Alma rural

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Conocí a un hombre, un labrador humilde, que era el padre de cinco hijos.

Y en ellos a los padres de otros hijos, y en ellos a los padres de otros hijos”.

Walt Whitman “Hojas de hierba”

 

Amparo y Miguel celebraban aquel fin de semana sus bodas de plata. Se habían casado jóvenes, en la iglesia del pueblo. Él con 20 y ella con 17, y de penalti. Lo habían hablado muchas veces, pero daban por bueno todo lo que les había pasado, incluso aquella circunstancia que les obligó a casarse tan jóvenes cuando Amparo estaba ya de tres meses. Se hicieron novios con 19 y 16, y claro al año siguiente en las fiestas patronales de agosto, rodeados de amigos y de alegría, uno se pasa un poco bebiendo, se calienta y pasó lo que pasó. Estuvieron bailando toda la noche y ya calentitos, la pareja bien abrazada dejó la plaza y en la parte posterior de la iglesia, apoyados sobre el ábside del siglo XVII, se besaron, se fundieron en arrumacos, las manos revolotearon como palomas y precipitadamente fueron desabrochando y acariciando la excitada piel y las turgentes partes íntimas, y a la luz de la luna de agosto Amparo y Miguel follaron a placer ante la atenta mirada de una lechuza que no les quitaba ojo.

-Amparo, han pasado 25 años, y parece que fue ayer -dijo Miguel.

-Y qué lo digas, pero qué felices somos con nuestros tres hijos: Marta, Amparito y Miguel. No cambio mi vida por nada del mundo. Eres un buen padre, un buen esposo y un buen compañero.

-Y tú, Amparo, eres lo mejor que me ha pasado en la vida. No me arrepiento de nada. ¡Te quiero amor, y lo sabes, y te agradezco estos 25 años de felicidad!

Los familiares y amigos que fueron invitados a la fiesta de las bodas de plata gritaron: ¡Vivan los novios!, seguido de una salva de aplausos. Todos les arropaban en la celebración que comenzó el sábado a mediodía y continuaba a las diez de la noche. Los músicos interpretaron “Noches de boda” de Sabina y Chavela Vargas, y los homenajeados salieron a bailar, y la fiesta acabó de madrugada. Y los amigos comentaron con los cubatas, los wiskis y los gintonics en la mano: ¡Qué felices se les ve!

Amparo era socia de la Cooperativa agroganadera Nuestra Señora del Remedio, y fue elegida Presidenta de la Cooperativa hacia un año. Producían un AOVE ecológico magnífico de la variedad picual que con un buen diseño de botella de cristal y etiquetado fue premiado en Expoliva Jaén, y en Biofach, la Feria de Agricultura ecológica más importante del mundo que se celebra cada año en Nüremberg, Alemania. Amparo era una de las pocas mujeres que presidía una Cooperativa en Andalucía. Y la propusieron para formar parte de la Junta Rectora de la Federación Andaluza de Empresas Cooperativas Agrarias. Amparo se lo planteó a Miguel, su esposo, agricultor, ganadero, socio de la Cooperativa, que ella presidía, y candidato a Alcalde por la coalición de izquierdas.

-Me parece bien cariño, pero eso te llevará mucho tiempo. Nuestros hijos ya son mayores, Marta, tiene 25 años, Amparito, 22, y Miguel 18, pero no sé si será mucha dedicación a las Cooperativas, y yo no doy abasto, las vacas, las ovejas, los olivos, y el ser candidato a la Alcaldía, y aunque Marta y Miguel me ayudan no sé, no sé… Y luego está el cuidar de tu padre, pero si te comprometes a más, no sé, no sé.

-Miguel, seguiré ayudando en la casa, y a Amparito que acabará pronto magisterio, le pediré que se esfuerce los fines de semana cuando viene al pueblo, pero es una oportunidad que tengo como mujer y sabes lo que nos cuesta a las mujeres llegar a un puesto de responsabilidad, y tú siempre me has apoyado en esta lucha por la igualdad.

-Sí, Amparo, pero lo de la Federación me temo que te va a dar mucho que hacer, lo de presidir la Cooperativa ya de hecho te está quitando tiempo, no sé, si quieres prueba a ver, pero no te comprometas demasiado con la federación porque puede afectar a nuestra vida diaria.

Amparo habló con el Presidente de las Cooperativas, y le planteó su intención de aceptar, pero con una vocalía que no tuviera demasiado trabajo, dadas las responsabilidades que ya tenía como Presidenta de la Cooperativa de su pueblo que contaba con 300 socios.

Pasaron unos meses y el trabajo de la casa, de la Cooperativa, y de la Federación empezaron a afectar a las relaciones familiares. Miguel empezó a cambiar, ya no era el mismo, estaba serio. Amparo se daba cuenta. Los hijos ayudaban con los animales, y Amparito los fines de semana, pero tenía que estudiar para acabar en junio la carrera.

Aquel sábado, Amparo planteó la situación en la comida. Su padre comía y cenaba con ellos, pues vivía cerca, en la misma calle. Amparo cogió el mando, apretó el botón verde y apagó la tele.

-La tele y los móviles impiden que hablemos en familia -dijo. Y quiero plantearos algo. Papá y yo estamos sopesando si yo puedo seguir llevando la Presidencia de la Cooperativa y la vocalía de la Federación sin que se resienta la familia y nuestro trabajo en el campo. En la Federación me pagan algo, no es mucho, pero algo es. Yo me veo con fuerzas para llevar las tareas de las Cooperativas, pero es verdad, que me quita tiempo para ayudar a papá y cuidar del abuelo, además de la comida y limpiar la casa; vosotros Marta y Miguel nos ayudáis bastante; Tú, Ampari entre semana vives en la ciudad para asistir a la Universidad. En tres meses acabarás la carrera y serás maestra, y mientras encuentras trabajo podrás ayudarnos más. Papá bastante tiene con todo lo que lleva encima, y le falta tiempo para preparar las elecciones a Alcalde. A vosotros, Marta y Miguel os pido un poco más de esfuerzo, y por mi parte, he pensado que con lo que me dan en la Federación podríamos pagar a una señora que viniera unas horas, para limpiar la casa, hacer la comida, el día que yo no pueda y atender un poco al abuelo. Lo he meditado mucho, y hasta tengo a la persona que podría venir a nuestra casa. ¿Qué os parece?

El abuelo, hizo un gesto y encogió los hombros:

-¡Si lo veis bien, aunque yo no necesito que me cuide nadie!

-¡A mi -dijo Marta-, me parece bien que mamá tenga su oportunidad como mujer en un mundo dominado y dirigido por los hombres; yo cuidaré las vacas, el ordeño, y el establo; tú Miguel puedes dedicar más tiempo a las ovejas, y al burro, pues lo haces muy bien desde hace 4 años. Y tú papá, te dedicas más a los olivos, y a las tareas del campo con el tractor, y a las elecciones que serás el mejor alcalde que ha tenido este pueblo, y Ampari cuando acabes la carrera en junio, que seguro que la vas a sacar, podrás ayudarnos más, y si vamos a tener una señora de apoyo, pues creo mamá, que está muy bien pensado.

El padre habló:

-¡La verdad es que bien mirado está bien, Amparo! No te voy a ocultar que estoy preocupado porque veo, tal como dije hace meses, que el esfuerzo que haces con las Cooperativas se nota en casa, y me alegro que tú misma te hayas dado cuenta. Lo de meter una señora en casa, no sé, no sé… ¿Quién puede ser y cuánto nos costará, porque en la Federación te pagan 400 euros al mes?

-La señora -dijo Amparo-, puede ser Juani, la hija de Ascensión. Hace días la vi en la plaza, y Juani me dijo que trabajaba en casa de los Pardo, los del super, y que la trataban mal y la pagaban poco. Llevaba tres meses con ellos y se despidió la semana pasada. Afortunadamente le ha salido cuidar de Telesfora, la abuela de la Choni, va por las tardes dos horas, aunque cobra poco. Yo le dije que teníamos que verlo en la familia, pero que si pudiera venir tres horas por la mañana de 9 a 12h, de lunes a viernes, le podía pagar 275 euros al mes. Echó sus cuentas y me dijo que mejor 300 euros, a 5 euros la hora de trabajo. De acuerdo -le dije-, limpiarás la casa, prepararás la comida cuando yo falte, e irás a ver a mi padre que vive al lado, por si necesita algo. De acuerdo, me dijo, la Juani. Y quedé en que lo hablaríamos.

-¡Jo madre, eres la leche -dijo Miguelito-. Ante el problema nos traes ya la solución. Yo creo, padre, que está muy bien pensado lo que dice mamá. Y además ahorra 100 euros. Le pagan 400 y le da a la Juani 300 euros!

Amparito que había permanecido callada, tomó la palabra:

-Me parece muy bien pensado mamá. A partir de junio si apruebo todo, tendré más tiempo y podré ayudar a padre, y a mis hermanos con sus tareas, y estaré al tanto del abuelo, que no le hacen falta muchos cuidados, ¿verdad abuelo, que estás muy bien?

-Si tú lo dices, hija, no estoy mal para los 73 años que tengo, pero ya vamos teniendo achaques propios de la edad y la procesión va por dentro.

-Miguel, el padre, descorchó la botella de vino de cosecha que le compraba por dos euros al amigo y vinatero Elías, ya que éste tenía unas hazas de viñedo y dijo:

-¡Veis hijos, porqué me casé con vuestra madre, porqué es un talento, y siempre encuentra soluciones dónde los demás no las vemos.!

-Bueno, padre -intervino Marta-, no te casaste con ella porque sea un talento, que lo es, sino porque os precipitásteis un poco, y aquí estoy yo para demostrarlo.

Y todos se echaron a reír. Pepe, el abuelo pidió que le llenaran la copa, y el padre sirvió un poco de vino a todos y alzando la copa brindó:

-Por ti, Amparo, porque nos haces la vida más fácil y más feliz, y porque sigo enamorado de ti, desde aquel verano en el que el amor nos llevó en volandas hacia la parte trasera de la iglesia y allí empezó la historia de ésta familia y la tuya, mujer trabajadora con alma rural, que luchas por la igualdad y la libertad ¡Por ti, por la familia y por el pueblo donde vivimos felices! ¡Salud!

Y Amparo añadió: ¡Y brindemos porque tú seas el nuevo Alcalde!

Y las copas de cristal chocaron entre risas, vítores y aplausos. Y hoy dicen, que más tarde, con Miguel como Alcalde, la banda ancha llegó por fin a aquel pequeño lugar, el pueblo se unió como una piña para garantizar la supervivencia de las futuras generaciones, y la familia de Amparo y Miguel fue un ejemplo de alma rural. ¡Y colorín, colorado…

Autoría: Ezequiel Martínez Jiménez, periodista, escritor.

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