Viaje a Sanxenxo

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Vaya por delante que soy un español de bien de toda la vida, y sobre ese particular no admito discusiones. De bien, sí, de muy bien, patriota y monárquico hasta las trancas. Punto. Dicho esto, me dispongo a salir de viaje, y gratis, en un autobús fletado por gente con posibles. Es la primera vez que viajo a algún sitio y lo hago con mucha ilusión. ¿Adónde viajaré? A Sanxenxo, donde nuestro monarca emérito será recibido por sus vasallos en olor de multitudes.

Llevaré un presente para él, parco, pues toda la vida he sido autónomo y ahora cobro una pensión raquítica. Qué le vamos a hacer, si los rojos arrasan donde gobiernan. Muchos de vosotros –este muro está infectado de republicanos-, pensaréis que si ladrón, que si putero, que si chulo, que si esto que si lo otro, que si sinvergüenza y tal, y hasta lo diréis en los comentarios, pero yo me lavo las manos como Pilatos, no tengo edad para acabar en Bélgica como Valtònyc. Esas cochinadas las pensáis y las decís vosotros, que sois rojos y dañinos como las hormigas; vosotros, que sois la antiespaña, no yo, que quede claro.

¿Qué presente llevaré al rey Emérito? Os estaréis preguntando con morbosidad. Nada menos que mi paga extra de Navidad. La guardé en una caja de zapatos junto a mis pines y banderitas de España. Sabía que el monarca emérito regresaría pronto del exilio etarralinista y ahora pienso regalársela para hacerle la vida más llevadera. Será un verdadero orgullo.

A mí me cunde poco la pensión, así que a él le cundirá menos, acostumbrado como está a comer langostas del Cantábrico, jamones de Jabugo, capones de Vilalba y morcillas de Montellano, y hecho a beber finísimos caldos de todas partes del mundo. Gastará mi ridícula paga extra en un suspiro: en cartuchos para la escopeta de oro, en condones artesanos o en una botellita de buen vino gallego, quién sabe. Donde la invierta, bien invertida estará. De inversiones entiende un rato.

En Sanxenxo me alojarán en una fonda discreta con derecho a desayuno y me darán una banderita, una gorra, una camiseta y, si tengo suerte, una pancarta de colorines. Una vez en el muelle todo será gritar vivas a España y al rey y cagarse en los muertos del etarralinismo si me ponen un micrófono por delante. Ya nos han dicho que no faltarán.

A priori no parece complicado, más complicado es ser monarca emérito. Mi único sinvivir es que España se rompa por el camino y el autobús caiga de cabeza en la zanja de la carretera. Esperemos que no. Me voy corriendo a hacer la maleta, estoy nerviosísimo. ¡Viva el rey!

Autoría: José Antonio Illanes. Poeta y escritor de Montellano.
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