Aprovechemos el verano

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Insisto en el terror del régimen del 78 ante cualquier forma de organización ciudadana. Bueno, ante cualquiera que lo ponga en cuestión o suponga una amenaza a los cauces establecidos. Hay otras que no. Por ejemplo, las cofradías de semana santa. A punto de la desaparición, en muchos casos, a principios de la década de los setenta, hoy, cuatro décadas más tarde, no es que gocen de una excelente salud, sino que son uno de los cuerpos de ejército de la infantería social de la extrema derecha. Pero volvamos al tema.

Han sido desarticulados, o malviven, los principales movimientos ciudadanos que, desde hace dos décadas, consiguieron resquebrajar sus cimientos y terminaron por confluir en el llamado 15-M. Pensemos en el memorialismo ciudadano andaluz al que, finalmente, tras anularlo, no han dudado en dividir sus restos. Ahora, ha llegado el momento de intentar volver al punto de partida: restablecer el bipartidismo que inunda todos los aspectos de la vida pública española desde hace cuarenta años. Lo van a hacer de la mano de quien, históricamente, se ha encargado de prometer cambiar, no ya todo, sino algo, para, finalmente, que nada cambie: el PSOE.

Bien es sabido que una de las consecuencias de la aparición de Podemos, y de su correlato de derechas, Ciudadanos (Vox no es sino una excrecencia del PP que volverá a él), ha sido la ruptura del reparto de poder que ha funcionado hasta hoy. En el más puro estilo del turno entre dos grandes partidos dinásticos de la otra Restauración, la de 1875. La incapacidad del sistema político español por asumir cualquier cambio, por modesto que sea, convierte en insoportable la presencia de una izquierda, en absoluto extrema, como la que representa Podemos. La respuesta, en el marco político, de algunos sectores del 15-M. No lo permitían ni los empleados de quienes en realidad mandan, los políticos, ni por supuesto, sus empleadores (multinacionales, grupos de inversión, “los de siempre”, etc.) que, en el mejor de los mundos posibles, acumulan victorias y ganancias sin cesar desde hace décadas. Sin apenas conflictos. Salvo el que representó la eclosión ciudadana del 15-M y, quizás, la actual apuesta secesionista catalana que incluye a una parte de ellos mismos. Sólo hubo una ocasión en la que utilizaron soluciones extremas para mandar parar. Fue en 1981 con el “golpe de Tejero”. Aunque los historiadores del futuro le pondrán otro nombre. El que cerró el ciclo de concesiones abierto tras la muerte del dictador.

Las líneas rojas de la política del régimen del 78 son tan pacatas que no permiten que Podemos toque poder estatal. Ahora, además, se presenta la oportunidad de hacer una carambola. De matar dos pájaros de un tiro. Maestros en la post-verdad, estamos a un minuto de que sea el partido morado el responsable de que el PSOE no termine gobernando como cuando era la alternativa de centro-¿izquierda? y se decidan a convocar nuevas elecciones. Esperan los genios de la ingeniería política que los adversarios si no desaparecen quedarán reducidos a la tradicional irrelevancia de PC,  e IU, y que, por el otro lado de la moneda, PP o Ciudadanos, hagan lo mismo. Por cierto, que para mayor claridad, el actual consejero aúlico del presidente Sánchez es un señor, formado en la jesuítica Deusto, llamado Iván Redondo Bacaicoa. El mismo que ha servido a señores como Albiol, Monago y ahora a Sánchez desde el gabinete de presidencia. Con la claridad del agua. Así que cinco años después, que no veinte, se habrá vuelto al punto de partida.

Pero la historia no se repite y las segundas partes suelen ser caricaturas de la primera. Que sean tristes o alegres, sangrientas o no, es otra cosa. Las alternativas no se construyen a corto plazo, pero sí se hacen en el camino al andar. Así que la ciudadanía tiene una nueva ocasión para convertir su hastío en algo más productivo que votar una y otra vez hasta que salga el resultado adecuado. Por cierto, que da igual que se vote o que no. Una abstención circunscrita al momento electoral es igual de vacua que depositar una papeleta con una candidatura cerrada de uno de los partidos-empresa. Va siendo hora de, cual Sísifos, volver a empezar. Es el sino de los pobres.