina del tiempo nos muestra que aunque los hábitos cambian y las personas pasan, el flamenco de fiesta se reinterpreta en las manos de las nuevas generaciones. Eso sí, como en tantas otras cosas, cualquier tiempo pasado no fue mejor. Sólo distinto».

El próximo martes las ideas vertidas en aquel artículo se encontrarán en una performace-espectáculo. Es una fiesta en sí misma que en los tiempos que corren podamos poner en marcha estos proyectos. Será el  martes 1 de diciembre, a las 16:00 horas, el Teatro Central de Sevilla, donde un grupo de oficiantes tratarán de acercar al público a lo que hoy es una fiesta flamenca. Para ello se ha reunido a un excepcional elenco artístico compuesto por varios jóvenes y veteranos del actual flamenco contemporáneo entre los que estarán Pepe Torres, Manuela Ríos, Pedro María Peña, Rafael Rodríguez, Manuel Tañé, Juanfra Carrasco y José Lérida.

Ya saben, buena gente lectora de este imprescindible Portal, invitadas quedan.

Autor: Fernando González-Caballos. Productor artístico, periodista y antropólogo.