Andaluzas: sin soberanía no hay futuro

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“Que mientras que nosotras no tengamos trabajo, no queremos las máquinas. No estamos en contra de las máquinas, pero también queremos un sueldo, y si no es en las máquinas, si no es en el campo, pues de otra cosa. Que solo queremos un trabajo para no morirnos de hambre” (Mujer de Marinaleda en el documental Un domingo rojo en Marinaleda: de la casa a la lucha. 1986. Dirigido por Lola G. Luna).

Hace unos días leía en un medio de comunicación estatal que el pequeño municipio de Lupión, en pleno corazón de la provincia de Jaén, estaba cercano a la despoblación[1]. No cuenta ni con dos alumnos por cada profesor. Los habitantes afirman que en el pueblo no residen personas de entre 30 y 40 años, que todo el mundo se ha ido del pueblo y que solo hay vejez y canas. Este pequeño municipio tenía el desagradable honor de liderar el ranquin de pueblos que más población ha perdido en los últimos años en toda la provincia.

El Ideal Jaén publicaba esta misma semana una noticia con un titular escandaloso: “El 41% de los nacidos en Jaén ha emigrado, más de 44.000 en los últimos cinco años”[2]

Esta imagen que narro no es una particularidad de mi tierra. La despoblación se propaga por los territorios rurales de toda Andalucía.  La juventud está dejando atrás sus pueblos y ciudades pequeñas, sedienta de una estabilidad laboral y nuevas oportunidades de vida. Lo cual, por otro lado, termina por hacer insostenible el futuro de las zonas rurales,  anunciando el final de unas formas de cuidados que nos han sostenido a todas.

Pero lejos de querer centrarme en este relato desolador, me gustaría recordar unas experiencias de lucha que ocurrieron hace no mucho tiempo. Y es que, hace unos treinta años, las jornaleras y jornaleros andaluces ya predijeron esta situación.

Lo supieron ver con claridad cuando empezaron a llegar las maquinas a los campos, cuando la mano de obra del jornalero y la jornalera se cambió por varas eléctricas y tractores de último modelo. Cuando el trabajo que antes hacían cuatro mujeres, ahora lo hace un hombre y un poco de gasolina.

Fue en los años ochenta, cuando los pueblos jornaleros del interior de Andalucía empezaron a ver que la maquinaría, lejos de facilitarles el trabajo, solo venían con la intención de quitárselo. Y fueron las mujeres quienes lo vieron más claro y se organizaron. Así pues, cuadrillas enteras 40 y 50 trabajadoras se colocaban delante de las máquinas y paraban los trabajos en los campos, frente a los encargados y caciques que seguían especulando con la producción.

Las mujeres eran las primeras expulsadas de los tajos. Cualquier cambio en el campo, afecta primeramente a la mujer como trabajadora. Unas veces para bien, como cuando con el boom de la construcción, los hombres abandonaron los tajos y ellas pudieron echar muchos jornales. Y a veces para mal, como cuando estalló la crisis, y los hombres que se habían ido a la construcción volvieron a los campos, expulsándolas a ellas de nuevo.

Lo cierto es que hace treinta años, las jornaleras de buena parte de Andalucía, ya predijeron lo que hoy es una realidad: que la maquinaría venía a destruir el trabajo en el campo, y, con eso vendría la pérdida de empleo y la emigración de las familias. Necesitábamos ser soberanas de nuestra tierra. Los vecinos de Lupión lo reconocen a día de hoy: “La mecanización del olivar les ha dejado sin opciones laborales”

Cuando me preguntan que para qué hace falta un feminismo andaluz, siempre me viene a la mente la lucha de las jornaleras andaluzas y su nula repercusión en el feminismo hegemónico de los años 70 y 80. Si en los años ochenta, cuando el feminismo en el estado español proliferó tanto y se empezó a organizar, el feminismo en Andalucía hubiera mirado hacia dentro, hacia las problemáticas que sufrían las mujeres en el medio rural andaluz, quizá se podría haber hecho algo para evitar lo que hoy sufrimos. Quizá se podría haber visualizado las problemáticas del campo y las consecuencias que la falta de soberanía tendría sobre Andalucía y las mujeres que en ella habitamos. El feminismo andaluz hace eso: sitúa el debate de las mujeres en el contexto andaluz, nombrando y visibilizando realidades que, quizá, no se dan en otros lugares del estado español y generando, por tanto, formas de resistencia y lucha propias. Y es que, en Andalucía, la falta de soberanía nos está expulsando de nuestra tierra.

 

[1] Lupión, un pueblo de Jaén al borde de la despoblación: no quedan jóvenes de entre 30 y 40 años. La Sexta Noticias: https://www.lasexta.com/noticias/sociedad/lupion-un-pueblo-de-jaen-al-borde-de-la-despoblacion-no-quedan-jovenes-de-entre-30-y-40-anos-video_201904135cb20ba80cf2f72ff29ce448.html

[2] https://www.ideal.es/jaen/jaen/nacidos-jaen-emigrado-20190422233855-ntvo.html?fbclid=IwAR16-OwT_nw4dpcOq6qlVb-7zOJKGPax0_qt2dpsTQoKroCACdmxAhUts-c